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El Peyote Asesino (álbum)

Artículo bueno
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El Peyote Asesino
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Álbum de estudio de El Peyote Asesino
Publicación Diciembre de 1995
Grabación 15 de Julio – 25 de octubre de 1995[1][2]
Estudio Estudio del Cordón (Montevideo, Uruguay)
Género(s)
Formato
Duración 42:31
Discográfica Orfeo
Productor(es)
  • Gabriel Casacuberta
  • El Peyote Asesino
Cronología de El Peyote Asesino
El Peyote Asesino
(1995)
Terraja
(1998)

El Peyote Asesino es el álbum debut de la banda de rock uruguaya homónima, editado en diciembre de 1995 por el sello Orfeo. Considerado una de las obras fundacionales del rap rock en Uruguay, el disco surgió de un proceso creativo acelerado en el que sus integrantes —jóvenes músicos en gran parte formados durante el exilio de sus familias en México— consolidaron una propuesta que fusionó rock, funk, hardcore y hip hop con una estética verbal basada en la actitud, el humor corrosivo y el uso rítmico del lenguaje cotidiano. Grabado entre julio y octubre de 1995 en el Estudio del Cordón, el álbum se benefició de las horas de estudio obtenidas tras ganar el concurso «Generación 95» y proyectó al grupo dentro de la escena underground montevideana, donde rápidamente adquirió notoriedad por su energía en vivo y por un sonido inusualmente sólido para los recursos técnicos disponibles en la época.

El trabajo incluye doce canciones —entre ellas tres versiones y una remezcla— y presenta la figura autoral de «L. Mental», seudónimo bajo el cual el vocalista principal de la banda, Fernando Santullo, elaboró parte central del repertorio. Su portada, diseñada por Federico Macazaga, incorporó personajes de la historieta mexicana El Santos, reforzando el cruce cultural que marcó la identidad del grupo. Tras su lanzamiento, el disco alcanzó alrededor de mil copias vendidas en sus primeros meses y se convirtió en un referente inmediato del rock nacional, destacándose por su sonido contundente y su capacidad para trasladar el espíritu de los conciertos al estudio. Con el tiempo, varias de sus composiciones —como «L. Mental», «El Peyote Asesino» y «La concha»— adquirieron estatus de clásicos dentro del repertorio del grupo.

La obra ha sido objeto de sucesivas reediciones en CD y vinilo y de revisiones críticas que la sitúan entre los discos más influyentes de la música uruguaya. Su legado se vincula tanto con la consolidación posterior del hip hop local como con la proyección internacional temprana de la banda. En 2025, con motivo de su trigésimo aniversario, el grupo celebró el lanzamiento con un concierto integral del álbum, una nueva edición en vinilo con material inédito y la publicación de un libro monográfico que revisita su contexto histórico, su impacto y su lugar en la cultura musical del país. Estas actividades reafirmaron la vigencia del disco y su condición de hito dentro de la producción artística uruguaya de los años noventa.

Antecedentes

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A finales de 1994, Juan Campodónico y Fernando Santullo formaron El Peyote Asesino,[3] cuyo nombre remite al cactus alucinógeno que utilizan los indígenas huicholes mexicanos en sus rituales; sin embargo, también refiere a la tira cómica de culto mexicana El Santos, que toma sarcásticamente elementos de la subcultura hippie, y uno de los personajes de esa tira es El Peyote Asesino.[4][5] Campodónico y Santullo fueron hijos del exilio, de familias que se han refugiado en México durante la dictadura cívico-militar de Uruguay de 1973.[6] El 21 de agosto hicieron su debut en el pub El Perro Azul.[7][8][9] Campodónico consideró el sitio como «un bolichito muy pequeño, sin escenario, a piso», y «muy bueno».[10] El baterista Roberto Rodino comentó que el lugar «era una casa vieja, puerta a la vereda... Entrabas y había una habitación a la izquierda donde habían unas mesas, pero el escenario estaba atrás de [una] pared, o sea, te tenías que levantar de ahí para meterte a lo que sería como el living de tres por tres».[11]

Originalmente en la agrupación estaba Rodino en batería, pero pronto después se retiraría y fue reemplazado por Carlos Casacuberta (voz y guitarra) y José «Pepe» Canedo (batería);[9] en la cual el primero también fue hijo del exilio durante la dictadura.[6] Ambos aparecieron por primera vez en la segunda presentación de la banda en otro pub llamado Big Bang ubicado en Parque Rodó (Montevideo), donde llegaron a tocar seis canciones.[12][13] Posteriormente a esa presencia le seguirían otras como el Encuentro de Arte Joven La Movida y varias en el movimiento underground montevideano.[9] En el mes de noviembre presentan una demo en el concurso «Generación 95»,[14] auspiciado por «Rock de primera» —suplemento del periódico Últimas Noticias—,[15] Control remoto —programa de música de Canal 10— y X FM 100.3;[16] el volante incluía la palabra «En busca de las bandas del futuro».[16] Fueron declarados ganadores por los jurados y, como premio al que denominaron como «mayor»,[16] recibieron horas de grabación en un estudio para un disco[13] y un puñado de guitarras marca Samick.[16][17]

Grabación y composición

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«Sobre la grabación del disco te diría que, en realidad fue todo como de rebote. No teníamos fijado grabar un disco, había un pequeño demo que habíamos grabado y que circulaba por ahí. Nos presentamos a un concurso que organizaba la X, Control remoto y el suplemento Rock de Primera, el concurso “Generación 95”, en el cual el premio era grabar un compacto, y bueno, salimos. Fue todo como de improviso, tuvimos que componer los temas de apuro para ese disco».
—Carlos Casacuberta para Corcheas en su tinta en abril de 1998.[18]

El Peyote Asesino se grabó entre el 15 de julio hasta el 25 de octubre de 1995 en el Estudio del Cordón, ubicado en Montevideo (Uruguay).[2][1][13] Cuadriplicó las cuarenta horas que cubrió el premio de «Generación 95», y la cuenta final al cliente fueron de 164 horas de estudio y un total de US$2 952.[2] Santullo explicó que la banda vendió las guitarras Samick que ganaron en el concurso para que pudieran pagar las horas adicionales.[2] Ese 15 de julio por la tarde empezaron a registrar las bases —jerga para describir las grabaciones de batería y bajo— y las grabaciones insumieron de cuatro cintas S-VHS y DAT.[1] Para este periodo, el estudio propiedad del ingeniero de sonido Luis Restuccia era nuevo, que según a su palabra, venía a llenar el espacio que había dejado el cierre del antiguo estudio La Batuta.[1] El local estaba ubicado en el barrio Cordón (Montevideo),[19] Carlos Casacuberta recordó que cuya entrada era «como un tubo» y que «Luis había acondicionado eso y era extremadamente oscuro, había luz artificial en todo».[20] Recordó también que el lugar ni era de su agrado ni «particularmente acogedor... tampoco un lugar con onda».[20]

Lo produjo Gabriel Casacuberta, hermano de Carlos, y el ingeniero de sonido era Restuccia.[13] El vocalista principal de la banda, Fernando Santullo comentó: «A veces yo decía “quiero que mi voz suene un poquito más podrida”, y de repente a Luis le decía “podrida” y se imaginaba algo que tenía olor feo, pero Gabriel, como había escuchado a los Beastie Boys, actuaba de nexo».[13] En ese 15 de julio la sesión se expandió en 5 horas, según consta en una planilla de trabajo del estudio que registraba el día a día el proceso de grabación.[21] Gabriel resumió su papel en las primeras sesiones como «una especie de garante de que [el disco] no tuviera un sonido muy “música popular uruguaya”»,[22] mientras que Carlos por otro lado opinó:

Mi hermano habia hecho cierto trayecto en el mundo de la grabación, tenía una familiarización con el mundo del estudio, con la técnica, con los micrófonos, con la compresión, con la mezcla, con la distorsión, con cómo se fuerza o no, con lo que se puede hacer, con lo que no se puede hacer... Entonces Gabriel estaba ahí para traducir.[22]
Carlos Casacuberta

Gustavo Santaolalla, tenía interés en remezclar su primer disco y lanzarlo globalmente, pero posteriormente dio el rol de productor para el segundo trabajo de la banda, Terraja (1998).[23] Su estilo combina rock, con funk, hardcore y hip hop.[24] Las letras de El Peyote Asesino están escritas sin intención de decir algo en específico, sino más bien transmitir actitud:[25] «Queremos evitar decir cómo son las cosas, dar un mensaje de algún tipo. Las palabras están allí muchas veces porque suenan bien en ese punto, porque rítmicamente son atractivas. Usamos palabras que están en el lenguaje de todos los días».[26] Contiene trece canciones en total, tres de las cuáles son covers,[a] y una es la versión radio de «Wanker», tercera pista del disco. Carlos Casacuberta durante una entrevista con el programa La Púa de Teledoce recordó: «Era un Peyote mucho más funky, eléctrico, era un Peyote mucho más Chilli Peppers. Había cosas raras: “Todos muertos” terminó siendo una canción punk y era una canción de reggae».[29][30]

Para las letras del disco, Santullo creó un seudónimo suyo llamado «L. Mental», y a partir de ahí fue la principal fuente de composiciones del disco como las canciones «L. Mental» o «El Peyote Asesino».[31][3] El vocalista para Rise! en 2009, develó como surgió ese sobrenombre: «Lo de “L. Mental”, que por cierto he abandonado, viene de burlarse de los nombres raperos que se dan para adelante: Master P, Grandmaster Flash, etcétera. Quise un nombre que tuviera algo medio auto denigrante, por eso “L. Mental”»;[32] actualmente ya no se siente identificado bajo ese alias: «No. Demasiadas canas en la barba. Ya no se puede».[33] Los propios miembros de la banda para Rock de primera dijeron su música es «un papelón, lo que pasa es que hay gente a la que le gusta»,[6] aunque reconocen cualidades del rock producido con «prolijidad milimétrica».[6]

Tuvieron que apresurar los procesos de composición para el disco, debido a que en aquel momento la banda no tenía experiencia en tocar.[18] Campodónico dijo: «Tuvimos que armarnos de golpe y comenzar a ensayar fuerte» y Casacuberta reveló: «Yo en realidad me hice músico de viejo, tuve que aprender a tocar la guitarra y cantar. “L. Mental” [Santullo] no era cantante, tuvo que agarrar todos los piques, creo que, en realidad, se dedicó al rap porque no era un cantante y deliraba con estar en un escenario y bueno, el tipo de música que le daba esa cabida era el hip hop».[18] Él mismo dio más detalles al respecto de cómo se involucró a la agrupación, argumentando que con la poca experiencia musical que tenía, acudía a Campodónico para tener ensayos:

«Fernando [Santullo] lo había descifrado porque entre otras cosas había viajado a Nueva York, se volvió con un montón de discos y probablemente tenía el único ejemplar de, no sé, House of Pain o los Beastie Boys de Check Your Head. Pero lo que trajo el hip hop fue una bomba. (...) Yo en Peyote aprendí todo, porque hasta fui con Juan [Campodónico] a comprarme el primer equipo de guitarra que tuve, yo no sabía prenderlo, era una cosa pesada, como si fuera un mueble, una cosa de madera horrible, y me lo tuve que llevar en brazos. Ese es un poco el símbolo de lo que fue: un lugar donde todos aprendimos juntos, como parte del juego. Siempre pienso que El Peyote me dio la posibilidad de existir musicalmente».
Carlos Casacuberta[34]

Música y temática

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Lado A

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«El Peyote Asesino» abre el álbum como introducción directa, que funciona como carta de presentación para la banda.[35][36] El verso del estribillo, «El Peyote Asesino está acá», estableció desde el inicio la identidad del grupo y situó su propuesta dentro de la escena local uruguaya, que según Gabriel Peveroni en Posdata, «está perdiendo la cabeza», en alusión a un quiebre estilístico dentro del rock uruguayo contemporáneo.[36] El tema combina elementos de rap con un estribillo descrita como «impronta zeppeliana».[36] La banda concibió la canción como una carta de presentación y decidieron agregarla al comienzo del disco por su «capacidad introductoria».[36] Según declaraciones de Santullo: «El primer tema es como un jingle, habla del grupo. Lo elegimos para abrir. Originalmente era más corto, pero le agregamos esa zapada que tiene al final y quedó así... Es un tema más de síntesis, con una cosa rapera y un estribillo medio zeppelinesco. Pensamos que funcionaba bien como carta de presentación».[36]

«Chupando la cuchara» presenta letras que enfatizan el rechazo a la imposición ideológica.[36] El proceso de selección del tema dentro del repertorio del álbum generó dudas iniciales en la banda, ya que según el testimonio de sus integrantes, consideraban la canción «horrible» en una primera instancia,[36] pero el productor Gabriel Casacuberta insistió en incluirla.[36] La composición del tema avanzó de forma fragmentaria: los músicos lo denominaron inicialmente como «ese temita» y reconocieron que lo construyeron por partes, sin una estructura definida en sus primeras etapas.[36] La banda atravesó varios meses de trabajo hasta alcanzar una forma final cohesionada, que en retrospectiva describieron como un «pegote» que terminó funcionando.[36] Ellos la describen como «caprichosa, asimétrica y recortada», aunque también identificaron elementos propios de la música pop como la disposición en secciones de tipo A y estribillo.[36] La banda no planificó deliberadamente esa cercanía con el formato pop, sino que la atribuyen a su exposición constante a ese tipo de música: «si escuchás mucha música pop, terminás haciendo pop».[36]

«Wanker» es la tercera pista del álbum, cuyo título emplea un término del inglés británico que alude de forma despectiva a los «cultores de Onán».[36] La introducción incluye un sample de la película de clase B Tremors (1990). Según explicó Santullo, el audio proviene de una grabación televisiva de la película: «Lo grabó Juan de la televisión, de una película de clase B que se llama Temblores... Es una que salen unos bichos de abajo de la tierra y se morían en un pueblo».[36] El proceso compositivo surgió de manera espontánea durante una sesión nocturna. «Salió en una mesa, de noche: no sabíamos qué otro tema... Después apareció él [L. Mental] con un estribillo... ya durante la grabación del disco», recordó Carlos.[36] En el plano estilístico, la canción incorpora influencias del hip hop latino, con referencias cercanas a Cypress Hill.[36] La letra acumula alusiones a la cultura pop y a la música de décadas anteriores: «También aparece el tipo latino, del inmigrante que llegó anteayer, tipo Cypress Hill; la letra está llena de recuerdos y canciones de los setenta».[36]

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«Todos muertos» tuvo inspiración de la banda de rock brasileña Titãs (fotografiados en 2013)

«Todos muertos» tuvo inspiración del disco Titanomaquia (1993) del grupo brasileño Titãs, cuyo estilo influyó en su estética sonora.[37] Originalmente el tema era una canción orientada al reggae, con un tono lento, y poco después quedó como una canción del estilo punk.[38] Peveroni la describió como uno de los momentos más violentos del álbum, y destacó su cercanía con ese género y su ruptura con las convenciones del rock local.[37] Los miembros de Peyote explicaron que el enfoque estilístico del tema responde a una búsqueda de mayor crudeza y contundencia: «Lo nuestro es más yanqui, más directo», afirmaron, en referencia a la influencia de sonidos internacionales y a la prioridad otorgada al impacto inmediato.[39] El título y el contenido lírico remiten a una referencia literaria asociada a la violencia y odio.[39] En vivo, «Todos muertos» lo utilizan para responder a la demanda del público por mayor intensidad: «Sirve en los momentos en que el público te empieza a gritar: “Tocá algo fuerte”… “Fuerte, tu vieja…”».[39] Los músicos señalaron además que el tema convive con composiciones de distinto carácter dentro del disco: «En el disco hay canciones más lentas, otras más swingeras… y este, que para ser un tema fuerte, está bastante bien». De este modo, la canción se consolida como uno de los puntos de mayor energía del álbum.[39]

«Satisfaction» es una versión del tema de The Rolling Stones «(I Can't Get No) Satisfaction». La canción adquirió notoriedad en los primeros recitales del grupo, donde contribuyó a consolidar su identidad escénica.[39] Junto con «Chupando la cuchara», se convirtió en uno de los primeros temas que lograron repercusión, y funcionó como carta de presentación en el concurso de nuevas bandas organizado por Rock de primera, celebrado a fines del año anterior.[39] Según declaraciones de miembros del grupo, la versión se basa directamente en un demo de la banda brasileña DeFalla,[40] a quienes atribuyen el mayor crédito por la adaptación: «El máximo crédito de la versión le corresponde a DeFalla [banda de Porto Alegre]. En realidad esta es una versión de un demo de ellos, porque después la registraron en un disco utilizando máquinas», dijo Santullo.[39] El mismo integrante expresó una postura crítica hacia los autores originales: «Hay una relación rara con Jagger y Richards, porque odio a los Rolling Stones y no me gusta nada la música de esos tipos».[39] En contraste, Campodónico destacó la influencia histórica de la banda británica: «Un adolescente en cualquier parte del mundo, que vive en una ciudad, pasa por los Rolling Stones. Son los padres de lo que es una banda de rock and roll».[39]

«Lyrics» surgió de una improvisación en el estudio,[41] y funciona como un momento de pausa frente a la intensidad de las pistas anteriores.[41][39] La canción se originó de forma espontánea durante la grabación en estudio:[41] «Es un tema que pintó en el estudio, de manera muy espontánea. Todo, letra, música y efectos, fue zapado», recordó Campodónico.[39] El efecto de «Lyrics» en el ambiente de grabación resultó inmediato.[41][39] El cambio de ritmo permitió un respiro físico y anímico en una sesión marcada por el calor y la intensidad.[39] En ese contexto, uno de los presentes interrumpió momentáneamente la actividad para traer agua mineral y vaciar el cenicero, lo que refleja el clima de agotamiento en el estudio.[39] Desde el punto de vista de la recepción interna, la canción elevó el ánimo del grupo. «A mí es un tema que me puso muy contento, porque en la rosca de estar grabando no te das cuenta de cómo estás sonando. Y como este tema lo hicieron solos Carlos y Juan, lo escuché mezclado, terminado, y me encantó. Levantó un poco la moral en todos», comentó Daniel Benia. En la misma línea, Santullo definió el tema como «una pausa que hacía falta, un respiro».[39] En cuanto a su interpretación vocal, la grabación presenta una toma cercana e íntima. «Está cantado a medio centímetro del micrófono, a las ocho de la mañana» dijo Casacuberta, lo que contribuyó a su sonoridad particular y refuerza el contraste con el resto del disco.[39]

Lado B

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«L. Mental» está caracterizada por su estructura basada en la acumulación de imágenes y referencias culturales.[39] El texto incluye una extensa enumeración que remite de forma directa al tango Cambalache, específicamente en el verso «la Biblia junto al Movicom»,[39] lo que estableció un vínculo explícito con la tradición rioplatense de crítica social mediante la yuxtaposición de elementos dispares.[39] Desde el punto de vista musical, «L. Mental» presenta un enfoque rítmico marcado y continuo. Según Campodónico, «están pasando doscientas mil cosas todo el tiempo», en referencia a la densidad sonora y lírica del tema.[39] Este procedimiento responde a una lógica frecuente en el rap, donde la superposición de capas rítmicas y discursivas genera una percepción de complejidad que puede pasar desapercibida en una escucha superficial: «si no prestás atención apenas escuchás la base y un tipo rapeando, pero pasan millones de cosas».[39] El propio músico justifica esta acumulación en la «intención rítmica» de mantener un pulso constante.[39] En relación con la técnica vocal, Santullo rechaza la idea de que el rap consista simplemente en hablar: «un error común es pensar que rapear es hablar».[39] Señalaba además una evolución en la percepción del género, que en décadas anteriores se asociaba a una práctica rudimentaria, pero que en el contexto contemporáneo ha desarrollado códigos propios más complejos.[39] La canción mantiene su estructura en presentaciones en vivo. Benia afirma que «a pesar de lo complicado, el tema se mantiene en vivo»,[39] lo que subraya la solidez de su construcción. No obstante, Santullo indicó que en los recitales adoptan un carácter distinto: «queda una cosa más agresiva, más rápida, más tipo The Clash», en alusión a una intensificación del tempo y la energía.[39] En términos estéticos, Campodónico vinculó a «L. Mental» con una transformación más amplia dentro del género: «el rap de los 90 abandonó el tono fiestero, se hizo lúgubre».[39] Este cambio de clima se reflejó en la atmósfera de la canción, que combinaba tensión rítmica con un tono oscuro y denso.[39] Asimismo, el tema se posicionó como una pieza destacada dentro del repertorio del grupo y funcionó como primer corte de difusión, con la realización de un videoclip.[39]

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«H.K.» es una canción que satiriza la cultura Hare Krishna, en la imagen Bhaktivedanta Prabhupada, fundador de la secta.

«H.K.» —siglas para «Hare Krishna»— presenta un tempo acelerado y una intensidad sostenida que continúa la línea de «Todos muertos».[42] Peyote se inspiró en la banda de rock uruguaya El Cuarteto de Nos para hacer la letras,[43] que hablan de un relato de «tinte psicológico», con una narración que «evoca una deriva urbana y desorientada».[42] La crítica ha comparado ese enfoque con el tipo de historias asociadas al personaje Patrick Bateman, creado por Bret Easton Ellis, trasladado a un contexto montevideano.[42] Según Casacuberta, el tema «ataca a una de las minorías, a los hare krishna», aunque Benia aclaró el tono irónico del enfoque: «tenemos la ventaja de que no son violentos... (risas) No es cuestión de estar atacando a cualquiera».[42] En ese sentido, la banda subraya el carácter provocador de la letra más que una intención de confrontación directa.[42] Desde el punto de vista compositivo, se trata del único tema del disco que desarrolla una narrativa explícita. «Es el único que narra una historia, del tipo “caminaba por una calle sin saber adonde iba”, esa onda», dijo Casacuberta.[42] La construcción sonora acompaña ese recorrido con un énfasis en la crudeza instrumental, Santullo explicó: «es otro de los que quedó más grosso de sonido, con una batería y dos violas re pesadas».[42] La mezcla ubica las voces en un plano secundario frente a las guitarras, que adquieren un rol dominante y transmiten una sensación de urgencia: «siento que las voces quedan atrás y las violas como desesperadas» opinó Casacuberta.[42] Esta elección responde a un criterio deliberado, según palabras de Santullo: «Acá el criterio es que la gente mire el librito, porque no se entiende nada... y no importa, es así».[42]

«Tanta parla» se definió como uno de los temas más agresivos del álbum, tanto en su sonoridad como en su enfoque conceptual.[42] La composición articula un discurso de tono escéptico y crítico. Según declaraciones de Casacuberta, «“Tanta parla” es una especie de mensaje político en el disco […] Es escéptica. O sea, tanta parla acerca de cambiar con el sistema y todo eso».[42] La letra cuestiona las posturas discursivas vinculadas al cambio social y rechaza las fórmulas simplificadas de transformación.[42] En el plano musical, el tema presenta una impronta cercana al estilo de Rage Against the Machine, aunque desde una perspectiva crítica hacia ese mismo modelo.[42] En palabras de Santullo: «Suena a Rage […] pero contra Rage; porque ellos venden recetitas onda “tomen jarabe para hacer la revolución”. La letra pintó por una calentura».[42] Esta postura reforzó el carácter confrontativo de la canción, tanto en su sonido como en su contenido.[42] Santullo también abordó la recepción ideológica del tema. Ante cuestionamientos sobre acusaciones de «posmodernismo», respondió: «No, de burgués integrado, porque estaba tomando Coca Cola y comiendo hamburguesas», en un tono irónico que dialoga con la crítica social presente en la letra.[42]

«Gavilán o paloma / El ojo blindado» constituye una versión del repertorio de Sumo y una introducción de una canción de Rafael Pérez Botija. El cover mantiuvo el carácter híbrido y enérgico del grupo, y se distanciaba del original mediante un enfoque más acelerado y una sonoridad de guitarras más agresiva.[42] Según Santullo, «Sumo era una cosa que siempre estaba a punto de explotar. Nuestra versión salió muy ligada a lo que hacemos en vivo, más rápida que la original […] y con un sonido de viola más […]».[42] Campodónico también subrayó la sensación de inestabilidad y tensión constante que atraviesa la interpretación: «Es como si se estuvieran yendo cosas continuamente […] da esa impresión».[42]

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La última pista de El Peyote Asesino, «La concha», tuvo influjo de la banda de rock estadounidense Primus (izquierda; fotografiados en 1998), y de las Llamadas montevideanas (derecha; foto de 2011). Ellos posteriormente ironizaron esta canción como «El candombe Primus»[44]

«La concha» presenta una de las composiciones más agresivas.[42] Descrita como «un candombe-funk» por Gabriel Pavaroti para Rolling Stone Argentina en octubre de 1998,[45] integra elementos del género, en referencia a las Llamadas montevideanas, aunque sin la intención de respetar el género de forma tradicional.[42] Aunque sus autores insisten en que se trata de un motivo de raíz popular, la pieza admite también una lectura como reinterpretación de estructuras asociadas al candombe.[42] En ese sentido, Benia afirmó: «Este candombe habla con caracolas».[42] Ellos mismos ironizaron al tema como «El candombe Primus».[44] La referencia sitúa el tema dentro de una tradición rítmica específica, reforzada por Benia: «Claro, es un rescate de elementos folclóricos, son bases de candombe, tipo Llamadas».[42] La letra se presenta como un texto de carácter anónimo y popular. Según el propio Santullo: «Y la letra es un anónimo popular... “que te agarro, que te chapo...”».[42] Esta elección enfatiza una conexión directa con formas expresivas tradicionales, alejadas de una elaboración autoral convencional.[42] Benia descartó cualquier intención de experimentación formal dentro del género: «No tiene ninguna intención de ser un candombe avanzado, al contrario».[42] En cambio, el tema se construye desde una lógica instrumental concreta, en particular desde el bajo: «Es un ejercicio de dedos en el bajista. Un poco de Primus sí hacía falta» dijo Santullo, en alusión a la influencia de la banda estadounidense.[42] El proceso compositivo responde a una dinámica espontánea. Santullo relató que la estructura surgió a partir de una idea inicial que se desarrolló colectivamente: «Fue así, a alguien se le ocurrió un pique, después a él se le ocurrió hacer un chico con guitarra enferma arriba, y no teníamos letra... y un día estábamos con un amigo y salió».[42] Finalmente, destacó el efecto provocador del texto frente a consignas más explícitas: «Está bueno, porque de golpe la letra molesta más que decir “¡rebelión, rebelión!” quinientas veces».[42]

Lanzamiento, promoción y reediciones

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José Ignacio Solórzano Pérez (izquierda) y Trino Camacho (derecha), creadores de la tira de cómic El Santos y de los personajes de la portada, también de la misma tira.[46]

El Peyote Asesino salió a la venta en diciembre de 1995 a través del sello Orfeo.[47] Originalmente se llegó a editar en los formatos CD y casete.[48] El arte del disco fue realizado por el diseñador Federico Macazaga;[46] en la portada se puede apreciar al personaje de la tira de cómic mexicana El Santos El Peyote Asesino, mientras que en el extremo izquierdo y derecho están Los Zombies de Sahuayo, también de la misma tira. Los tres personajes están hechos de plastilina. El disco vendió 1000 copias, convirtiéndose en el álbum de rock uruguayo más vendido durante los primeros meses de 1996.[8] En el libro La Era del Casete: Escritos de rock uruguayo 1985-1995 el autor Tabaré Couto comentó: «El primer grupo uruguayo que superó en casete la barrera de las quinientas copias, dio validez a su edición ya en CD y tiempo después logró internacionalizarse fue El Peyote Asesino».[49]

Para promocionarlo la banda grabó el video musical de la canción «L. Mental», dirigido por Pablo Casacuberta —hermano de Carlos—,[50][51] que se empezó a difundir en 1996 en el programa de música Control remoto y en la MTV Latino.[52][53] El video se centra en los miembros de la banda interpretando la canción en un escenario, mientras que en otras escenas aparecen en una bañera, más concretamente en el sanitario doméstico de Carlos.[18] Otras escenas del audiovisual fueron grabadas por Marcelo Casacuberta —otro hermano de Carlos—, José María Ciganda, y la producción fue de Charlone Producciones.[54] Pablo develó que algunas partes del video fueron registradas con una cámara de seguridad.[50] Santullo dijo: «Ese video lo filmamos nosotros con una cámara casera en la casa de Carlitos», mientras que el propio Casacuberta comentó: «Más precisamente en el baño, son unas tomas super comunes y nos encantaron y por eso decidimos hacerlo».[18]

Con el paso de los años el álbum ha sido reeditado tres veces: en 2009 se fabricó una reedición en disco compacto bajo el sello Bizarro —discográfica que editaría el tercer disco de la banda, Serial (2021)—,[55] y posteriormente en 2021 se editó en formato vinilo.[56][57] Para celebrar la nueva edición del álbum en este formato, Casacuberta público vía redes sociales: «En 1995, empezaba con un ruidito a púa sampleado. Ahora se cierra el círculo», esto haciendo referencia al tema de apertura «El Peyote Asesino».[58] En 2025, en conmemoración al 30° aniversario del disco, el Peyote relanzó su primera obra en vinilo una vez más, y ésta incluía ilustraciones de la banda grabándolo en Estudio del Cordón.[59]

Recepción y legado

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El Peyote Asesino en el momento de su lanzamiento generó impacto en el movimiento underground montevideano. Con su salida, la banda fue precursora de la movida hip hop uruguaya, Campodónico comentó: «Fuimos los primeros y con nosotros, comenzó toda una movida que está bárbara, por suerte. En una época era como medio raro tocar hip hop, y nadie te daba bola, en los toques había cuatro o cinco locos. Hoy son de los espectáculos más concurridos del Uruguay, aunque hoy justamente no se dio el caso. Creo que nuestro apogeo se dio hace dos años, pero ahora con la salida del disco nuevo [Terraja] vamos a ver».[18] A su vez se postula entre los mejores álbumes de rock uruguayo: en el periódico El País forma parte de la lista de 50 mejores discos de la historia de la música uruguaya ubicándose en la casilla 48.[60][27] En la revisión indica: «Lo que llamó la atención, y llama la atención hasta hoy, es un sonido óptimo para los recursos técnicos de la época, y para un disco grabado con horas de estudio ganadas en un concurso de tevé. Dosis de rap rock pesado con “El Peyote Asesino” como carta de presentación, tenía vigor, sexualidad y una amplitud ejemplificada en las versiones “Satisfaction” y “Gavilán o paloma / El ojo blindado”».[27] Según Carlos Dopico en su libro Hoy como ayer: Apuntes de colección. Anécdotas de la música uruguaya 1968-2004 fue un disco que dio a la banda «éxito inmediato y proyección internacional».[61]

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Gabriel Peveroni comparó el estilo de El Peyote Asesino con la banda Beastie Boys

Gabriel Peveroni recibió con entusiasmo el disco debut de El Peyote Asesino y lo presentó como una obra divide aguas en el rock local. El crítico afirmó que el álbum posee la potencia necesaria para marcar un antes y un después, y que el público ya comenzaba a adherirse a esa fuerza.[62] Peveroni recordó que la banda sorprendió inicialmente por su capacidad para trasladar la crudeza funk de los Red Hot Chili Peppers en sus primeros recitales.[62] Luego incorporó nuevas referencias: Rage Against the Machine, Titas, Sumo, Primus, House of Pain y elementos de candombe.[62] Con esas influencias, ordenó su agresividad en temas como «Chupando la cuchara», «H.K.» y «Todos muertos». El periodista valoró la producción de Gabriel Casacuberta, que convirtió el trabajo en un «asalto sonoro» contra la falta de sorpresa habitual en el rock montevideano.[62] El crítico resaltó la singularidad del grupo, y a su juicio, los integrantes «superaron la adolescencia» y aportaron experiencia y oficio.[62] Peyote se distanciaron del sonido ochentero dominante en Uruguay, representado por Los Estómagos y Los Traidores, y prefirieron las influencias estadounidenses por encima de las británicas.[62] En «Todos muertos», por ejemplo, alcanzaron el punk a través de guitarras «demoledoras» y optaron por insultos directos en lugar de poesía oscura. Todo lo que sirviera a la energía y al cuerpo del rock reciente, lo incorporaron.Peveroni también subrayó el aporte del hip hop, especialmente la libertad creativa que los Beastie Boys impulsaron con el sampler.[62] Ésa técnica permitió construir canciones por fragmentos superpuestos o «caprichosos». Junto a una grabación que consideró «impecable», el resultado fue un producto visceral que el ambiente local esperaba desde hacía tiempo.[62] El periodista detalló el rol de cada músico: Campodónico y Carlos Casacuberta manejaron las guitarras con riffs «poderosos» y fraseos «empañosos», aunque ocasionalmente abusaron del wah-wah;[62] Daniel Benia y Pepe Canedo colocaron al bajo y la batería en primer plano —algo que era poco común en el rock local— y sostuvieron gran parte del «efecto Peyote» mediante cambios de ritmo y detalles como los de «La concha»;[62] Santullo aportó un estilo propio como cantante, rapero y gritador que transmitió energía tanto en el disco como en vivo.[62] Destacó la versión de «El ojo blindado» como una «gloriosa» adaptación del clásico de Sumo, precedida con ironía por «Gavilán o Paloma». Elogió «La concha» por construir un tema potente a partir de una tonada popular amplificada con un candombe tradicional bien ejecutado. Consideró «L. Mental» un punto alto del rap local que ubicó a la banda al nivel de los referentes del género. También celebró la versión de «Satisfaction» de los Rolling Stones, adaptada a la personalidad Peyote. Entre todos los temas, eligió «Wanker» como su favorito personal.[62] El crítico concluyó que se trataba de un disco que «no defraudaba» y que merecía la compra inmediata.[62]

Ariel Scarpa de Sólo Rock Uruguay durante su reseña al disco dijo que «resultaba casi imposible permanecer imperturbable ante el ataque de “Todos muertos”, “H.K.” o “La concha”, o no dejarse cautivar por “El Peyote Asesino”, “Lyrics” o la impecable versión de “Satisfaction”. Un sonido preciso y contundente que mostraba claramente que El Peyote iba en serio y que estaba dispuesto a plantar una bandera que revolucionaría el rock nacional del momento». Concluyó diciendo: «Hoy, veintiséis años después, El Peyote Asesino [disco y banda] tienen su merecida edición en vinilo, la que en breve estará a la venta. Será una perfecta anticipación del más que esperado nuevo disco de El Peyote, algo de lo que ellos han adelantado algo en sus espectáculos en vivo y que ha generado una gran expectativa. Por esto, mientras seguimos esperando, qué mejor que hacerlo con un vinilo de un disco que, como algunos pocos en el rock nacional, marcaría un antes y un después».[63]

Carlos Dopico al hacer su revisión para la revista Dossier dijo que «sus textos no eran del todo claros, una mezcla de humor negro, corrosión, chilango, spanglish, películas, actores y rimas disparatadas. Bastante después entenderíamos que aquella entidad en la que se cobijaban varios músicos que habían compartido el exilio era mucho más que la suma de las partes. El Peyote pronunciaba sentencias demoledoras o frases desenfrenadas que ninguno de sus miembros por separado podría jamás enunciar».[58] A su vez comentó que las canciones «L. Mental», «El Peyote Asesino» y «La concha» «se volvieron clásicos y detonaron en cada presentación».[58] Santullo expresó como le llamó la atención el éxito de la banda, «porque trataba temas que eran desagradables para el mainstream, incluso para la crítica».[58] Los propios miembros de la banda comentaron:

«El disco debut de Peyote Asesino fue la primera prueba material de que lo que hacíamos en vivo podía ser trasladado al estudio sin perder su espíritu. Para varios de nosotros fue además la primera vez que pisábamos seriamente un estudio de grabación. De yapa, en ese estudio te esperaba Luis Restuccia, el tipo que había grabado a Jaime Roos. Ese debut fue la cristalización de un trabajo de dos años en los que el grupo fue encontrando y desarrollando una forma de componer y tocar en simultáneo, sin parar. El debut de Peyote fue, en definitiva, lo que nos confirmó como una banda real y tangible».
El Peyote Asesino[64]

Celebración del 30° aniversario

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Para conmemorar los treinta años de El Peyote Asesino, la banda organizó un concierto especial en la Sala del Museo del Carnaval (Montevideo), programado para el 6 de diciembre de 2025.[59] En esa presentación la banda interpretó por primera vez el álbum completo en el mismo orden de la edición original, y cerró el show con un repaso de otros temas representativos de su repertorio, incluidos cortes de Terraja y Serial.[59] La convocatoria incluyó como banda invitada a Catatumbo y se destacó que varias canciones se tocaron en vivo tras décadas sin figurar en el set.[59] Como parte del festejo se lanzó una edición en vinilo con motivo del 30.º aniversario.[59] La reedición fue publicada con un nuevo máster realizado por Julio Berta y contó con material gráfico y fotográfico adicional —fotos inéditas de Matilde Campodónico—.[59] La edición en vinilo estuvo disponible en disquerías y comercios especializados, y también apareció en catálogos de venta física.[59] La conmemoración incluyó la publicación de un libro titulado El Peyote Asesino —a cargo del periodista Pablo Izmirlian y la editorial Estuario—, que compila textos, contextualizaciones históricas y material gráfico sobre la grabación del disco debut. La coordinación de esta edición se articuló en conjunto con sellos y productoras vinculadas a la escena local.[59]

La celebración recibió cobertura mediática nacional: medios uruguayos informaron sobre el triple formato del festejo —show, reedición en vinilo y libro— y publicaron entrevistas con integrantes de la banda en las que se comentaba la relectura de las canciones y la vinculación del grupo con su público tras décadas de trayectoria.[65] Además hubo difusión en plataformas de venta de entradas y en las redes de la Sala del Museo.[65] La conmemoración fue interpretada por la prensa y por seguidores como una reafirmación del lugar histórico del disco en la escena musical uruguaya: el acto celebratorio no solo rememoró la fecha de lanzamiento sino que también buscó presentar el álbum como un referente que recupera su vigencia a través de nuevas ediciones y reflexiones críticas y performativas.[66] Crónicas del evento destacaron la energía del público y la recuperación de temas que llevaban décadas sin ser interpretados en vivo.[66]


Lista de canciones

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Todas las canciones escritas por El Peyote Asesino excepto donde se indique.[46]

N.ºTítuloEscritor(es)Duración
1.«El Peyote Asesino»6:02
2.«Chupando la cuchara»3:58
3.«Wanker»2:54
4.«Todos muertos»3:31
5.«Satisfaction[A]»2:37
6.«Lyrics»2:05
7.«L. Mental»3:08
8.«H.K.»3:33
9.«Tanta parla»4:07
10.«Gavilán o paloma / El ojo blindado[B]»
3:05
11.«La concha»1:31
12.«Wanker[C]» (Versión Radio) 3:05
40:17
Notas
  1. 1 2 Cover de The Rolling Stones.
  2. 1 2 Covers de Rafael Pérez Botija y la banda argentina Sumo, respectivamente.
  3. ↑ Esta pista quedó excluida en la edición en casete del disco.
  4. ↑ Cover de la banda uruguaya Los Estómagos.

Posicionamiento en listas

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Mensuales

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Rendimiento gráfico mensual de El Peyote Asesino
Lista (agosto de 2021) Mejor
posición
Bandera de Uruguay Uruguay (CUD)[67] 7

Créditos

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Músicos

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Producción

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  • Gabriel Casacuberta, El Peyote Asesino – producción
  • Gabriel Casacuberta – sonidos adicionales
  • Luis Restuccia – ingeniero de grabación
  • Jorge Mullet, Víctor Rodríguez – asistentes
  • Federico Macazaga – diseño

Fuente: Notas interiores del álbum y Discogs.[48][46]

Notas

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  1. ↑ «Satisfaction» de The Rolling Stones y «Gavilán o paloma / El ojo blindado»; la primera de Rafael Pérez Botija y la segunda de Sumo.[27] En la reedición de 2009 del disco, se incluyó un cover de la banda uruguaya de punk rock Los Estómagos de la canción «Penicilina».[28]
  2. ↑ Acreditado en las notas interiores por su pseudónimo «L. Mental».
  3. ↑ Acreditado en las notas interiores «P.P. Canedo».

Referencias

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  1. 1 2 3 4 Izmirlian, 2025, pp. 62-63.
  2. 1 2 3 4 Izmirlian, 2025, p. 127.
  3. 1 2 Desayunos Informales, 2024, 0:29-1:26.
  4. ↑ Rockin' las Américas, 2004, pp. 135-136.
  5. ↑ «Discos del mes». Rock&Pop (58): 31. Noviembre de 1998.
  6. 1 2 3 4 Minutti, Adrián. «El Peyote Asesino se ríe del papelón». Rock de primera: 24.
  7. ↑ Desayunos Informales, 2024, 0:11-0:19.
  8. 1 2 Teledoce, 2009, 2:51-3:18.
  9. 1 2 3 «El Peyote Asesino». Rock.com.ar. Consultado el 5 de noviembre de 2023.
  10. ↑ Desayunos Informales, 2024, 2:26-2:53.
  11. ↑ Izmirlian, 2025, p. 44.
  12. ↑ Teledoce, 2009, 6:04-6:13.
  13. 1 2 3 4 5 «De Villa Española a L.A. City». Papa y Buseca. Archivado desde el original el 27 de octubre de 2009. Consultado el 21 de abril de 2023.
  14. ↑ Couto, 2019, p. 422.
  15. ↑ Couto, 2019, pp. 478-479.
  16. 1 2 3 4 Izmirlian, 2025, p. 59-60.
  17. ↑ Santullo, Fernando (22 de junio de 2021). Especiales en el rock uruguayo: Fernando Santullo - El Peyote Asesino. (Entrevista). Océano FM.
  18. 1 2 3 4 5 6 «F.M.». Corcheas en su tinta (5). Abril de 1998.
  19. ↑ Izmirlian, 2025, p. 64.
  20. 1 2 Izmirlian, 2025, pp. 64-65.
  21. ↑ Izmirlian, 2025, p. 62.
  22. 1 2 Izmirlian, 2025, pp. 66-67.
  23. ↑ Dopico, 2023. «[...] El Peyote Asesino regrabó tres canciones propias: "El Peyote Asesino", "L. Mental" y "La concha" y descartaron las versiones [...]».
  24. ↑ «El Peyote Asesino / El Peyote Asesino (1995)». Juan Campodónico. Music Producer / Composer. Consultado el 28 de julio de 2023.
  25. ↑ Diccionario de Hip-hop y Rap Afrolatinos, 2002, p. 139.
  26. ↑ «Peyote Asesino - Todo lo que necesitas saber y más». Rock Para La Difusión Total. Archivado desde el original el 27 de abril de 2023. Consultado el 17 de abril de 2024.
  27. 1 2 3 «Los 50 mejores discos de la historia de la música uruguaya». Rate Your Music. Consultado el 29 de noviembre de 2023.
  28. ↑ Izmirlian, 2025, p. 123.
  29. ↑ Izmirlian, 2025, p. 84.
  30. ↑ Teledoce, 2009, 5:37-6:14.
  31. ↑ Izmirlian, 2025, pp. 74.
  32. ↑ Patacas, Jorge (13 de mayo de 2009). «Entrevista: Peyote Asesino». Rise!. Consultado el 28 de diciembre de 2023.
  33. ↑ TV Ciudad, 2018, 12:42-12:50.
  34. ↑ Fourment, Belen (28 de agosto de 2024). «El curioso caso del Peyote Asesino, la banda que vivió varias vidas y cumple 30 años envuelta en un misterio». El País. Consultado el 21 de marzo de 2025.
  35. ↑ Izmirlian, 2025, pp. 74-75.
  36. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 Peveroni, 1995, p. 100.
  37. 1 2 Peveroni, 1995, pp. 100-101.
  38. ↑ Izmirlian, 2025, pp. 84-87.
  39. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 Peveroni, 1995, p. 101.
  40. ↑ Izmirlian, 2025, p. 93.
  41. 1 2 3 4 Izmirlian, 2025, pp. 93-97.
  42. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 Peveroni, 1995, p. 102.
  43. ↑ Izmirlian, 2025, pp. 103-104.
  44. 1 2 Izmirlian, 2025, p. 116.
  45. ↑ Peveroni, Gabriel (Octubre de 1998). «Montevideo Collage». Rolling Stone Argentina (7): 23. ISSN 0329-5656.
  46. 1 2 3 4 El Peyote Asesino (1995). El Peyote Asesino (notas interiores). Orfeo. CDO 099-2.
  47. ↑ Bonacich, Drago. «Biography - Peyote Asesino». AllMusic (en inglés). Consultado el 11 de mayo de 2023.
  48. 1 2 «El Peyote Asesino - El Peyote Asesino». Discogs. Consultado el 29 de noviembre de 2023.
  49. ↑ Couto, 2019, p. 480.
  50. 1 2 Izmirlian, 2025, p. 134.
  51. ↑ Control Remoto, 1996, 0:36-1:29.
  52. ↑ Izmirlian, 2025, p. 135.
  53. ↑ Control Remoto, 1996, 0:00-0:11.
  54. ↑ Control Remoto, 1996, 0:42-1:30.
  55. ↑ «El Peyote Asesino - El Peyote Asesino (2009, CD)». Discogs (en inglés). Consultado el 28 de julio de 2023.
  56. ↑ Cooltivarte (2 de junio de 2021). «PEYOTE ASESINO – Reedición del primer álbum en formato vinilo». Cooltivarte Portal. Consultado el 28 de julio de 2023.
  57. ↑ Milán, Lourdes (26 de junio de 2021). «PEYOTE ASESINO 💥 Reedición del primer álbum en formato vinilo». Montevideando. Consultado el 28 de julio de 2023.
  58. 1 2 3 4 Dopico, Carlos (2 de agosto de 2021). «Con la música a otra parte. El Peyote Asesino». Revista Dossier. Consultado el 30 de noviembre de 2023.
  59. 1 2 3 4 5 6 7 8 «Peyote Asesino celebra los 30 años de su debut». Cooltivarte Portal. 1 de noviembre de 2025. Consultado el 4 de noviembre de 2025.
  60. ↑ «50 mejores discos de la música uruguaya». El País. Consultado el 29 de noviembre de 2023.
  61. ↑ Dopico, 2023. «[...] el Peyote Asesino lanzó a través del sello Orfeo, su primer álbum discográfico: El Peyote Asesino. Aquel trabajo de éxito inmediato y proyección internacional [...]».
  62. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 Peveroni, Gabriel (19 de enero de 1996). «El asalto del rap». Posdata (71): 106. Consultado el 14 de julio de 2026.
  63. ↑ Scarpa, Ariel (31 de mayo de 2021). «El Peyote Asesino – El Peyote Asesino (1995)». Sólo Rock Uruguay. Consultado el 29 de noviembre de 2023.
  64. ↑ «Peyote Asesino: Su álbum editado en 1995 disponible en vinilo». La Paloma. 24 de junio de 2021. Consultado el 30 de noviembre de 2023.
  65. 1 2 «Peyote Asesino celebra 30 años de su disco debut con un show especial, un libro y una reedición en vinilo». EL PAIS. 4 de diciembre de 2025. Consultado el 10 de diciembre de 2025.
  66. 1 2 «Hace 30 años que El Peyote Asesino está acá». Búsqueda. 4 de diciembre de 2025. Consultado el 10 de diciembre de 2025.
  67. ↑ «Palacio de la Música Mensual Agosto Vinilos 2021». Cámara Uruguaya de Productores de Fonogramas. Archivado desde el original el 4 de diciembre de 2021. Consultado el 10 de enero de 2024.

Bibliografía

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Libros (Fuentes secundarias)
Audiovisuales y entrevistas (Fuentes primarias)

Enlaces externos

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