Restauraci�n y educaci�n
en el arte rupestre. Notas sobre un caso Colombiano (Parque arqueol�gico
de Facatativ�)
Pedro
Mar�a Arguello Garc�a. arguellopmag2003@yahoo.es
Ver
Comentario por Mar�a
Paula �lvarez
Resumen
Este texto describe el proceso
de restauraci�n llevado a cabo a algunas pinturas rupestres
del "Parque Arqueol�gico Piedras de Tunja" por
parte del Instituto Colombiano de Antropolog�a e Historia
-ICANH-. El objetivo es discutir los alcances reales que
puede tener un proyecto de tales caracter�sticas respecto
del cuidado del patrimonio arqueol�gico y su conservaci�n
a largo plazo. Se argumenta que la restauraci�n de bienes
arqueol�gicos in situ es in�til a menos que ella
se enmarque en proyectos de car�cter educativo; y que es
m�s rentable, en t�rminos sociales y econ�micos,
trabajar con los potenciales agentes de alteraci�n que
restaurar una vez el da�o se haya producido.
Introducci�n
El presente texto puede ser entendido
desde diferentes perspectivas. En primer lugar, como la descripci�n
de un proyecto piloto, enti�ndase sin antecedentes en Colombia,
de restauraci�n de pinturas rupestres. Segundo, como el
resultado de un proceso de auto-cr�tica respecto a los
resultados parciales y poco halag�e�os del mismo.
Tercero, como un intento de buscar explicaciones a un fen�meno
que descansa en lo m�s intimo de la historia nacional.
Y, cuarto, como la b�squeda de alternativas para la conservaci�n
exitosa y perdurable no solo del arte rupestre sino de los objetos
arqueol�gicos en general. En todo caso, el objetivo es
presentar el procedimiento y resultados parciales del proyecto
de restauraci�n llevado a cabo en dos murales del Parque
Arqueol�gico de Facatativ� (Piedras de Tunja), con
la intenci�n de aportar a la discusi�n respecto
a la relaci�n que existe entre los objetos, que los investigadores
denominamos "arqueol�gicos", y los observadores que por
una u otra raz�n deciden ejercer lo que llamamos "actos
vand�licos". De esta manera, la presentaci�n del
procedimiento y resultados del proyecto de restauraci�n
se convierten m�s bien en una "disculpa" para abordar el
an�lisis de la relaci�n perceptual que la gente
tiene de los objetos elaborados por los grupos humanos que poblaron
el territorio colombiano en �poca prehisp�nica.
El parque arqueol�gico
y su problem�tica
El Parque Arqueol�gico
de Facatativ� (Piedras de Tunja) esta ubicado a 25 Kms.
al occidente de Bogot�, en jurisdicci�n del municipio
de Facatativ� (Fig. 1). Se compone de 60 murales pintados
en color rojo cuya edad y significado se ignoran(1).
El Parque es tradicionalmente conocido ya que, por su cercan�a
a la capital del pa�s, es uno de los lugares predilectos
de los docentes quienes llevan a sus estudiantes a conocer los
restos del pasado ind�gena colombiano. Fue
erigido como Parque Arqueol�gico en 1945 y desde entonces
ha estado al cuidado del Instituto Colombiano de Antropolog�a,
en 1968 fue dado para su administraci�n a la Corporaci�n
Aut�noma Regional de Cundinamarca-CAR.
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Fig.1.
Localizaci�n Parque Arqueol�gico de Facatativ�
(www.google.com) . Abajo, panor�mica del sector central
del Parque.
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La falta de implementaci�n
de un adecuado plan de manejo, ha tra�do como consecuencia
que el sitio sea utilizado de formas diversas, las cuales causan
da�o a las pinturas rupestres, que son el objeto mismo
por el cual el �rea se erigi� como Parque Arqueol�gico.
El aspecto fundamental tiene que ver con el car�cter mismo
del lugar ya que es usado como parque de recreaci�n y no
como parque arqueol�gico. Es decir, la estructura del mismo
no guarda relaci�n alguna con su connotaci�n espec�fica
y por tanto se convierte en un espacio para la realizaci�n
de cualquier actividad recreativa (cuenta con un lago donde el
turista puede pasear en lancha y lugares dispuestos para la preparaci�n
de comida). Por poner un ejemplo, uno de los usos mas recurrentes
del parque es que los d�as domingos las familias vayan
all� a preparar alimentos y a recrearse (paseo de olla).
Como no hay planeaci�n ni control sobre tales actividades,
en ocasiones las fogatas para la cocci�n de alimentos se
han realizado al lado de las rocas con pinturas, con el consecuente
cubrimiento de las mismas de holl�n, y su obvio deterioro.
No obastante, el problema de mayor
envergadura es la pr�ctica de aplicaci�n de graffiti
sobre las rocas y pinturas prehisp�nicas (Fig. 2a). Existe
en los murales una amplia variedad de aplicaciones que van desde
el registro con l�piz de la visita de alg�n turista,
hasta la sistem�tica elaboraci�n de graffiti con
pintura en aerosol. En algunos casos el graffiti ha cubierto la
casi totalidad de pinturas prehisp�nicas de una roca. Esta
pr�ctica no es en modo alguno reciente o producto de casuales
visitantes, a principios de siglo XX un artista consider�
un gesto patri�tico pintar la figura de tres ex-presidentes,
cubriendo parte de algunas figuras prehisp�nicas(Fig. 2b).
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Fig.2a.
Muestras de grafitti vand�lico sobre las rocas del
parque. (fotos Diego Mart�nez C.)
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Fig.2b.
Mural republicano. Representa a Santander, pr�cer
de la independencia. ca.1915 (foto
Diego Mart�nez C.)
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Fig.2c.
Mural que representa una embarcaci�n moderna.
ca. 1930 (foto Diego Mart�nez C.)
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Las medidas que procuren la conservaci�n
del parque son complejas y dif�ciles de aplicar. En primer
lugar est� el problema institucional ya que el parque es
administrado por una entidad (CAR) dedicada b�sicamente
a asuntos ambientales y que no posee especialistas o intereses
relacionados con el Patrimonio Cultural. Derivado de lo anterior,
se tiene entonces que la CAR invierte muy poco dinero para el
mantenimiento del parque, con el consecuente deterioro de la infraestructura
(v�as, servicios sanitarios, etc.). Tercero, la magnitud
misma del parque dificulta la vigilancia del predio y los murales,
es imposible que los guardias puedan estar al tanto de las actividades
de los visitantes m�xime si ellos pueden entrar al mismo
por diferentes lugares. Cada roca esta protegida por un cercado,
el que puede ser f�cilmente traspasado por quien as�
lo desee.
Tal como se ha anotado en otros
lugares (Botiva y Arg�ello 2004) la conservaci�n de
un mural con arte rupestre solo puede ser exitosa en la medida
en que la persona que acceda a �l sepa que es lo que esta
visitando y le asigne alg�n grado de importancia. A nuestro
juicio, la destrucci�n de pinturas prehisp�nicas
es la consecuencia de un proceso de invisibilizaci�n que
ha conllevado a su negaci�n. Solamente se destruye o modifica
algo cuya existencia se ignora o cuya importancia se desconoce.
El proyecto de restauraci�n
Dentro del proyecto macro de conservaci�n
del Patrimonio Cultural Colombiano, el ICANH decidi� restaurar
algunas rocas del Parque Arqueol�gico. Los objetivos de
dicha tarea pueden resumirse de la siguiente manera. 1. Realizar
una exploraci�n metodol�gica y t�cnica con
el fin de determinar el procedimiento adecuado para la restauraci�n
de pinturas rupestres. 2. Por medio de la restauraci�n,
eliminar cualquier tipo de alteraci�n natural o antr�pica
sobre las pinturas rupestres. 3. Observar el comportamiento a
mediano y largo plazo de los efectos de la restauraci�n
en lo referente a la t�cnica misma y a la reacci�n
de la poblaci�n.
Dentro de la comunidad cient�fica
dedicada al estudio del arte rupestre existe cierta prevenci�n
respecto a cualquier m�todo de intervenci�n sobre
las pinturas debido b�sicamente a la alteraci�n
de las condiciones f�sico-qu�micas de las mismas
y su posible dataci�n. En este sentido, se eligieron precisamente
las pinturas de este Parque Arqueol�gico debido a que ellas
han sido objeto de diferentes tipos de intervenci�n (vand�lica
o no). Con lo cual la posibilidad de alg�n tipo de dataci�n
es m�nima. En otras palabras, las pinturas han sido fuertemente
intervenidas en su constituci�n f�sico-qu�mica
lo que dificulta cualquier an�lisis certero de sus propiedades,
con miras a la investigaci�n cient�fica. No obstante
lo anterior, el proceso de intervenci�n se llev�
a cabo observando las m�s altas condiciones de seguridad
para las pinturas y siguiendo procedimientos avalados dentro de
los postulados de la restauraci�n(2).
As� mismo, se realiz� la documentaci�n de
la roca, las pinturas rupestres y el procedimiento de restauraci�n
(Arg�ello y Mart�nez 2003, �lvarez y Mart�nez
2004; 2005). Tal documentaci�n se convierte as�
en un elemento de evaluaci�n respecto a las implicaciones
que a mediano y largo plazo pueda acarrear la intervenci�n
sobre el sitio arqueol�gico.
El procedimiento de restauraci�n
se inici� con el diagn�stico de los factores de
alteraci�n de la roca, los cuales se agrupan en naturales
y antr�picos. Los factores naturales consisten b�sicamente
de escurrimientos de agua, excrementos de aves y formaci�n
de microflora y capa vegetal; en tanto los antr�picos son
el graffiti, elaborado en diferentes tipos de materiales, y los
restos de holl�n producto de la cocci�n. Unos y
otros factores han producido el progresivo cubrimiento de las
pinturas y/o su desaparici�n. Para decidir cu�les
podr�an ser los disolventes m�s apropiados para
retirar los elementos que cubren las pinturas, se realizaron pruebas
en campo y laboratorio con el fin de identificar tanto la t�cnica
de elaboraci�n de las pinturas como los compuestos agregados
de manera natural o antr�pica. La restauraci�n como
tal se llev� a cabo de forma progresiva utilizando m�todos
intensivos solo en caso de que fuese necesario. En algunos casos
fue suficiente la limpieza mec�nica con agua, pero en otros
fue necesario el uso intensivo de distintos solventes de acuerdo
al material que fuera necesario retirar. Los restos de graffiti
que no pudieron ser definitivamente removidos fueron integrados
crom�ticamente (�lvarez 2003, �lvarez y Mart�nez
2004; 2005) (Fig. 3a).
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Fig.3a.
Labores de limpieza de la roca y remoci�n del grafitti.
(foto
Mar�a Paula �lvarez)
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Fig.3b.
Antes y despu�s de las labores de restauraci�n.
Roca No. 16 (foto
Diego Mart�nez C.)
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A la fecha, la restauraci�n
ha sido implementada en las las rocas No.16, 19 y en un sector
de la No. 20 del Parque Arqueol�gico. En t�rminos
generales, dicho procedimiento fue exitoso en tanto se logr�
retirar la mayor�a de elementos adheridos a las pinturas
rupestres y sus �reas adyacentes. Esto se comprueba con
la simple inspecci�n visual ya que ahora es posible observar
m�s claramente las pinturas (Fig. 3b).
Otra vez el vandalismo
Una vez culminado el proceso de
restauraci�n de la roca No.16 la administraci�n
del parque decidi� protegerla con un cercado de lona (Fig.
4). Al poco tiempo se comprob� que la roca hab�a
sido nuevamente alterada por medio de la aplicaci�n de
graffiti (Fig. 5), lo cual llev� a una conclusi�n:
el proceso de restauraci�n en si mismo es exitoso en t�rminos
t�cnicos y como medio de hacer nuevamente visibles las
pinturas; pero es insostenible a mediano y largo plazo ya que
implicar�a la constante restauraci�n cada vez que
la roca sufra un evento de vandalismo.
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Fig.4.
Cercado de lona de protecci�n de la roca No.16. Debido
a la vulnerabilidad del material esta barrera no evit�
que los visitantes accedieran a la roca.
(foto Diego Mart�nez C.)
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Fig.5. Grafitti
realizado luego de la primera restauraci�n de la roca
No. 16.
(foto Mar�a Paula �lvarez) |
El nuevo acto de vandalismo permite
datar efectivamente el evento y reflexionar acerca de las razones
por la por la que se sigue presentando aun en el siglo XXI. L�gicamente,
el fen�meno merece ser explicado en t�rminos hist�ricos
y sociol�gicos ya que en ning�n caso se puede entender
como un hecho meramente casual. Al respecto, es indudable que
la herencia colonial jug� un papel importante respecto
a la construcci�n de lo que hoy se denomina objeto arqueol�gico
y, m�s aun, patrimonio. El proyecto civilizador
de la corona, y m�s espec�ficamente de la iglesia
cat�lica, implic� la extirpaci�n de la idolatr�a
y de sus referentes materiales. Posteriormente, ciertos proyectos
nacionales ideados por las �lites que pretend�an
m�s bien emular la cultura europea, concluyeron el proyecto
espa�ol estigmatizando y asociando lo ind�gena a
un ente atrasado y poco culto. En otras palabras, a partir del
siglo XVI se inici� un proceso sistem�tico por el
cual los objetos ind�genas perdieron su car�cter
representacional original y paulatinamente se convirtieron en
sin�nimo de atraso.
La articulaci�n de lo ind�gena
al proyecto nacional ha atravesado hist�ricamente por un
sinn�mero de contradicciones, muchas de ellas producto
de la particular adopci�n de las ideas provenientes de
la ilustraci�n. En algunas ocasiones, tal componente refiere
a un pasado glorioso, sin suerte de continuidad en el presente,
donde los objetos arqueol�gicos toman el car�cter
de vestigios de una grandeza hoy extinta (K�nig 1994;
1998). En otros casos, en el pasado pero sobre todo en el presente,
lo ind�gena es simplemente sin�nimo de atraso, salvajismo
e ineptitud (G�mez 1928, G�mez 1958). De cualquier
manera, las �lites que construyeron el proyecto nacional
fueron cuidadosas en deslindar el pasado con el presente y de
relegar lo ind�gena a un vestigio cuya continuidad
es dudosa, o mejor, se niega (G�mez 1958). Lo anterior
es particularmente evidente en la concretizaci�n misma
del proyecto en campos tales como el educativo. En general, los
textos escolares describen a los ind�genas como grupos
humanos confinados a la aniquilaci�n o incorporaci�n
dentro de la sociedad nacional una vez acaecida la conquista;
pero a su vez, dentro de esa sociedad nacional, se les atribuye
el componente inferior y caduco (Alvarado et. al. 2003: 227-228)
Desde esta perspectiva, es l�gico
que los descendientes producto de tal proceso observen los objetos
arqueol�gicos con una mirada m�s bien arrogante,
ya que ellos mismos buscan negar sus nexos con aquel mundo atrasado.
Tal negaci�n ha permitido que dichos objetos o bien sean
entendidos como una mercanc�a (el caso de la guaquer�a
y comercio il�cito de bienes arqueol�gicos) o simplemente
sean invisibilizados. Debido a que el arte rupestre dif�cilmente
puede ser convertido en objeto de intercambio, es entonces ignorado(3).
La prueba de ello est�
en que algunos visitantes del parque arqueol�gico dicen
haber caminado por �l sin haber visto "ningunas
pinturas". Esto se debe a que los objetos son cognoscibles
solo si existe una estructura de significaci�n que los
aglutine. Como dicha estructura de significaci�n los niega,
ellos desaparecen. De tal forma que cuando un visitante encuentra
una superficie lisa en las rocas es factible que decida escribir
o pintar algo sobre ellas, a pesar incluso de que su sistema de
percepci�n de cuenta de que existen unas figuras previamente
elaboradas(4). Como las figuras existentes
no guardan ninguna significaci�n, y por tanto carecen de
alguna carga valorativa, no existe alguna contradicci�n
que permita al nuevo pintor confrontarse respecto a la obra anterior(5).
Tal caso aplica a lo que se podr�a denominar el visitante
informal que por alguna raz�n, diferente al arte rupestre
mismo, llega al sitio, y no se relaciona con los casos premeditados
de eliminaci�n del arte rupestre con miras a extirpar idolatr�as
y/o restos de cultos paganos(6).
Teniendo en cuenta la noci�n
misma de patrimonio, entendida como una posesi�n (un bien)
que un individuo o grupo identifica como propio (Ballart 1997:
17), es entonces evidente que el proceso hist�rico acaecido
con los objetos ind�genas, al ser sistem�ticamente
negados y despojados de valor, se comprenden mas bien en t�rminos
anti-patrimoniales. Lo cual explica porqu� la gente simplemente
los desconoce y altera. Independientemente de la concepci�n
que la gente pueda construir de patrimonio (o bien la reglada
con base en una dudosa idea de naci�n por parte del estado
o la de apropiaci�n por parte de las comunidades locales
con miras a la reivindicaci�n de elementos territoriales,
econ�micos o culturales) ella solamente puede cimentarse
en la re-construcci�n del objeto, de hacerlo nuevamente
cognoscible. Solo as� se podr� pretender en un futuro
que no se vuelvan a presentar actos vand�licos.
Conclusi�n
Si bien el proceso de restauraci�n
iniciado a algunas rocas del Parque Arqueol�gicode Facatativ�
ha sido exitoso en t�rminos de retirar los materiales que
de una u otra manera las cubren o deterioran, es evidente que
el contexto sociocultural en el que el Parque se inscribe hace
insostenible el proyecto a largo plazo. En pocas palabras, los
recursos financieros y humanos invertidos pueden perderse f�cilmente
ante la fr�gil l�nea que demarca la recurrencia
de actos vand�licos. No existen en �ste momento
las condiciones de infraestructura o la apreciaci�n sociocultural
suficiente que impida que, una vez restauradas, las rocas con
arte rupestre puedan ser objeto de nuevos actos de vandalismo.
Este proyecto ha ense�ando
que, para el caso de los objetos arqueol�gicos in situ,
es necesario asegurar la conservaci�n a largo plazo como
requisito previo a la implementaci�n de un programa de
restauraci�n. La conservaci�n, no solo para el caso
de las pinturas del Parque Arqueol�gico sino para todos
los sitios con arte rupestre en el pa�s, es impensable
en t�rminos policivos y por ende solo puede dirigirse a
los potenciales agentes de alteraci�n. A �ste respecto,
es necesario educar al visitante para que dentro de su esfera
de percepci�n haga visible el objeto arqueol�gico
y asigne as� un valor, que en el mejor de los casos podr�
ser patrimonial. Lo que se ha denominado conservaci�n preventiva
(Strecker y Taboada 1995) implica educar al visitante para que
sepa que es lo que va a observar una vez dentro del sitio arqueol�gico
y as� se reduzca el riesgo de da�o. Aunque de forma
paulatina se han venido construyendo en Am�rica Latina
parques arqueol�gicos cuyo objetivo es la conservaci�n
de algunos grupos de sitios con arte rupestre, y el disfrute de
los mismos por parte de los visitantes (Strecker y Podest�
2006), es evidente que la ampliaci�n de la frontera urbana
y el avance mismo de la investigaci�n sobre el tema ponen
en evidencia una cada vez mayor cantidad de yacimientos cuya incorporaci�n
a sistemas protegidos por infraestructura es sencillamente imposible.
Para el caso colombiano, la caracter�stica dispersi�n
del arte rupestre y la estructura misma de tenencia de la tierra
impiden que se puedan agrupar los yacimientos en parques y desarrollar
obras de infraestructura (lo cual es adem�s oneroso). Esto
significa que, si bien es importante el dise�o y construcci�n
de parques arqueol�gicos, los esfuerzos deber�an
concentrarse prioritariamente en proyectos de car�cter
educativo, los cuales deben ser generalizados e ir encaminados
a la preservaci�n de cualquier manifestaci�n en
el lugar en que se encuentre.
Pero es importante no volver a
caer en los errores derivados de los fallidos intentos de construcci�n
nacional. Es impensable intentar construir un consenso donde las
diferentes versiones del pasado sean simplemente aglutinadas en
torno a un proyecto elitista y excluyente. La noci�n misma
de patrimonio debe abandonar progresivamente el car�cter
meramente estatal y legislativo para inscribirse en los mecanismos
de construcci�n de la memoria colectiva. Es simplemente
hacer visibles los objetos, que denominamos patrimoniales, con
la esperanza de que ellos sean paralelamente conservados en el
marco de un proceso mediante el cual las comunidades asignan un
significado a algo que, en el mejor de los casos, pueden
entender como su pasado.
Notas:
(1).Sin
embargo, es importante mencionar que el conjunto rupestre ha sido
objeto de diversas interpretaciones, en diferentes �pocas,
como por ejemplo las que asignan a las figuras un significado
cosmol�gico (Ghisletti 1954), como punto de demarcaci�n
territorial (Triana 1924) o como un santuario a la figura de la
rana (Nu�ez 1959). Estas interpretaciones se basaron en
asignaciones cronol�gicas y culturales arbitrarias y no
pueden ser aceptadas debido a que no poseen una estructura de
argumentaci�n suficientemente s�lida (Arguello 2001).
(2)Procedimientos
similares han sido aplicados por ejemplo en Canad� (Wainwright
1995) y Bolivia (Loubser y Taboada 2005).
(3)No
obstante, el �rea adyacente a muchas rocas con arte rupestre
es generalmente guaqueada con el fin de buscar posibles entierros
con oro, incluso algunas rocas han sido dinamitadas bajo el supuesto
que en el centro de ellas los ind’genas escondieron tesoros (Botiva
2000).
(4)Las
zonas de las rocas en donde se ejecutaron pinturas en tiempos
prehisp�nicos fueron previamente pulidas o alisadas con
el fin de procurar una superficie apta (Bateman y Mart�nez
2001). Generalmente, el resto de la roca presenta una textura
rugosa que impide la agregaci�n y/o aplicaci�n de
alg�n material de base l�quida, lo que hace que
los pintores modernos utilicen precisamente esas superficies previamente
adaptadas.
(5)Esto
tambi�n podr�a explicar el porque de los usos diversos
que los habitantes actuales dan a las rocas con arte rupestre.
Botiva (2000) ilustra varios casos en donde el arte rupestre paulatinamente
desaparece debido al uso de las rocas para actividades cotidianas
tales como la deposici�n y quema de basuras, la instalaci�n
de porquerizas y tanques, o la voladura para obtenci�n
de materiales de construcci�n.
(6)Se
han documentado algunos sitios donde, por ejemplo, los sacerdotes
cristianos han cubierto o martillado pinturas rupestres con el
objeto de eliminar los referentes materiales a cultos denominados
por ellos paganos o sat�nicos.

C�mo
citar este art�culo:
ARGUELLO
GARC�A, Pedro Mar�a. Restauraci�n
y educaci�n en el arte rupestre. Notas sobre un caso Colombiano
(Parque arqueol�gico de Facatativ�).
En
Rupestreweb, http://rupestreweb.info/facaresta.html
2006
Bibliograf�a
Alvarado, Jairo et. al.: Formas p�blicas
de la arqueolog�a y discursos escolares: poder, memoria
y pedagog�a a trav�s de las representaciones del
pasado. En C. Gnecco y E. Piazzini (editores), Arqueolog�a
al desnudo. Reflexiones sobre la pr�ctica disciplinaria:
223-259. Editorial Universidad del Cauca. Popay�n
�lvarez, Mar�a: Procesos
de conservaci�n en la piedra 16. Parque Arqueol�gico
de Facatativa. Ms. Instituto Colombiano de Antropolog�a
e Historia.
�lvarez, Mar�a y Mart�nez,
Diego: Procesos de documentaci�n y conservaci�n
en los conjuntos pictogr�ficos 19 y 20 Parque arqueol�gico
de Facatativa (Cundinamarca). Ms. Instituto Colombiano de
Antropolog�a e Historia.
- Procesos de documentaci�n y conservaci�n
en los conjuntos pictogr�ficos 20A y 20B (16, 19 y 20)
Parque arqueol�gico de Facatativa (Cundinamarca).
Ms. Instituto Colombiano de Antropolog�a e Historia.
Arguello, Pedro: Arte rupestre: estudio
cr�tico de las interpretaciones. Tesis de Grado (sin
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Distrital Francisco Jos� de Caldas. Bogot�.
Arguello, Pedro y Mart�nez,
Diego: Documentaci�n roca No. 16, Parque Arqueol�gico
Piedras de Tunja, Facatativa-Cundinamarca. Ms. Instituto
Colombiano de Antropolog�a e Historia.
Ballart, Joseph: El patrimonio hist�rico
y arqueol�gico: valor y uso. Editorial Ariel. Barcelona
1997.
Bateman, Catalina y Mart�nez,
Andrea: T�cnica de Elaboraci�n de las Pictograf�as
Ubicadas en el �rea de curso del R�o Farfac�.
T�sis de Grado (sin publicar), Facultad de Restauraci�n
Universidad Externado de Colombia. Bogot�.
Botiva, �lvaro: Arte rupestre
en Cundinamarca. Patrimonio cultural de la naci�n.
Gobernaci�n de Cundinamarca. Instituto Colombiano de
Antropolog�a e Historia. Bogot�.
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G�mez, �lvaro: La revoluci�n
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en el Estado y de la Naci�n de la Nueva Granada.
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Conservaci�n de Incamachay: Limpieza de Graffiti.
En Bolet�n No. 19: 49-57. SIARB, La Paz.
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Strecker, Matthias y Taboada, Freddy:
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y Conservaci�n de sitios de Arte Rupestre, Contribuciones
al estudio del Arte Rupestre Sudamericano No. 4: 101-111. SIARB,
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Strecker, Matthias y Podest�,
Mercedes: Rock Art preservation in Bolivia and Argentina.
En COALITION CSIC Thematic Network on Cultural Heritage. Electronic
Newsletter, No. 11: 5-10. http://www.rtphc.csic.es.
Triana, Miguel: El jerogl�fico
Chibcha. Carvajal & Compa��a: Cali. 1972 [1924]
Wainwright, Ian: Conservaci�n
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En: M. Strecker y F. Taboada (editores). Administraci�n
y Conservaci�n de sitios de Arte Rupestre, Contribuciones
al estudio del Arte Rupestre Sudamericano No. 4: 52-81. SIARB,
La Paz.
Comentario
al art�culo: Restauraci�n
y educaci�n en el arte rupestre. Notas sobre un caso Colombiano
(Parque arqueol�gico de Facatativ�)
Mar�a Paula �lvarez
mpalvarez2001@yahoo.com Restauradora
de Bienes Muebles
El art�culo de Pedro Arguello
hace una breve descripci�n de las pictograf�as del
Parque Arqueol�gico de Facatativ� y su deterioro,
de los trabajos de restauraci�n all� realizados y
de la dif�cil situaci�n que enfrenta este patrimonio
al no ser valorado ni reconocido, asunto que contribuye a que el
vandalismo continu� deteriorando las pictograf�as
y haga de los trabajos de conservaci�n, esfuerzos sin sentido.
Como coordinadora del equipo de
restauradores contratados por el ICANH para hacer la intervenci�n
de las pictograf�as 16, 19, 20, 20A y 20B durante los a�os
2003, 2004 y 2005 y con el fin de completar y precisar lo expuesto
por Pedro Arguello quisiera hacer algunos comentarios a este art�culo.
En el art�culo se mencionan
algunos de los deterioros que afectan las pictograf�as sin
embargo no se hace referencia a la presencia de sales en superficie,solubles
(nitratos) e insolubles (silicatos). Este deterioro interviene con
la apreciaci�n de las pictograf�as y en buena medida
resulta irreversible en la medida en que las sales son de naturaleza
insolubles y las condiciones de humedad que lo provocan son inherentes
a la roca y el sitio, no pueden controlarse. (Una parte de la humedad
que ha acentuado la aparici�n de sales es la aportada por
la pr�ctica de humedecer las pictograf�as para permitir
su mejor observaci�n. Esta pr�ctica debe evitarse
tanto como el vandalismo.)
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Intensa presencia de sales
(�reas blanquecinas) sobre la superf�cie rocosa,
causada posiblemente por la cont�nua pr�ctica
de humedercer las pictograf�as para permitir su observaci�n.
(foto
Diego Mart�nez C.)
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Cuando el art�culo describe
los procesos de intervenci�n dice que sobre las pictograf�as
se llev� a cabo una limpieza mec�nica con agua lo
que es impreciso. En efecto, si bien el agua fue utilizada para
limpiar las zonas de la piedra que no presentan pictograf�as,
sobre las zonas en donde se observan motivos rupestres se evit�
su uso: "Considerando que el agua es el agente que contribuye
a la movilizaci�n de las sales, los procesos a realizar en
las zonas de la piedra con pictograf�as deb�an evitar
en lo posible el uso de grandes cantidades de cualquier m�todo
que implique humedad". As� la piedra, en estas zonas,
fue trabajada primero con m�todos en seco, en donde se removi�
mec�nicamente la suciedad superficial y acumulada, los vidrios
y deshechos que se encontraban en estas zonas. Posteriormente la
totalidad de la superficie fue trabajada con borradores suaves que
sirvieron para retirar en mayor profundidad la suciedad acumulada,
algunos graffitis (realizados en carb�n y l�piz),
parte del velo salino y de la capa de arcilla que cubr�a
parcialmente la superficie.
Finalmente se retiraron los graffitis
y las manchas de excrementos y resinosas con la mezcla de solventes
org�nicos seleccionada a partir de la prueba de solventes.
En algunos graffitis y manchas se aplic� el solvente con
hisopo y despu�s se completaba la acci�n con la ayuda
del bistur�, en otros graffitis se deb�a insistir,
sobre todo en las superficies m�s rugosas de la piedra, con
un cepillo de cerdas pl�sticas y se retiraban los excesos
con motas de algod�n." (Alvarez, 2003)
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Eliminaci�n de
la resina con solventes org�nicos y bistur�
. En la medida en que la resina se ha polimerizado y adherido
a la roca en algunas zonas hay que insistir utilizando cepillos
de cerda pl�stica . (foto
Mar�a Paula �lvarez)
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Otro particular que el art�culo
no menciona es la preocupaci�n misma del equipo de trabajo
de documentaci�n y restauraci�n, en relaci�n
al descuido administrativo, el vandalismo y la falta de valoraci�n
patrimonio rupestre. Dicha preocupaci�n aparece expuesta
en los informes de los a�os 2003 y 2004, y fue abordada al
elaborar el Plan de Manejo del Parque Arqueol�gico de Facatativ�
(M. �lvarez, I.Quintero, D. Mart�nez y M. Rodr�guez,contratado
por el ICANH a principios del a�o 2005) y la intervenci�n
realizada en el a�o 2005. Dicha intervenci�n tuvo
como objetivos recuperar el trabajo de restauraci�n de los
conjuntos 16, 19 y 20, hacer la documentaci�n y restauraci�n
de los conjuntos 20A y 20B, realizar un cerramiento temporal que
protegiera las pictograf�as mientras se comenzaba a implementar
lo recomendado en el Plan de Manejo y dar inicio a las labores de
sensibilizaci�n y educaci�n. Los objetivos fueron
cumplidos y el inicio de la labor educativa se dio a trav�s
del dise�o e instalaci�n de dos vallas que informaban
sobre la presencia de pictograf�as y daban cuenta de los
trabajos de restauraci�n adelantados.
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Valla educativas colocadas
frente a las rocas intervenidas.
(Dise�o
Diego Mart�nez C.)
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Cerramiento preventivo
temporal. (foto
Diego Mart�nez C.)
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Actualmente el ICANH adelanta la
implementaci�n y revisi�n del Plan de Manejo del Parque
arqueol�gico de Facatativ� lo que seguramente conducir�
al manejo adecuado del lugar, la realizaci�n de labores educativas
y la consecuente valoraci�n y protecci�n de las pictograf�as

—�Preguntas,
comentarios? escriba a: rupestreweb@yahoogroups.com—
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