efdeportes.com
Image La forja de la rivalidad cl�sica:
Nacional-Pe�arol en el Montevideo del 900

Image

   
Licenciado en Historia
(Uruguay)
 
 
Juan Carlos Luzuriaga
luzuriaga50@hotmail.com
 

 

 

 

 
Resumen
    A inicios del siglo XX en Montevideo y de la mano del f�tbol se forja una rivalidad entre dos instituciones, Pe�arol y Nacional. Ambas van a nuclear tras de s� la mayor�a de los aficionados en una confrontaci�n que perdura hasta el presente. Creemos que corresponde a sentimientos de larga data en la sociedad montevideana.
    Palabras claves: Uruguay. Montevideo. F�tbol. Nacional. Pe�arol.

"El p�blico, esa gran muchedumbre de las solemnidades futbol�sticas acudi� ansioso. Las banderas, acariciadas por un vientecillo,
de los irreconciliables adversarios de todas las �pocas, de todos los a�os, siempre en pugna . . . "
1
 

 
Image http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 10 - N° 88 - Setiembre de 2005

Image

1 / 1

    A inicios del siglo XX el Uruguay acompa�� el surgimiento de una modalidad deportiva: el f�tbol que hacia furor en el pa�s que era para el R�o de la Plata el paradigma: Gran Breta�a. En el �mbito de ese deporte en el pa�s se desarrollaron dos instituciones deportivas que habr�an de labrar en el tiempo una trayectoria rutilante en el �mbito mundial. 2 Nos referimos al CURCC - posteriormente Club Atl�tico Pe�arol - y al Club Nacional de F�tbol. Estas dos instituciones generaron una rivalidad entre ellas que pr�cticamente ha excluido a otras entidades. 3 En 1908, un periodista se refiri� a estos dos conjuntos como los: irreconciliables adversarios de todas las �pocas. Sin embargo, ambas instituciones llevaban unos pocos a�os midi�ndose en los campos de f�tbol. El constatar esto, nos lleva a creer que encarnan corrientes y visiones opuestas en la sociedad, a la menos urbana, que se retrotraen algunas d�cadas atr�s, al menos. Este trabajo apunta a introducirnos en esa tem�tica. Creemos que el �xito r�pido en �l favor del publico de Nacional y Pe�arol radica en que representan sentimientos y visiones de larga duraci�n en la sociedad uruguaya y que se manifiestan y expresan en forma deportiva.

    Para nosotros, uno de los acontecimientos decisivos en la conformaci�n de visiones de larga duraci�n en la sociedad de la banda oriental fue la inmigraci�n y la Guerra Grande.

    La sociedad montevideana y por extensi�n oriental sufri� a partir de la tercera d�cada del siglo XIX una transmutaci�n honda y decisiva. De la profundidad de la misma habla a las claras diez a�os de enfrentamiento - La Guerra Grande - el aislamiento de la capital y la triplicaci�n de la poblaci�n montevideana pese a los hechos b�licos, en 1860 a los treinta a�os de establecido el Estado nacional en la Banda Oriental.

    Fue acompa�ada por la presencia de miles y miles de emigrantes. El papel social y pol�tico de los inmigrantes fue decisivo en el Ej�rcito de la Defensa. Dos corrientes pol�ticas, el Partido Colorado, el de la defensa de Montevideo, y el Blanco, posteriormente tambi�n conocido como Nacional, el que guiaba Manuel Oribe y controlaba el resto del pa�s, se afirmaron en esos a�os, siendo predominantes en la sociedad uruguaya durante el resto del siglo, y todo el XX.


La modernizaci�n del Uruguay: 1875-1904

El espacio geogr�fico; una ciudad en expansi�n

    Por 1860 Montevideo presentaba tres n�cleos urbanos, el casco viejo de la ciudad colonial, con sus dos barrios m�s o menos cercanos, el Cord�n y la Aguada, mas lejos el Cerro y la villa de la Uni�n.

    En 1868 se instal� la primera l�nea de tranv�a, de tracci�n animal, que hac�a el trayecto hasta la Uni�n. A fines del siglo XIX comenz� un proceso de concentraci�n de las l�neas tranviarias. Estas se extendieron por los diversos barrios de la ciudad. Para 1905, se form� la Sociedad Comercial de Montevideo, con capitales brit�nicos, con los Tranv�as del Este, de los Pocitos, Reducto, de la Uni�n y Maro�as. En el mismo a�o con capitales alemanes se form� La Transatl�ntica con las l�neas al Paso Molino y Cerro, as� como el Tranv�a Oriental. Este proceso facilit� la electrificaci�n que s� efectiviz� entre 1906 y 1907.

    El accionar de las empresas tranviarias incidi� la urbanizaci�n de la ciudad, no solo por facilitar el transporte de sus habitantes de un extremo al otro de la misma, sino tambi�n por la directa inversi�n en lo que podr�amos denominar, industrias recreativas.

    Los valores sociales de las clases dominantes de la �poca se difuminaban, como en todos los tiempos, a todos los sectores de la sociedad. 4 Su sentido del esparcimiento y del juego, en boga con las novedades que ven�an de Europa era asimilado por los estratos medios, siempre proclives a la imitaci�n e incluso los m�s populares.

    Paralelamente, la extensi�n de la ciudad, alejaba la antigua convivencia en que todos de una forma u otra se conoc�an, como en una gran aldea. Esa masificaci�n de la poblaci�n que llevaba al anonimato, abonaba el camino para la constituci�n de unas especies de "comunidades imaginadas", en lo que hace a nuestro estudio, criollos e inmigrantes. 5 Estos colectivos, seg�n los define Anderson, son comunidad porque independientemente de la desigualdad y explotaci�n que pueda prevalecer en cada caso, la naci�n, en este caso el colectivo se entiende como un compa�erismo, profundo, horizontal.


La Comunidad Brit�nica y el Ferrocarril

    Para los a�os ochenta se hab�a consolidado el predominio econ�mico de Gran Breta�a. En un informe diplom�tico de 1881, se dec�a, "Todas las empresas industriales de este pa�s, que son de alguna forma importantes, est�n en manos inglesas. Ferrocarriles, tranv�as, tel�grafos, bancos, muelles, gas, agua, han sido establecidos con capital ingl�s y son administradas por ingleses" 6 El Gobierno de Lorenzo Latorre hab�a consolidado las buenas relaciones entre los intereses econ�micos brit�nicos y los c�rculos dirigentes del pa�s. Santos hab�a continuado esa pol�tica con la solicitud de empr�stitos en Londres. En 1865, se hab�a formado la Compa��a del Ferrocarril Central, con capitales del pa�s, aportados por orientales y entre otros extranjeros, brit�nicos residentes en el Uruguay. El mayor accionista de la empresa fue el propio gobierno, manifestando as� su inter�s en el tema. A fines de 1877 los t�tulos y concesiones de esta empresa se transfer�an a la Central Uruguay Railway Company of Montevideo, Ltd. La implementaci�n del ferrocarril en manos brit�nicas benefici� en forma relativa a los intereses del Uruguay. La inversi�n de capital de este origen, beneficiaba mayormente a Gran Breta�a, donde se compraban, ferrocarriles, vagones, maquinaria diversa y carb�n. Se le aseguraba una rentabilidad m�nima del 7% anual a unos inversores que, en su pa�s pod�an aspirar a no m�s de un 3%. Aunque ambos pa�ses se beneficiaban, el que m�s lo hacia era Gran Breta�a. 7

    Por lo expresado es obvia la influencia brit�nica en el pa�s y el prestigio inherente a su filosof�a econ�mica, formas de vida y cultura en t�rminos generales que llevaban a que se tomara como un modelo de civilizaci�n. Esto, ciertamente no involucraba solo a las elites ilustradas sino que se extend�a por todos los grupos sociales.


La inmigraci�n: una constante en el tiempo

Inmigraci�n, integraci�n y rechazo

    Las caracter�sticas del torrente inmigratorio, su car�cter masivo, las necesidades de poblaci�n manifiestas por el nuevo estado independiente ambientaron luego de la Guerra Grande una integraci�n, no exenta de roces, entre inmigrantes y criollos.

    La tensi�n entre inmigrantes y criollos perduro en la medida que se recreaban nuevos inmigrantes y tambi�n nuevos criollos, estos �ltimos ya con la impronta de los arribados de 1835 a 1875. A partir de 1880 la presencia de inmigrantes es un hecho urbano, que se observaba en forma predominante en la capital.

    A fines de esta ultima d�cada los orientales son algo mas de la mitad y el resto extranjero, con un 20% de italianos y un 15% de espa�oles en el total. Del resto, los ingleses son algo mas de mil habitantes, constituyendo menos del 1% de los habitantes de Montevideo. No obstante en lo que hace a la poblaci�n activa, de los alrededor de cien mil trabajadores censados, las dos terceras partes son extranjeras. 8

    Por un lado, los extranjeros se integraron a la sociedad oriental por medio del matrimonio con j�venes montevideanas, entre otros motivos porque la inmigraci�n era predominantemente masculina.

    No obstante existieron dificultades para la integraci�n entre ambos colectivos. En l�neas generales, la mitad de extranjeros se casaba con criollos, pero el resto lo hacia dentro de la propia colectividad. Las distancias aumentaban, cuando era m�s distinta la matriz cultural. En efecto era m�s usual que se uniesen uruguayos con espa�oles, que con italianos. Por un lado la comunidad nacional en las ultimas d�cadas del siglo XIX era mayoritaria en la principal actividad econ�mica, la ganader�a, relegando a los extranjeros a nuevos emprendimientos en otras �reas, agricultura, comercio e industria. Al mismo los criollos pobres rechazaban tambi�n a esos inmigrantes que eran competencia para ellos y un "modelo nuevo" en lo cultural.

    Pero adem�s exist�a un rechazo social. Mientras los restos del patriciado colonial y los nuevos ricos criollos desde�aban y se burlaban del inmigrante - particularmente el italiano - las colonias extranjeras peque�as pero ricas y poderosas, como la alemana y particularmente la brit�nica expon�an su orgullo racial y formaban c�rculos pr�cticamente excluyentes de los criollos en c�maras de comercio y diversos tipos de clubes. Paralelamente la endogamia en estas colectividades era muy importante. 9

    A partir de 1880, con un estado crecientemente afirmado y tecnificado, embarcado en la b�squeda de una identidad nacional, con una clase alta consolidada formada por criollos e inmigrantes los pobres y los extranjeros fueron percibidos como distintos, en cultura, sociabilidad e incluso higiene. Temibles por provocar o ambientar enfermedades y m�s aun por ser caldo de cultivo del cuestionamiento social con ideolog�as extra�as y nuevas. 10

     Para 1908 los extranjeros forman el 30 % de la poblaci�n total de Montevideo y s�lo el 11,87 % de la del Interior. 11


El surgimiento de los clubes: la matriz brit�nica

Los antecedentes; Clubes de cr�quet y remo.

    La practica de los deportes modernos surgi� naturalmente en la colectividad brit�nica. Su difusi�n en la sociedad uruguaya sigui� la misma l�gica que en Gran Breta�a y en otros pa�ses donde se difundi�: desde las elites en cascada a los sectores populares

    En tiempos de la Guerra Grande se registraron los primeros intentos de actividad deportiva en el seno de la actividad brit�nica. No obstante se debi� esperar hasta la d�cada del 60 para ver el surgimiento de las primeras entidades estables. 12

    El Monte Video Cricket Club fue fundado el 18 de julio de 1861, teniendo un papel clave en el desarrollo del deporte en el pa�s. Formado por aficionados anglosajones; s� dedic� al cr�quet; pero no desde�o la pr�ctica del f�tbol. En mayo de 1874, surgi� otra nueva instituci�n deportiva de inmigrantes brit�nicos, un club de remeros, el Monte Video Rowing Club. El MVCC hab�a importado, en el mismo tiempo de la aparici�n del Rowing, elementos para jugar rugby y f�tbol.

    Diversos relatos afirman que el primer partido entre estas instituciones se jug� en 1878. En junio de 1881, se registraron dos partidos. En el primer cotejo, venci� el MVCC al Rowing, por uno a cero, mientras que en el segundo, jugado pocos d�as despu�s, el score fue de dos a cero. 13

    Los �ltimos partidos entre estas instituciones, fueron en 1894 venciendo el Rowing al Cricket, que a su vez abandono el f�tbol por 1895. 14


Los colegios ingleses

    Como sabemos, los inicios de la practica moderna del f�tbol en Gran Breta�a vienen de la mano de su difusi�n en los colegios secundarios de este pa�s. Igual proceso se vivi� en Uruguay.

    En 1874 se creo en Montevideo The English High Scholl. Con el paso de los a�os se organizo siguiendo las l�neas del High School, de Buenos Aires, que estaba bajo la direcci�n de quien es considerada la persona que introdujo el f�tbol en Argentina, Alejandro Watson Hutton. En nuestro pa�s el colegio estuvo inicialmente a cargo de Henry Castle Ayre. En sus cuadros docentes se encontraba William Leslie Poole, quien arrib� en 1885 a Montevideo, desempe��ndose como profesor de ingl�s hasta 1920. Poole era un deportista nato, practicando entre otros, f�tbol, cr�quet y rugby. Llevaba a sus alumnos a practicar deportes a Punta Carretas.

    En 1885 se fund� The British School, quien teniendo como director a Thomas J. Ashe, tambi�n propulso el deporte, de acuerdo a los m�todos pedag�gicos en boga en su pa�s. 15


Surge el Albi�n

    Las pautas de los equipos brit�nicos, algunas al menos, se van a repetir en nuestro pa�s. Un joven nacido en 1873, Enrique Lichtenberger, hijo de un brasile�o de ascendencia alsaciana y de una brit�nica, alumno del English High School y disc�pulo de Poole, en mayo de 1891 invito a excondiscipulos a formar un club de f�tbol denominado precisamente "Foot ball Association". En su estatuto inicial marca el rechazo a la presencia de jugadores extranjeros en el mismo. Es la respuesta al exclusivismo de los clubes brit�nicos. Su primer partido fue el 2 agosto contra el Montevideo Cr�quet, y perdi� 2 a 1. Poco tiempo despu�s se cambio el nombre de la instituci�n de exalumnos por el de "Albi�n Foot Ball Club ", como homenaje a los creadores de este deporte y se tomaron como colores el azul y blanco, por ser estos los nacionales.


El Club del Ferrocarril

    En 1890 el Central Uruguay Railway adquiri� 20 hect�reas en la localidad de Pe�arol a 10 kil�metros de Montevideo. Se eligi� el lugar para instalar el centro de operaciones de la empresa, en forma de talleres, dep�sitos, oficinas e incluso casas para sus empleados. Esta compa��a agrupaba por su actividad cientos de trabajadores, significando una de las m�s grandes empresas del pa�s.

    Por sus caracter�sticas, el ferrocarril requer�a de adem�s de capitales brit�nicos, trabajadores de ese origen, capacitados para las diferentes funciones. Desde la direcci�n hasta las funciones t�cnicas especificas: Ingenieros, administrativos, contables, foguistas, maquinistas, carpinteros, y muchas otros oficios. Seguramente un centenar largo de brit�nicos estaban formando parte de esos trabajadores, desde el gerente, hasta capataces. En esos momentos el f�tbol hacia 20 a�os que se hab�a popularizado en Gran Breta�a y hab�a sido adoptado como "escape" incluso por las Empresas, con la sabia m�xima de que, quien piensa en el f�tbol, no piensa en la lucha de clases. En ese clima, una noche de la primavera de 1891 quince empleados destacados del Central Uruguay Railway, dos criollos y trece anglosajones decidieron formar un club de Cr�quet. Expresada la propuesta, se designa como presidente al representante de los accionistas brit�nicos en Montevideo, el ingeniero Frank Hudson. D�as despu�s se invito a otros empleados a unirse, siendo un total de 118 los socios fundadores del Central Uruguay Railway Cricket Club.

    Al a�o siguiente se comenz� la practica de f�tbol, siendo designado capit�n del team John Mac Gregor. Los colores elegidos inicialmente, naranja y negro se�alan inequ�vocamente sus ra�ces ferroviarias.


El f�tbol se escapa de las manos brit�nicas

    Entre 1892 y 1899 el f�tbol comenz� a desenvolverse desde las elites y las desbordo. En 1892 se jugaron 18 partidos entre los cuatro clubes existentes: MVCC, MV Rowing, Albi�n y CURCC. Esto indica que la practica del deporte era mas una diversi�n que preparase para una competencia. En estos a�os la superioridad del Cricket fue notoria hasta 1895 en que junto al Rowing dejo de practicar el f�tbol. En ese momento la supremac�a pasa a ser del Albi�n, quien en ese a�o hab�a modificado sus estatutos y permitido que jugaran players extranjeros. De esa forma se incorporo un referente conocido por todos; Poole. En ese mismo a�o, se presenta una novedad, el capit�n de Pe�arol fue un criollo, Julio Negron. La superioridad de Albi�n sobre el CURCC fue clara desde 1895 hasta 1897. Los dos a�os siguientes se muestra una mayor paridad, de 6 partidos, 3 vence Albi�n, 2 el CURCC y se da un empate. En esos a�os surgen 2 equipos con el sugestivo nombre de Uruguay Atletic, que con ra�ces universitarias, son los primeros clubes que buscan desarrollar una identidad criolla.

    Paralelamente se manifiesta lo funcional del deporte al nuevo esquema social. De hecho desde todos los sectores dirigentes de la sociedad se coincid�a con "disciplinar" la sociedad y sus "pasiones".

    Esto inclu�a desde representantes del elenco pol�tico, hasta educadores y sacerdotes. Se tomaba como ejemplo el �xito de los anglosajones, en una filosof�a que inclu�a el deporte. Este a diferencia de las diversiones habituales en la sociedad criolla y en sus adolescentes, en principio sin reglas ni mayores limitaciones, tenia un desarrollo previsto y determinado por sus participantes. Constitu�a una actividad, de acuerdo a la mentalidad de la �poca, que promet�a alejar del ocio a los adolescentes y j�venes montevideanos. Individuos a los que se deb�a incorporar y hacer maleables a las necesidades del taller y la fabrica, en horarios y jerarqu�as.

    Es por lo dicho que contaba con el apoyo casi un�nime de los m�s influyentes sectores sociales. A los mismos se le sumaban desde empleadores; pionero hab�a sido el Ferrocarril Central, hasta los gerentes de las empresas tranviarias que favorec�an la existencia de campos de juego que les aseguraba pasajeros para sus veh�culos, inicialmente jugadores y posteriormente simples espectadores. 16


La respuesta criolla

La exaltaci�n de lo nacional

    Paralelamente se proceso la formaci�n de una conciencia nacional. A partir de los a�os sesenta, y cada vez con mayor fuerza, el Estado Oriental va teniendo cada vez mayor autonom�a en relaci�n con las grandes potencias vecinas. Este hecho, se reafirm� en la medida en que los sectores cultos fueron buscados crear primero en s� mismos, luego en el �mbito de todos los grupos sociales una conciencia nacional. En este proceso, que se extendi� de mediados de los sesenta a fines del siglo XIX; se manifest� la reivindicaci�n de la figura de Artigas, as� como una sucesi�n de acontecimientos que validaba una identidad nacional. Estos, encauzados por sectores pol�ticos, pero tambi�n por las m�s variadas expresiones art�sticas, La Leyenda Patria, de Zorrilla de San Mart�n, en 1879, las diferentes obras alusivas de Juan Manuel Blanes, entre otros, Artigas en la Ciudadela, La batalla de las Piedras y el Desembarco de los Treinta y Tres Orientales, la erecci�n de monumentos alusivos, a la Independencia en Florida, y a los Treinta y Tres en la Agraciada.

    Todas las iniciativas que tuvieran esta motivaci�n nacionalista era seguidas con gran atenci�n por todos los sectores sociales, especialmente los populares. 17.


Los clubes nacionales; en el principio fue la palabra

    El exclusivismo de las instituciones anglosajonas, fue generando una reacci�n de los elementos criollos vinculados por un motivo u otro con sus actividades. Alumnos de los colegios brit�nicos, incluso j�venes uruguayos de ese origen, buscaron enfrentar a los anglosajones en el deporte. Uno de los primeros antecedentes fue en el remo. Las diferencias en el Rowing, dieron origen al Club Nacional de Regatas en 1888. El mismo a�o se inaugura el Club Uruguay un referente social y de prestigio para los criollos. En 1890 se creo el Club Nacional de Velocipedistas y poco tiempo despu�s el Club Ciclista Uruguay. En lo que hace al f�tbol, son los los exalumnos los que ya en 1891 hab�an formado el Albi�n. Estas instituciones contaban entre sus miembros con numerosos uruguayos de primera generaci�n, hijos de residentes anglosajones. Como vimos, en �l ultimo lustro es el CURCC el que empieza a competir de igual a igual con el poderoso Albi�n, con los primeros jugadores criollos, incluido el capit�n del team Esa popularidad de Pe�arol era robustecida d�a a d�a por el apoyo de la gente de los talleres, de sus familias que se identifican con el equipo de la Villa.

    A mediados de la ultima d�cada del siglo XIX, la practica del f�tbol, favorecido por las empresas tranviarias se generalizaba en la zona de Punta Carretas. A los exalumnos se les agregaban otros j�venes, inicialmente fueron los provenientes de sectores altos y medios de la sociedad, a los que podemos definirlos como j�venes con educaci�n secundaria y una situaci�n econ�mica c�moda.

    La Universidad de la Republica, que en esa �poca inclu�a la direcci�n de la Ense�anza Secundaria, era por su caracter�stica, la referencia, la matriz m�s acogedora para el surgimiento de una instituci�n criolla. Cientos de estudiantes criollos aunque con gran numero de apellidos it�licos, que evidenciaban ser hijos de emigrantes, van a ser el sustento, la cantera, para crear un equipo competitivo. 18

    En ese �mbito se incuba la idea de constituir un club deportivo que los identifique. Este surge el 14 de mayo de 1899, es el Club Nacional de Football, como respuesta criolla a los equipos sentidos como extranjeros, 19 que se acrecentara r�pidamente con la uni�n de varios equipos con significativos nombres, Uruguay, Montevideo, Defensa. Los colores elegidos, los artiguistas, y la justificaci�n que llevaba a una camisa de color rojo, alude a los ponchos de quienes acompa�aban al h�roe que se homenajeaba. Tuvo un comienzo de predestinado. Al a�o siguiente, la empresa de tranv�as que iba a la Uni�n le cedi� al equipo un campo de juego en la zona que hoy constituye el Parque Central.

    El 15 de julio de 1900 se disputo el primer partido de lo que en el correr del siglo XX ser�a un cl�sico. El triunfo correspondi� al CURCC, pero la cr�nica de "El siglo" destaca como una agradable novedad el desempe�o del equipo de los "uruguayos" y se sorprende al mismo tiempo de la importancia otorgada el encuentro, 20

"Los muchachos de Nacional merecen un aplauso. Parec�a imposible que en un partido en las condiciones del de ayer, se revistiera de tanta importancia y que el triunfo fuera tan disputado. Conoc�amos la excelente combinaci�n que posee el Club Nacional . . . y no vacilamos en pronosticar, si no un triunfo de los uruguayos, que ser�a mucho pedir, una derrota honrosa que ser�a dif�cil de infligir . . . los de Nacional, delgados, chicos pero �giles, se llevaban en precipitadas corridas la pelota hasta el gol contrario . . . arrancando estruendosos aplausos de la concurrencia que asisti� al partido."


El surgimiento de los cl�sicos

Nuevos aficionados y la formaci�n de la League

    Entre 1898 y el 1900 la practica del f�tbol, un fen�meno en sus inicios en el Uruguay recreativo, comenz� a ser masivo. Y a partir de este momento, competitivo. Un aviso de lo que vendr�a, fue el acuerdo para crear el 30 de mayo del 1900 The Uruguay Association Football League, para la que se unieron el Albi�n, el CURCC, el Deutscher y el Uruguay Athletic. Las caracter�sticas de la League pueden simbolizarse en que en sus reuniones se deb�an expresar y registrar en ingles. Seguramente porque eran de ese origen buena parte de sus dirigentes. Esta caracter�stica no ayudo en nada para hacerse sentir como criolla. De hecho rechazo la solicitud de afiliaci�n de Nacional por considerarlo que no estaba a su altura deportiva. Mas que eso - Nacional hab�a competido como vimos razonablemente con el CURCC - era el rechazo al criollo considerado como "inferior" el que hab�a decidido esta actitud. La invitaci�n que le hicieron a Nacional de unirse a la Argentine Association Football League, fundada en 1893, oblig� a que su similar de Uruguay revisara su posici�n y aceptara su inclusi�n en el Campeonato local.

    A fines del siglo la concurrencia empez� a ser multitudinaria. As�, el 5 de agosto de 1900 se enfrentaron el segundo equipo de Albi�n con el Tit�n, equipo del Paso Molino, con cancha en el Camino Castro, habiendo unas dos mil personas mir�ndolo. 21 El 16 de septiembre del 1900 se enfrentaron Quilmes de Buenos Aires, y Albi�n, en el campo de �ste �ltimo en el Prado, ante ocho mil espectadores. 22 En una explosi�n de publico, el recientemente aceptado en la Liga equipo de Nacional y el popular Pe�arol comenzaron a adue�arse del cari�o de los aficionados.

    El 12 de mayo de 1901 el comentario del partido, entre ambos equipos, por la prensa es categ�rico sobre lo que hace al surgimiento de la rivalidad; habla de pasiones exaltadas, grescas y presos en la Comisar�a23 En agosto del a�o siguiente - 1902 - se consigna un partido en el campo del Albi�n, con una concurrencia de seis mil personas. D�as despu�s el mismo medio se�ala el partido revancha en Villa Pe�arol:

Ayer de tarde se verifico. . . en gran match por la Copa Uruguay entre los dos grandes rivales de siempre, "Pe�arol" y "Nacional" . 24

    Ya para este a�o el f�tbol se hab�a transformado en un espect�culo de masas. El partido revancha por la Copa Uruguaya, jugado por Nacional y el CURCC fue presenciado en la cancha de Pe�arol por unos cinco mil espectadores. El regreso de Nacional a la Estaci�n Central fue apote�sico, recibido por unos dos mil simpatizantes. 25

    Este hecho, nos habla de que la democratizaci�n del f�tbol, visto como espect�culo y competencia, hab�a empezado por el espectador. Si los jugadores eran gentlemen y obreros de los talleres brit�nicos � se�oritos universitarios, a los lados del campo de juego se ubicaban aficionados de todos los sectores sociales. 26


La masa cr�tica

    Denominamos con el t�rmino de masa cr�tica, aquel n�mero de aficionados que constituido a partir de un determinado momento, pongamos, 1900, permiti� la supervivencia del deporte. Esa masa cr�tica, esta dada por un n�mero de aficionados y de jugadores de cierta importancia. Pongamos, de 200 a 300 jugadores, y unos 3000 aficionados de firme. Posiblemente la primera masa cr�tica la logro el CURCC alrededor de 1896 y 1897. Con una consistencia de unos digamos, 100 jugadores, y 500 aficionados. Estos posibles aficionados, son los 500 empleados del ferrocarril, en una villa en que se estiman viven unas 3.000 personas. Le permiti� ser hegem�nico en un deporte a�n restringido. Esta fuente de reclutamiento de adeptos, que contaba adem�s con el visto bueno, al menos en ese momento de la empresa, cimentaron la popularidad y el crecimiento deportivo del equipo de la Villa. De hecho, esto se manifiesta en la obtenci�n de la primera Copa Uruguaya, en 1900. Paralelamente la cantera de Nacional la podemos determinar analizando a la juventud universitaria de la �poca, circulo originario del equipo. Podemos concluir - estimando una poblaci�n de un mill�n de habitantes en el Uruguay, que exist�an unos 500 a 600 universitarios y unos 400 secundarios. 27

    En estos momentos la prueba de la popularidad del CURCC la evidencia en que el n�mero de espectadores iguala o supera a los brit�nicos en Montevideo, - recordemos no eran mas de un millar - y al n�mero de los empleados del Central Uruguay Railway. La obtenci�n en 1902 del campeonato por Nacional, celebrado largamente en Montevideo, y la ratificaci�n de su val�a obteniendo el de 1903, que tuvo como plus el recordado triunfo ante la selecci�n argentina el 13 de septiembre de ese a�o, le dieron el definitivo espaldarazo en la preferencia popular, constituyendo ahora si una dupla, una rivalidad en que ambos se necesitan por opuestos, con el equipo de Pe�arol.


La g�nesis de la rivalidad; la inmigraci�n

     El origen de la rivalidad puede ubicarse en la Guerra Grande, entre 1839 y 1851. Iniciado como un conflicto interno entre el presidente de la Republica, Manuel Oribe y el anterior: Fructuoso Rivera, devino en las dos corrientes pol�ticas que se van a disputar el Uruguay del siglo XIX, blancos y colorados. Las diferencias eran mas sustantivas que distintos colores de divisas partidarias. Los colorados representaban a los sectores m�s liberales y m�s proclives a la inmigraci�n y presencia econ�mica extranjera. Los blancos a los sectores m�s conservadores y enraizados en el elemento criollo. En ambas corrientes exist�an elementos letrados, la mayor�a abogados, grupo dirigente por excelencia, junto con fuertes comerciantes y caudillos militares, muchos de ellos veteranos de los variados conflictos que hab�an llevado a la independencia del nuevo estado.

    El enfrentamiento circunscrito inicialmente a la orilla oriental del Plata se traslada a la otra banda involucrando a la Republica Argentina inmersa a su vez en un enfrentamiento entre unitarios y federales. Pol�ticamente, los primeros eran liberales y los segundos coincid�an en l�neas generales con los blancos de la banda oriental.

    A la vez, la gravitaci�n de los inmigrantes en el Ej�rcito de la Defensa fue decisiva as� como el apoyo de las escuadras y mariner�as europeas, al referirse a esto, Barran, expres�, "Desde este �ngulo, sin duda parcial pero exacto en la medida que se valore sin exagerarlo, la Guerra Grande fue tambi�n una lucha entre inmigrantes y orientales..." 28


El rechazo a los extranjeros

    La rivalidad entre inmigrantes y criollos se mov�a en dimensiones ideol�gicas, pero tambi�n en el campo de lo emocional, lo subjetivo. As� lo percibe Rodr�guez Villamil, "Las causas profundas de esta situaci�n de conflicto eran desde luego... muy complejas... Se trataba sin duda del enfrentamiento de dos mundos totalmente distintos; vistos desde la perspectiva del criollo, de la invasi�n de un mundo que era suyo y familiar por parte de seres extra�os que nada ten�an que ver con la suya. Tal vez otro ingrediente fuese una cierta envidia frente a los resultados pr�cticos del inmigrante..." 29

    Los artesanos, los jornaleros orientales, sufr�an la competencia en el mercado de trabajo del extranjero, m�s industrioso, m�s h�bil, con un olfato econ�mico m�s sensible que el criollo. Es en los sectores m�s modestos donde se manifest� el rechazo instintivo a lo europeo. 30


El rechazo a los criollos

    Las comunidades emigrantes, si bien se vincularon con los criollos, tambi�n practicaron conductas endogamicas que favorecieron la reproducci�n mas o menos pura de sus pautas culturales y de comportamiento. La existencia de familias completas, el continuo goteo de emigrantes de diferentes comarcas europeas, particularmente las perif�ricas: napolitanos, piamonteses, gallegos, vascos y canarios principalmente, dieron consistencia a esa corriente que se renovaba de a�o en a�o. A la hostilidad de algunos sectores criollos, los emigrantes le respondieron de igual forma. Al igual que los criollos, se�alaban ostensiblemente su nacionalidad. Un ejemplo, extremo, pero muy sentido fue el que protagonizaron las colectividades alemana y brit�nica. Ubicados en Montevideo, pero tambi�n el resto del territorio nacional en posiciones econ�micamente importantes: grandes hacendados propietarios de establecimientos modelos, industriales, profesionales, vinculados al alto comercio, respaldados por la voz de legaciones y consulados ten�an una influencia desproporcionada a su exiguo numero. De su exclusivismo nos habla por ejemplo el hecho de impedir el ingreso de los uruguayos a sus clubes de colectividad.


Referentes y Campeones

    Los jugadores de Nacional y Pe�arol fueron los defensores, los campeones - en el sentido de justa publica - de esas identidades a dirimirse en los campos de juego. Nacidos ambos en �mbitos particularmente propicios, contaron desde sus inicios con un numero de aficionados a ver y practicar el nuevo deporte que superaban notoriamente en numero a los de otros equipos. Esta hegemon�a garantiza su desarrollo. La supervivencia de Pe�arol y su prestigio creciente se explica en que lentamente al principio, en forma vertiginosa despu�s, concita la atenci�n de su circulo natural. Trasciende el grupo de iniciados, se expande en los simples obreros del ferrocarril, inmigrantes o criollos y se extiende a sus familias y barrio. Es en determinado momento ya una rivalidad con el equipo de los se�oritos universitarios y de la colectividad brit�nica no perteneciente al entorno del taller, concretamente el Albi�n. La adhesi�n va madurando y d�ndose consistencia y espesor. Surge naturalmente la cantera de jugadores y las mejores perfomances del CURCC en 1897 y 1898 hacen presumir una mejor�a t�cnica basada en la mayor posibilidad de seleccionar un equipo competitivo. Pero adem�s va se�alando que se va sustituyendo el car�cter recreativo inicial con otro mas volcado a la competencia. En forma paralela se iba acriollando perfil�ndose como la gran instituci�n del f�tbol del pa�s por sus caracter�sticas. No obstante, su cuna brit�nica, fundamento de un crecimiento asistido por el ferrocarril y su entorno va a ser tambi�n la causa de que surja un equipo que le dispute en igualdad de condiciones el favor de la afici�n.

    Tal vez en 1900 fueron los universitarios contra el taller de los ingleses. Pero en 1903 encarnaban la identidad criolla y la gringa. La rivalidad entre Nacional y Pe�arol es una de las constantes del f�tbol uruguayo, pr�cticamente desde los primeros a�os del siglo XX en que ambas instituciones comenzaron a enfrentarse. As� cuando surge Nacional, de alguna forma lo hace como el primer equipo que por capacidad deportiva, y fundamentalmente por ser una instituci�n "criolla" en forma manifiesta, capaz de enfrentarse al equipo de los "empresarios ingleses", y todos aquellos inmigrantes rechazados.

    Si bien reconocemos un rigen multicausal de la rivalidad cl�sica, que podemos enumerar, en una herencia de bipolaridad de a sociedad uruguaya: Blancos y Colorados; Montevideo y el medio rural, le agregamos otros.

    Estas son las diferencias que se hicieron mas presentes en la sociedad finisecular: Criollos e Inmigrantes y sectores populares y aristocr�ticos. O en t�rminos de clase, obreros y patrones. La primera de las diferencias, o distancias entre sectores de emigrantes y criollos eran evidentes para los contempor�neos. La segunda el surgimiento de los primeros conflictos laborales estaba m�s difuminada.

    Creemos entonces que fundamentalmente la adhesi�n a ambas corrientes deportivas se dio por oposici�n, por toda una bater�a de motivos, complementarios la mayor�a, aunque algunos aparentemente opuestos.


Causas y motivos de la rivalidad

    La rivalidad entre dos equipos de una misma ciudad no es patrimonio de Montevideo. Se repite en muchos otros lados. En Mil�n, en Glasgow, en Porto Alegre, por citar algunos �mbitos urbanos con poblaciones notoriamente aficionadas al f�tbol. Desentra�emos las particularidades que presentan estas rivalidades para ver si son funcionales al an�lisis de Montevideo. Algunas de estas diferencias de estos enfrentamientos han sido analizados por Christian Bromberg entra clase alta y clase baja, los de los religiosos y los que oponen a viejos pobladores con reci�n llegados, y los religiosos. Creemos que en los or�genes de la rivalidad, la que enfrento a inmigrantes y criollos en el 900, por su fulminante aceptaci�n es lo mas parecido compararlo con el Celtic y el Rangers de Glasgow. Celtic es el equipo al que adhieren mayoritariamente cat�licos de la capital de Escocia. Rangers por oposici�n surge expresamente - casi como Nacional - como un equipo exclusivamente protestante.

    Naturalmente un encuentro de estos dos equipos trascend�a lo deportivo. Creemos que en el caso de Nacional y Pe�arol sucedi� as� desde el primer momento. Pero adem�s en este esquema dual, tienen otro car�cter las rivalidades, las visiones que la vida cotidiana - y con ella la convivencia - tiene soterradas. En el barrio, en el taller, saladero o frigor�fico. En la reuni�n de vecinos, en el mostrador del despacho de bebidas el contacto diario imped�a que esa distancia se materializase en discusiones o enfrentamientos de mayor virulencia entre el criollo y el inmigrante; entre los que conviv�a un fluctuante grupo intermedio, criollos por nacimiento, pero hijos de inmigrantes recientes que oscilar�an y dar�an el tono conciliador a las disputas. No obstante esa distancia pod�a manifestarse de otra manera vivando en forma an�nima a un equipo de f�tbol que s� nos representaba - o pod�a asumir nuestra representaci�n - y que nos permit�a contrastar con el vecino sin llegar al enfrentamiento directo y personal. Pero adem�s de permitir la burla, la humillaci�n simb�lica a ese patr�n, representado por el club que lo identificaba permit�a como en una especie de carnaval, otra tradicional inversi�n de las jerarqu�as y realidades expresar una critica por un canal socialmente aceptado. Estas ultimas las aceptaban entre otros motivos, porque un triunfo deportivo de uno u otro no alteraba ni cuestionaba la esencia de las jerarqu�as sociales.

    Para 1901, el club de Pe�arol hab�a comenzado a trascender largamente al equipo de la empresa brit�nica, y era mas que eso: era el equipo de los obreros del ferrocarril, muchos de ellos inmigrantes: de origen italiano. Para ese mismo a�o, Nacional, hab�a dejado de ser el equipo de los se�oritos universitarios y era el cuadro de los "nacionales". Aquel que llevaba nada menos que los colores de Artigas. Por eso era popular y su primera cantera de reclutamiento de simpatizantes y posteriormente de jugadores era el pobrer�o rural desplazado de la campa�a a la ciudad y que compet�a por trabajo, en desventaja generalmente, con el obrero inmigrante mas calificado. Aunque jugaban los se�oritos, en quienes se sent�an identificados los criollos, en esa comunidad imaginada, estos representaban a esos desplazados del medio rural. Por las caracter�sticas del enfrentamiento, extranjeros, criollos, por la r�pida asimilaci�n de los primeros, es evidente que la virulencia de este enfrentamiento original desapareci� pocos a�os despu�s. Quedo si, la rivalidad deportiva, la masa critica para cada una de las instituciones para reproducir sus adeptos. Atenuada la rivalidad criollos inmigrantes, y paralelamente la de blancos y colorados, la transmisi�n de la adhesi�n a uno u otro color sigui� las pautas tradicionales en las relaciones familiares, se sigue al padre y a la familia, o se le enfrenta. Y nada m�s.

    En consecuencia - sin propon�rselo expresamente - ambos equipos encauzan tendencias de larga duraci�n de oposici�n y rivalidad: criollos e inmigrantes, y las que comienzan a surgir y a vivirse en ese momento: trabajadores y patrones. Desde mediados de la primera d�cada del siglo son predominantes en la afici�n generando desde ya las condiciones favorables para reproducir sus simpatizantes en los a�os por venir.


Notas

  1. Eduardo Guti�rrez Cortinas; "Historia de los cl�sicos", Colecci�n "100 a�os de f�tbol", n � 6, p. 124.

  2. El Club Atl�tico Pe�arol suma 3 Copas Intercontinentales de Clubes y 5 Libertadores de Am�rica. Por su parte el Club Nacional de Football atesora tambi�n 3 Intercontinentales y 3 Libertadores. Muchos y muy poderosos equipos en lo deportivo y econ�mico en el �mbito mundial no cuentan con esos logros deportivos.

  3. Un estudio realizado en todo el Uruguay por la empresa Factum en 1993 revela en una encuesta realizada ha mayores de 16 a�os en poblaciones mayores de 5.000 habitantes que: el 41% es partidario de Pe�arol, un 38% de Nacional, 7% de otros equipos, y el resto, un 14 % no se interesa por el f�tbol. En El D�a, secci�n Deportes, 23 de mayo de 1993, pp. 46 y 47.

  4. Jos� Pedro Barr�n y Benjam�n Nahum, "El Uruguay del novecientos" p. 70.

  5. Ib�dem. pp. 116 y 117 y Benedict Anderson, Comunidades imaginadas pp. 22 a 25.

  6. Peter Winn, Inglaterra y la Tierra Purp�rea (1806-1880), p. 247, citando a Monson, "Commercial Report for 1880," Adjunto en Monson a Granville, Montevideo, septiembre 19,1881, PRO / FO51 /198.

  7. Enrique Mendes Vives; "El Uruguay de la modernizaci�n" , pp. 61 a 64.

  8. Seg�n el Censo de Montevideo, por nacionalidades de 1889, los orientales son el 53,16 % de la poblaci�n, mientras que el resto extranjeros, de ellos, 21,85 % de italianos y 15,18 de espa�oles. Los ingleses son algo m�s de un millar de habitantes, (1.064), representando el 0,64 % de la poblaci�n. Este censo tomado con relaci�n a la poblaci�n activa var�a, pues de 95,294 trabajadores, 65.000 son extranjeros, o sea una relaci�n de dos a uno. Esto nos marca la importancia de los extranjeros en el pa�s, y lo relativo en lo que hace a lo cuantitativo de los brit�nicos en Silvia Rodr�guez Villamil; Las mentalidades dominantes en Montevideo (1850.1900), seg�n los cuadros elaborados por esta, p 37.

  9. Jos� Pedro Barr�n y Benjam�n Nahum, El Uruguay del... pp. 98 y 99.

  10. Jos� Pedro Barr�n: Amor y trasgresi�n en Montevideo 1919-1931 . Cap�tulo 7 " La gente Bien", pp. 200 y 201.

  11. Jos� Pedro Barr�n y Benjam�n Nahum, El Uruguay del... p 94.

  12. El peri�dico de la colectividad "The Britannia and Montevideo Reporter", el 29 de octubre de 1842 inform� de la "Asamblea General de los socios del club de cr�quet que tendr� lugar en "Claypoles", el lunes 31 de ese mes.

  13. C�sar L. Gallardo; "Pasi�n de Pueblos", en "Su Majestad el f�tbol", p. 24.

  14. Ib�dem., p. 26.

  15. Franklin Morales; "Los albores del f�tbol uruguayo" , en "Colecci�n 100 a�os de f�tbol - Historia ilustrada del f�tbol uruguayo." p. 6

  16. Pedro Manini R�os; "En defensa del football", "La Revista" septiembre 5 de 1899, pp. 34 y 35.

  17. Siguiendo nuevamente a S. Rodr�guez Villamil, Ob. Cit. pp. 53 y 54.

  18. Partimos de la base de que cuantos m�s practiquen mas posibilidades existen de que surgen jugadores competitivos, por razones matem�ticas elementales.

  19. Aunque en el equipo de Pe�arol jugaran muchos criollos, era percibido como un equipo de extranjeros. Por ser del Ferrocarril de los brit�nicos y por seguramente tener muchos italianos trabajando en sus talleres.

  20. Diego Lucero; "De aquel ayer a este hoy", "El Libro de Oro de Nacional", fasc�culo n� 1, p. 21, citando a "El Siglo", del 16 de julio de 1900.

  21. Eduardo Guti�rrez Cortinas; "Am�lcar, Bol�var y Carlos C�spedes" "Colecci�n Estrellas Deportivas" , n� 97, suplemento de El Diario, 25 de julio de 1979.

  22. Ib�dem.

  23. Luciano �lvarez, Pe�arol: La transici�n de 1913 y la cuesti�n del decanato p.60.

  24. Ib�dem. p. 61.

  25. Juan Antonio y Mateo Magari�os Pittaluga; Del f�tbol heroico p. 84.

  26. Ib�dem. 122 y 123.

  27. Jos� Pedro Barr�n y Benjam�n Nahum, Ob. Cit. p. 131.

  28. Jos� Pedro Barr�n, Apogeo y crisis... p. 11.

  29. Silvia Rodr�guez Villamil, Ob. Cit. p. 44.

  30. Juan A. Oddone "Los gringos" en Enciclopedia Uruguaya N � 26 p. 115.


Bibliograf�a

Libros

  • �lvarez, Luciano - Mata Prates, Carlos A. "Pe�arol: La transici�n de 1913 y la cuesti�n del decanato" , Ediciones de la Pluma, Montevideo, 2001.

  • �lvarez Lenzi, Ricardo - Arana, Mariano - Bocchiardo, Livia "El Montevideo de la expansi�n (1868-1915)" , Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1986.

  • Anderson, Benedict "Comunidades imaginadas" , Fondo de Cultura Econ�mica, M�xico, 1996.

  • Barr�n, Jos� Pedro - Nahum, Benjam�n, "El Uruguay del novecientos" , Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1979.

  • Barr�n, Jos� Pedro " Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco 1839 - 1875" , Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1975.

  • Barr�n, Jos� Pedro "Amor y Trasgresi�n en Montevideo: 1919-1931" , Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2001.

  • Capelan, Juan "Nueve d�cadas de gloria" 12/82.697 - L.405.517 Bib.Nacional.

  • Galeano, Eduardo "Su Majestad el f�tbol" , (Selecci�n y pr�logo), Editorial Arca, Montevideo, 1968, 2� edici�n, 2000.

  • Hobsbawm, Eric "Naciones y Nacionalismo desde 1780 " - 2� edici�n (revisada y ampliada por el autor): agosto de 1992, Reimpresi�n: abril de 1995, Editorial Critica, Barcelona 1995.

  • Hobsbawm, Eric - Ranger, Terence "The Invention of Tradition" - Cambridge University Press, Cambridge, Gran Breta�a, 1983.

  • Magari�os Pittaluga, Juan Antonio y Mateo "Del F�tbol heroico" , editado por CIFCSA, Montevideo, 1942.

  • M�ndez Vives, Enrique "El Uruguay de la modernizaci�n 1876- 1904 " Ediciones de la Banda Oriental-La Rep�blica, 1998.

  • Rodr�guez Villamil, Silvia "Las mentalidades dominantes en Montevideo (1850-1900) I. La mentalidad criolla tradicional." Ediciones de la Banda Oriental, Colecci�n "Reconquista", Montevideo, 1968.

  • Sturzenegger, Carlos "FOOTBALL - Leyes que lo rigen y Modo de jugarlo" , Talleres Gr�ficos "El Arte", Montevideo, 1911.

  • Wahl, Alfred "Historia del f�tbol. Del juego al deporte " Ediciones B. S. A., Barcelona, 1997.

  • Winn, Peter "Inglaterra y la Tierra Purp�rea - A LA B�SQUEDA DEL IMPERIO ECON�MICO (1806-1880." Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educaci�n, Montevideo, 2001.


Revistas

  • Gallardo, C�sar L. "El f�tbol del 12", Colecci�n "100 a�os de f�tbol - Historia ilustrada del f�tbol uruguayo" , n� 3, jueves 11 de diciembre de 1969.

  • Guti�rrez Cortinas, Eduardo " Uruguayos y Argentinos", Colecci�n "100 a�os de f�tbol - Historia ilustrada del f�tbol uruguayo" , n� 5, martes 30 de diciembre de 1969

  • Guti�rrez Cortinas, Eduardo "Historia de los cl�sicos", Colecci�n "100 a�os de f�tbol - Historia ilustrada del f�tbol uruguayo" , n � 6, jueves 8 de enero de 1970.

  • Guti�rrez Cortinas, Eduardo "Amilcar, Bol�var y Carlos C�spedes" Colecci�n "Estrellas Deportivas" n� 97, suplemento de El Diario, 25 de julio de 1979.

  • Morales, Franklin "Los Albores del F�tbol uruguayo", Colecci�n "100 a�os de f�tbol - Historia ilustrada del f�tbol uruguayo", n� 1, jueves 27 de noviembre de 1969,

  • Odonne, Juan Antonio "Los gringos", Enciclopedia Uruguaya n � 26. Montevideo, diciembre 1968.

  • Rama, �ngel "La belle epoque", Enciclopedia Uruguaya n � 28. Montevideo, enero 1969.


Internet

Otros artículos sobre Historia

  www.efdeportes.com/
http://www.efdeportes.com/ � FreeFind
   

revista digital � Año 10 � N° 88 | Buenos Aires, Setiembre 2005  
© 1997-2005 Derechos reservados