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Image Restauraci�n y educaci�n en el arte rupestre. Notas sobre un caso Colombiano (Parque arqueol�gico de Facatativ�)

Pedro Mar�a Arguello Garc�a. arguellopmag2003@yahoo.es

Ver Comentario por Mar�a Paula �lvarez

 

Resumen

Este texto describe el proceso de restauraci�n llevado a cabo a algunas pinturas rupestres del "Parque Arqueol�gico Piedras de Tunja" por parte del Instituto Colombiano de Antropolog�a e Historia -ICANH-. El objetivo es discutir los alcances reales que puede tener un proyecto de tales caracter�sticas respecto del cuidado del patrimonio arqueol�gico y su conservaci�n a largo plazo. Se argumenta que la restauraci�n de bienes arqueol�gicos in situ es in�til a menos que ella se enmarque en proyectos de car�cter educativo; y que es m�s rentable, en t�rminos sociales y econ�micos, trabajar con los potenciales agentes de alteraci�n que restaurar una vez el da�o se haya producido.


Introducci�n

El presente texto puede ser entendido desde diferentes perspectivas. En primer lugar, como la descripci�n de un proyecto piloto, enti�ndase sin antecedentes en Colombia, de restauraci�n de pinturas rupestres. Segundo, como el resultado de un proceso de auto-cr�tica respecto a los resultados parciales y poco halag�e�os del mismo. Tercero, como un intento de buscar explicaciones a un fen�meno que descansa en lo m�s intimo de la historia nacional. Y, cuarto, como la b�squeda de alternativas para la conservaci�n exitosa y perdurable no solo del arte rupestre sino de los objetos arqueol�gicos en general. En todo caso, el objetivo es presentar el procedimiento y resultados parciales del proyecto de restauraci�n llevado a cabo en dos murales del Parque Arqueol�gico de Facatativ� (Piedras de Tunja), con la intenci�n de aportar a la discusi�n respecto a la relaci�n que existe entre los objetos, que los investigadores denominamos "arqueol�gicos", y los observadores que por una u otra raz�n deciden ejercer lo que llamamos "actos vand�licos". De esta manera, la presentaci�n del procedimiento y resultados del proyecto de restauraci�n se convierten m�s bien en una "disculpa" para abordar el an�lisis de la relaci�n perceptual que la gente tiene de los objetos elaborados por los grupos humanos que poblaron el territorio colombiano en �poca prehisp�nica.

El parque arqueol�gico y su problem�tica

El Parque Arqueol�gico de Facatativ� (Piedras de Tunja) esta ubicado a 25 Kms. al occidente de Bogot�, en jurisdicci�n del municipio de Facatativ� (Fig. 1). Se compone de 60 murales pintados en color rojo cuya edad y significado se ignoran(1). El Parque es tradicionalmente conocido ya que, por su cercan�a a la capital del pa�s, es uno de los lugares predilectos de los docentes quienes llevan a sus estudiantes a conocer los restos del pasado ind�gena colombiano. Fue erigido como Parque Arqueol�gico en 1945 y desde entonces ha estado al cuidado del Instituto Colombiano de Antropolog�a, en 1968 fue dado para su administraci�n a la Corporaci�n Aut�noma Regional de Cundinamarca-CAR.

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Fig.1. Localizaci�n Parque Arqueol�gico de Facatativ� (www.google.com) . Abajo, panor�mica del sector central del Parque.
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La falta de implementaci�n de un adecuado plan de manejo, ha tra�do como consecuencia que el sitio sea utilizado de formas diversas, las cuales causan da�o a las pinturas rupestres, que son el objeto mismo por el cual el �rea se erigi� como Parque Arqueol�gico. El aspecto fundamental tiene que ver con el car�cter mismo del lugar ya que es usado como parque de recreaci�n y no como parque arqueol�gico. Es decir, la estructura del mismo no guarda relaci�n alguna con su connotaci�n espec�fica y por tanto se convierte en un espacio para la realizaci�n de cualquier actividad recreativa (cuenta con un lago donde el turista puede pasear en lancha y lugares dispuestos para la preparaci�n de comida). Por poner un ejemplo, uno de los usos mas recurrentes del parque es que los d�as domingos las familias vayan all� a preparar alimentos y a recrearse (paseo de olla). Como no hay planeaci�n ni control sobre tales actividades, en ocasiones las fogatas para la cocci�n de alimentos se han realizado al lado de las rocas con pinturas, con el consecuente cubrimiento de las mismas de holl�n, y su obvio deterioro.

No obastante, el problema de mayor envergadura es la pr�ctica de aplicaci�n de graffiti sobre las rocas y pinturas prehisp�nicas (Fig. 2a). Existe en los murales una amplia variedad de aplicaciones que van desde el registro con l�piz de la visita de alg�n turista, hasta la sistem�tica elaboraci�n de graffiti con pintura en aerosol. En algunos casos el graffiti ha cubierto la casi totalidad de pinturas prehisp�nicas de una roca. Esta pr�ctica no es en modo alguno reciente o producto de casuales visitantes, a principios de siglo XX un artista consider� un gesto patri�tico pintar la figura de tres ex-presidentes, cubriendo parte de algunas figuras prehisp�nicas(Fig. 2b).

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Fig.2a. Muestras de grafitti vand�lico sobre las rocas del parque. (fotos Diego Mart�nez C.)
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Fig.2b. Mural republicano. Representa a Santander, pr�cer de la independencia. ca.1915 (foto Diego Mart�nez C.)
Fig.2c. Mural que representa una embarcaci�n moderna. ca. 1930 (foto Diego Mart�nez C.)

Las medidas que procuren la conservaci�n del parque son complejas y dif�ciles de aplicar. En primer lugar est� el problema institucional ya que el parque es administrado por una entidad (CAR) dedicada b�sicamente a asuntos ambientales y que no posee especialistas o intereses relacionados con el Patrimonio Cultural. Derivado de lo anterior, se tiene entonces que la CAR invierte muy poco dinero para el mantenimiento del parque, con el consecuente deterioro de la infraestructura (v�as, servicios sanitarios, etc.). Tercero, la magnitud misma del parque dificulta la vigilancia del predio y los murales, es imposible que los guardias puedan estar al tanto de las actividades de los visitantes m�xime si ellos pueden entrar al mismo por diferentes lugares. Cada roca esta protegida por un cercado, el que puede ser f�cilmente traspasado por quien as� lo desee.

Tal como se ha anotado en otros lugares (Botiva y Arg�ello 2004) la conservaci�n de un mural con arte rupestre solo puede ser exitosa en la medida en que la persona que acceda a �l sepa que es lo que esta visitando y le asigne alg�n grado de importancia. A nuestro juicio, la destrucci�n de pinturas prehisp�nicas es la consecuencia de un proceso de invisibilizaci�n que ha conllevado a su negaci�n. Solamente se destruye o modifica algo cuya existencia se ignora o cuya importancia se desconoce.


El proyecto de restauraci�n

Dentro del proyecto macro de conservaci�n del Patrimonio Cultural Colombiano, el ICANH decidi� restaurar algunas rocas del Parque Arqueol�gico. Los objetivos de dicha tarea pueden resumirse de la siguiente manera. 1. Realizar una exploraci�n metodol�gica y t�cnica con el fin de determinar el procedimiento adecuado para la restauraci�n de pinturas rupestres. 2. Por medio de la restauraci�n, eliminar cualquier tipo de alteraci�n natural o antr�pica sobre las pinturas rupestres. 3. Observar el comportamiento a mediano y largo plazo de los efectos de la restauraci�n en lo referente a la t�cnica misma y a la reacci�n de la poblaci�n.

Dentro de la comunidad cient�fica dedicada al estudio del arte rupestre existe cierta prevenci�n respecto a cualquier m�todo de intervenci�n sobre las pinturas debido b�sicamente a la alteraci�n de las condiciones f�sico-qu�micas de las mismas y su posible dataci�n. En este sentido, se eligieron precisamente las pinturas de este Parque Arqueol�gico debido a que ellas han sido objeto de diferentes tipos de intervenci�n (vand�lica o no). Con lo cual la posibilidad de alg�n tipo de dataci�n es m�nima. En otras palabras, las pinturas han sido fuertemente intervenidas en su constituci�n f�sico-qu�mica lo que dificulta cualquier an�lisis certero de sus propiedades, con miras a la investigaci�n cient�fica. No obstante lo anterior, el proceso de intervenci�n se llev� a cabo observando las m�s altas condiciones de seguridad para las pinturas y siguiendo procedimientos avalados dentro de los postulados de la restauraci�n(2). As� mismo, se realiz� la documentaci�n de la roca, las pinturas rupestres y el procedimiento de restauraci�n (Arg�ello y Mart�nez 2003, �lvarez y Mart�nez 2004; 2005). Tal documentaci�n se convierte as� en un elemento de evaluaci�n respecto a las implicaciones que a mediano y largo plazo pueda acarrear la intervenci�n sobre el sitio arqueol�gico.

El procedimiento de restauraci�n se inici� con el diagn�stico de los factores de alteraci�n de la roca, los cuales se agrupan en naturales y antr�picos. Los factores naturales consisten b�sicamente de escurrimientos de agua, excrementos de aves y formaci�n de microflora y capa vegetal; en tanto los antr�picos son el graffiti, elaborado en diferentes tipos de materiales, y los restos de holl�n producto de la cocci�n. Unos y otros factores han producido el progresivo cubrimiento de las pinturas y/o su desaparici�n. Para decidir cu�les podr�an ser los disolventes m�s apropiados para retirar los elementos que cubren las pinturas, se realizaron pruebas en campo y laboratorio con el fin de identificar tanto la t�cnica de elaboraci�n de las pinturas como los compuestos agregados de manera natural o antr�pica. La restauraci�n como tal se llev� a cabo de forma progresiva utilizando m�todos intensivos solo en caso de que fuese necesario. En algunos casos fue suficiente la limpieza mec�nica con agua, pero en otros fue necesario el uso intensivo de distintos solventes de acuerdo al material que fuera necesario retirar. Los restos de graffiti que no pudieron ser definitivamente removidos fueron integrados crom�ticamente (�lvarez 2003, �lvarez y Mart�nez 2004; 2005) (Fig. 3a).

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Fig.3a. Labores de limpieza de la roca y remoci�n del grafitti. (foto Mar�a Paula �lvarez)
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Fig.3b. Antes y despu�s de las labores de restauraci�n. Roca No. 16 (foto Diego Mart�nez C.)

A la fecha, la restauraci�n ha sido implementada en las las rocas No.16, 19 y en un sector de la No. 20 del Parque Arqueol�gico. En t�rminos generales, dicho procedimiento fue exitoso en tanto se logr� retirar la mayor�a de elementos adheridos a las pinturas rupestres y sus �reas adyacentes. Esto se comprueba con la simple inspecci�n visual ya que ahora es posible observar m�s claramente las pinturas (Fig. 3b).

Otra vez el vandalismo

Una vez culminado el proceso de restauraci�n de la roca No.16 la administraci�n del parque decidi� protegerla con un cercado de lona (Fig. 4). Al poco tiempo se comprob� que la roca hab�a sido nuevamente alterada por medio de la aplicaci�n de graffiti (Fig. 5), lo cual llev� a una conclusi�n: el proceso de restauraci�n en si mismo es exitoso en t�rminos t�cnicos y como medio de hacer nuevamente visibles las pinturas; pero es insostenible a mediano y largo plazo ya que implicar�a la constante restauraci�n cada vez que la roca sufra un evento de vandalismo.

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Fig.4. Cercado de lona de protecci�n de la roca No.16. Debido a la vulnerabilidad del material esta barrera no evit� que los visitantes accedieran a la roca. (foto Diego Mart�nez C.)
Fig.5. Grafitti realizado luego de la primera restauraci�n de la roca No. 16. (foto Mar�a Paula �lvarez)

El nuevo acto de vandalismo permite datar efectivamente el evento y reflexionar acerca de las razones por la por la que se sigue presentando aun en el siglo XXI. L�gicamente, el fen�meno merece ser explicado en t�rminos hist�ricos y sociol�gicos ya que en ning�n caso se puede entender como un hecho meramente casual. Al respecto, es indudable que la herencia colonial jug� un papel importante respecto a la construcci�n de lo que hoy se denomina objeto arqueol�gico y, m�s aun, patrimonio. El proyecto civilizador de la corona, y m�s espec�ficamente de la iglesia cat�lica, implic� la extirpaci�n de la idolatr�a y de sus referentes materiales. Posteriormente, ciertos proyectos nacionales ideados por las �lites que pretend�an m�s bien emular la cultura europea, concluyeron el proyecto espa�ol estigmatizando y asociando lo ind�gena a un ente atrasado y poco culto. En otras palabras, a partir del siglo XVI se inici� un proceso sistem�tico por el cual los objetos ind�genas perdieron su car�cter representacional original y paulatinamente se convirtieron en sin�nimo de atraso.

La articulaci�n de lo ind�gena al proyecto nacional ha atravesado hist�ricamente por un sinn�mero de contradicciones, muchas de ellas producto de la particular adopci�n de las ideas provenientes de la ilustraci�n. En algunas ocasiones, tal componente refiere a un pasado glorioso, sin suerte de continuidad en el presente, donde los objetos arqueol�gicos toman el car�cter de vestigios de una grandeza hoy extinta (K�nig 1994; 1998). En otros casos, en el pasado pero sobre todo en el presente, lo ind�gena es simplemente sin�nimo de atraso, salvajismo e ineptitud (G�mez 1928, G�mez 1958). De cualquier manera, las �lites que construyeron el proyecto nacional fueron cuidadosas en deslindar el pasado con el presente y de relegar lo ind�gena a un vestigio cuya continuidad es dudosa, o mejor, se niega (G�mez 1958). Lo anterior es particularmente evidente en la concretizaci�n misma del proyecto en campos tales como el educativo. En general, los textos escolares describen a los ind�genas como grupos humanos confinados a la aniquilaci�n o incorporaci�n dentro de la sociedad nacional una vez acaecida la conquista; pero a su vez, dentro de esa sociedad nacional, se les atribuye el componente inferior y caduco (Alvarado et. al. 2003: 227-228)

Desde esta perspectiva, es l�gico que los descendientes producto de tal proceso observen los objetos arqueol�gicos con una mirada m�s bien arrogante, ya que ellos mismos buscan negar sus nexos con aquel mundo atrasado. Tal negaci�n ha permitido que dichos objetos o bien sean entendidos como una mercanc�a (el caso de la guaquer�a y comercio il�cito de bienes arqueol�gicos) o simplemente sean invisibilizados. Debido a que el arte rupestre dif�cilmente puede ser convertido en objeto de intercambio, es entonces ignorado(3).

La prueba de ello est� en que algunos visitantes del parque arqueol�gico dicen haber caminado por �l sin haber visto "ningunas pinturas". Esto se debe a que los objetos son cognoscibles solo si existe una estructura de significaci�n que los aglutine. Como dicha estructura de significaci�n los niega, ellos desaparecen. De tal forma que cuando un visitante encuentra una superficie lisa en las rocas es factible que decida escribir o pintar algo sobre ellas, a pesar incluso de que su sistema de percepci�n de cuenta de que existen unas figuras previamente elaboradas(4). Como las figuras existentes no guardan ninguna significaci�n, y por tanto carecen de alguna carga valorativa, no existe alguna contradicci�n que permita al nuevo pintor confrontarse respecto a la obra anterior(5). Tal caso aplica a lo que se podr�a denominar el visitante informal que por alguna raz�n, diferente al arte rupestre mismo, llega al sitio, y no se relaciona con los casos premeditados de eliminaci�n del arte rupestre con miras a extirpar idolatr�as y/o restos de cultos paganos(6).

Teniendo en cuenta la noci�n misma de patrimonio, entendida como una posesi�n (un bien) que un individuo o grupo identifica como propio (Ballart 1997: 17), es entonces evidente que el proceso hist�rico acaecido con los objetos ind�genas, al ser sistem�ticamente negados y despojados de valor, se comprenden mas bien en t�rminos anti-patrimoniales. Lo cual explica porqu� la gente simplemente los desconoce y altera. Independientemente de la concepci�n que la gente pueda construir de patrimonio (o bien la reglada con base en una dudosa idea de naci�n por parte del estado o la de apropiaci�n por parte de las comunidades locales con miras a la reivindicaci�n de elementos territoriales, econ�micos o culturales) ella solamente puede cimentarse en la re-construcci�n del objeto, de hacerlo nuevamente cognoscible. Solo as� se podr� pretender en un futuro que no se vuelvan a presentar actos vand�licos.

Conclusi�n

Si bien el proceso de restauraci�n iniciado a algunas rocas del Parque Arqueol�gicode Facatativ� ha sido exitoso en t�rminos de retirar los materiales que de una u otra manera las cubren o deterioran, es evidente que el contexto sociocultural en el que el Parque se inscribe hace insostenible el proyecto a largo plazo. En pocas palabras, los recursos financieros y humanos invertidos pueden perderse f�cilmente ante la fr�gil l�nea que demarca la recurrencia de actos vand�licos. No existen en �ste momento las condiciones de infraestructura o la apreciaci�n sociocultural suficiente que impida que, una vez restauradas, las rocas con arte rupestre puedan ser objeto de nuevos actos de vandalismo.

Este proyecto ha ense�ando que, para el caso de los objetos arqueol�gicos in situ, es necesario asegurar la conservaci�n a largo plazo como requisito previo a la implementaci�n de un programa de restauraci�n. La conservaci�n, no solo para el caso de las pinturas del Parque Arqueol�gico sino para todos los sitios con arte rupestre en el pa�s, es impensable en t�rminos policivos y por ende solo puede dirigirse a los potenciales agentes de alteraci�n. A �ste respecto, es necesario educar al visitante para que dentro de su esfera de percepci�n haga visible el objeto arqueol�gico y asigne as� un valor, que en el mejor de los casos podr� ser patrimonial. Lo que se ha denominado conservaci�n preventiva (Strecker y Taboada 1995) implica educar al visitante para que sepa que es lo que va a observar una vez dentro del sitio arqueol�gico y as� se reduzca el riesgo de da�o. Aunque de forma paulatina se han venido construyendo en Am�rica Latina parques arqueol�gicos cuyo objetivo es la conservaci�n de algunos grupos de sitios con arte rupestre, y el disfrute de los mismos por parte de los visitantes (Strecker y Podest� 2006), es evidente que la ampliaci�n de la frontera urbana y el avance mismo de la investigaci�n sobre el tema ponen en evidencia una cada vez mayor cantidad de yacimientos cuya incorporaci�n a sistemas protegidos por infraestructura es sencillamente imposible. Para el caso colombiano, la caracter�stica dispersi�n del arte rupestre y la estructura misma de tenencia de la tierra impiden que se puedan agrupar los yacimientos en parques y desarrollar obras de infraestructura (lo cual es adem�s oneroso). Esto significa que, si bien es importante el dise�o y construcci�n de parques arqueol�gicos, los esfuerzos deber�an concentrarse prioritariamente en proyectos de car�cter educativo, los cuales deben ser generalizados e ir encaminados a la preservaci�n de cualquier manifestaci�n en el lugar en que se encuentre.

Pero es importante no volver a caer en los errores derivados de los fallidos intentos de construcci�n nacional. Es impensable intentar construir un consenso donde las diferentes versiones del pasado sean simplemente aglutinadas en torno a un proyecto elitista y excluyente. La noci�n misma de patrimonio debe abandonar progresivamente el car�cter meramente estatal y legislativo para inscribirse en los mecanismos de construcci�n de la memoria colectiva. Es simplemente hacer visibles los objetos, que denominamos patrimoniales, con la esperanza de que ellos sean paralelamente conservados en el marco de un proceso mediante el cual las comunidades asignan un significado a algo que, en el mejor de los casos, pueden entender como su pasado.

Notas:

(1).Sin embargo, es importante mencionar que el conjunto rupestre ha sido objeto de diversas interpretaciones, en diferentes �pocas, como por ejemplo las que asignan a las figuras un significado cosmol�gico (Ghisletti 1954), como punto de demarcaci�n territorial (Triana 1924) o como un santuario a la figura de la rana (Nu�ez 1959). Estas interpretaciones se basaron en asignaciones cronol�gicas y culturales arbitrarias y no pueden ser aceptadas debido a que no poseen una estructura de argumentaci�n suficientemente s�lida (Arguello 2001).

(2)Procedimientos similares han sido aplicados por ejemplo en Canad� (Wainwright 1995) y Bolivia (Loubser y Taboada 2005).

(3)No obstante, el �rea adyacente a muchas rocas con arte rupestre es generalmente guaqueada con el fin de buscar posibles entierros con oro, incluso algunas rocas han sido dinamitadas bajo el supuesto que en el centro de ellas los ind’genas escondieron tesoros (Botiva 2000).

(4)Las zonas de las rocas en donde se ejecutaron pinturas en tiempos prehisp�nicos fueron previamente pulidas o alisadas con el fin de procurar una superficie apta (Bateman y Mart�nez 2001). Generalmente, el resto de la roca presenta una textura rugosa que impide la agregaci�n y/o aplicaci�n de alg�n material de base l�quida, lo que hace que los pintores modernos utilicen precisamente esas superficies previamente adaptadas.

(5)Esto tambi�n podr�a explicar el porque de los usos diversos que los habitantes actuales dan a las rocas con arte rupestre. Botiva (2000) ilustra varios casos en donde el arte rupestre paulatinamente desaparece debido al uso de las rocas para actividades cotidianas tales como la deposici�n y quema de basuras, la instalaci�n de porquerizas y tanques, o la voladura para obtenci�n de materiales de construcci�n.

(6)Se han documentado algunos sitios donde, por ejemplo, los sacerdotes cristianos han cubierto o martillado pinturas rupestres con el objeto de eliminar los referentes materiales a cultos denominados por ellos paganos o sat�nicos.

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Ver Comentario Por Mar�a Paula �lvarez

C�mo citar este art�culo:

ARGUELLO GARC�A, Pedro Mar�a. Restauraci�n y educaci�n en el arte rupestre. Notas sobre un caso Colombiano (Parque arqueol�gico de Facatativ�). En Rupestreweb, http://rupestreweb.info/facaresta.html

2006

Bibliograf�a

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�lvarez, Mar�a: Procesos de conservaci�n en la piedra 16. Parque Arqueol�gico de Facatativa. Ms. Instituto Colombiano de Antropolog�a e Historia.

�lvarez, Mar�a y Mart�nez, Diego: Procesos de documentaci�n y conservaci�n en los conjuntos pictogr�ficos 19 y 20 Parque arqueol�gico de Facatativa (Cundinamarca). Ms. Instituto Colombiano de Antropolog�a e Historia.

- Procesos de documentaci�n y conservaci�n en los conjuntos pictogr�ficos 20A y 20B (16, 19 y 20) Parque arqueol�gico de Facatativa (Cundinamarca). Ms. Instituto Colombiano de Antropolog�a e Historia.

Arguello, Pedro: Arte rupestre: estudio cr�tico de las interpretaciones. Tesis de Grado (sin publicar), Proyecto Curricular en Ciencias Sociales, Universidad Distrital Francisco Jos� de Caldas. Bogot�.

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Comentario al art�culo: Restauraci�n y educaci�n en el arte rupestre. Notas sobre un caso Colombiano (Parque arqueol�gico de Facatativ�)

Mar�a Paula �lvarez mpalvarez2001@yahoo.com Restauradora de Bienes Muebles

El art�culo de Pedro Arguello hace una breve descripci�n de las pictograf�as del Parque Arqueol�gico de Facatativ� y su deterioro, de los trabajos de restauraci�n all� realizados y de la dif�cil situaci�n que enfrenta este patrimonio al no ser valorado ni reconocido, asunto que contribuye a que el vandalismo continu� deteriorando las pictograf�as y haga de los trabajos de conservaci�n, esfuerzos sin sentido.

Como coordinadora del equipo de restauradores contratados por el ICANH para hacer la intervenci�n de las pictograf�as 16, 19, 20, 20A y 20B durante los a�os 2003, 2004 y 2005 y con el fin de completar y precisar lo expuesto por Pedro Arguello quisiera hacer algunos comentarios a este art�culo.

En el art�culo se mencionan algunos de los deterioros que afectan las pictograf�as sin embargo no se hace referencia a la presencia de sales en superficie,solubles (nitratos) e insolubles (silicatos). Este deterioro interviene con la apreciaci�n de las pictograf�as y en buena medida resulta irreversible en la medida en que las sales son de naturaleza insolubles y las condiciones de humedad que lo provocan son inherentes a la roca y el sitio, no pueden controlarse. (Una parte de la humedad que ha acentuado la aparici�n de sales es la aportada por la pr�ctica de humedecer las pictograf�as para permitir su mejor observaci�n. Esta pr�ctica debe evitarse tanto como el vandalismo.)

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Intensa presencia de sales (�reas blanquecinas) sobre la superf�cie rocosa, causada posiblemente por la cont�nua pr�ctica de humedercer las pictograf�as para permitir su observaci�n. (foto Diego Mart�nez C.)

Cuando el art�culo describe los procesos de intervenci�n dice que sobre las pictograf�as se llev� a cabo una limpieza mec�nica con agua lo que es impreciso. En efecto, si bien el agua fue utilizada para limpiar las zonas de la piedra que no presentan pictograf�as, sobre las zonas en donde se observan motivos rupestres se evit� su uso: "Considerando que el agua es el agente que contribuye a la movilizaci�n de las sales, los procesos a realizar en las zonas de la piedra con pictograf�as deb�an evitar en lo posible el uso de grandes cantidades de cualquier m�todo que implique humedad". As� la piedra, en estas zonas, fue trabajada primero con m�todos en seco, en donde se removi� mec�nicamente la suciedad superficial y acumulada, los vidrios y deshechos que se encontraban en estas zonas. Posteriormente la totalidad de la superficie fue trabajada con borradores suaves que sirvieron para retirar en mayor profundidad la suciedad acumulada, algunos graffitis (realizados en carb�n y l�piz), parte del velo salino y de la capa de arcilla que cubr�a parcialmente la superficie.

Finalmente se retiraron los graffitis y las manchas de excrementos y resinosas con la mezcla de solventes org�nicos seleccionada a partir de la prueba de solventes. En algunos graffitis y manchas se aplic� el solvente con hisopo y despu�s se completaba la acci�n con la ayuda del bistur�, en otros graffitis se deb�a insistir, sobre todo en las superficies m�s rugosas de la piedra, con un cepillo de cerdas pl�sticas y se retiraban los excesos con motas de algod�n." (Alvarez, 2003)

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Eliminaci�n de la resina con solventes org�nicos y bistur� . En la medida en que la resina se ha polimerizado y adherido a la roca en algunas zonas hay que insistir utilizando cepillos de cerda pl�stica . (foto Mar�a Paula �lvarez)

Otro particular que el art�culo no menciona es la preocupaci�n misma del equipo de trabajo de documentaci�n y restauraci�n, en relaci�n al descuido administrativo, el vandalismo y la falta de valoraci�n patrimonio rupestre. Dicha preocupaci�n aparece expuesta en los informes de los a�os 2003 y 2004, y fue abordada al elaborar el Plan de Manejo del Parque Arqueol�gico de Facatativ� (M. �lvarez, I.Quintero, D. Mart�nez y M. Rodr�guez,contratado por el ICANH a principios del a�o 2005) y la intervenci�n realizada en el a�o 2005. Dicha intervenci�n tuvo como objetivos recuperar el trabajo de restauraci�n de los conjuntos 16, 19 y 20, hacer la documentaci�n y restauraci�n de los conjuntos 20A y 20B, realizar un cerramiento temporal que protegiera las pictograf�as mientras se comenzaba a implementar lo recomendado en el Plan de Manejo y dar inicio a las labores de sensibilizaci�n y educaci�n. Los objetivos fueron cumplidos y el inicio de la labor educativa se dio a trav�s del dise�o e instalaci�n de dos vallas que informaban sobre la presencia de pictograf�as y daban cuenta de los trabajos de restauraci�n adelantados.

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Valla educativas colocadas frente a las rocas intervenidas. (Dise�o Diego Mart�nez C.)
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Cerramiento preventivo temporal. (foto Diego Mart�nez C.)

Actualmente el ICANH adelanta la implementaci�n y revisi�n del Plan de Manejo del Parque arqueol�gico de Facatativ� lo que seguramente conducir� al manejo adecuado del lugar, la realizaci�n de labores educativas y la consecuente valoraci�n y protecci�n de las pictograf�as

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