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Tamboril

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El tamboril es un instrumento de percusión de la familia de los membranófonos, formado habitualmente por un cuerpo cilíndrico y dos membranas o parches. Se percute con una sola baqueta y, en numerosas tradiciones de la península ibérica, es interpretado por el mismo músico que toca con la otra mano una flauta de tres agujeros.[1][2]

La forma, las dimensiones, los materiales y las técnicas de ejecución presentan importantes variantes regionales. La combinación de flauta y tambor aparece históricamente vinculada a la danza, las procesiones, las fiestas y otras manifestaciones de la cultura popular.[3]

Características y ejecución

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El tamboril es un tambor de dos parches o bimembranófono. El Tesauro del Patrimonio Cultural de España describe un modelo constituido por un cilindro de madera de hasta 50 cm de altura, cerrado por membranas de aproximadamente 25 a 30 cm de diámetro. Los parches pueden tensarse mediante cuerdas y tirantes de cuero, con tensores colocados entre las cuerdas que unen los aros.[1]

En el parche inferior, que habitualmente no se percute, puede colocarse un bordón o cuerda que permanece en contacto con la membrana y vibra con ella, modificando el timbre del instrumento.[1]

El tamboril suele llevarse suspendido del brazo izquierdo. Con esa misma mano el intérprete puede tocar una flauta de tres agujeros, mientras la mano derecha percute el tamboril mediante una sola baqueta. De esta manera, un único músico interpreta simultáneamente la línea melódica y el acompañamiento rítmico.[1][4]

Los materiales y las dimensiones no son uniformes y dependen de la tradición local y de la época. En ejemplares tradicionales se han empleado madera para el cuerpo y los aros, piel para las membranas y cuerdas para su tensión. Algunos instrumentos presentan además motivos ornamentales tallados o pintados. Entre los elementos decorativos documentados se encuentran cruces, peces, pájaros y representaciones del árbol de la vida.[1]

Historia

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Tocadores de flauta de tres agujeros y tamboril en una de las miniaturas de las Cantigas de Santa María.

Aunque la flauta y los tambores tienen historias independientes mucho más antiguas, la combinación de una flauta de una sola mano y un tambor interpretados simultáneamente por un mismo músico se documenta en Europa durante la Edad Media. Mikel Aranburu Urtasun considera probable que esta asociación instrumental fuera una innovación medieval europea que se propagó con rapidez por los reinos cristianos.[3]

En la península ibérica, Alberto Jambrina Leal sitúa las primeras manifestaciones iconográficas conocidas de la combinación de flauta y tamboril en el siglo XII, en el monasterio de Santa María la Real de la Oliva, en Carcastillo (Navarra). En el siglo XIII aparece asimismo representada en las miniaturas de las Cantigas de Santa María.[2]

Durante el Medievo esta combinación instrumental fue utilizada por juglares. La iconografía y otras fuentes documentales sugieren que posteriormente pudo incorporarse también a capillas cortesanas y cuerpos de ministriles municipales hacia finales de la Edad Media y principios del Renacimiento.[2]

El tamboril estuvo estrechamente relacionado con la danza. Los músicos que interpretaban conjuntamente flauta y tambor desempeñaron funciones tanto en ambientes cortesanos como en ámbitos populares, interviniendo en fiestas, bailes, procesiones y romerías. Con el paso del tiempo, esta práctica adquirió características propias en distintos territorios de la península.[2][3]

Tradiciones regionales

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En Navarra, la combinación de flauta de tres agujeros y tambor está documentada desde época medieval. Aranburu Urtasun señala que su temprana difusión en el territorio estuvo relacionada, entre otros factores, con el Camino de Santiago, y que el conjunto estuvo presente tanto en la corte como en la calle antes de consolidarse en la tradición popular.[3]

El intérprete recibió históricamente distintas denominaciones, como juglar, tamborino, danbolin o chunchunero, hasta generalizarse en época contemporánea el término txistulari. En la tradición vinculada al txistu, el intérprete sostiene el instrumento melódico y el tamboril simultáneamente, reservando una mano para la percusión.[3]

Las dimensiones del tamboril utilizado en este ámbito han variado a lo largo de la historia y no corresponden a un único modelo fijo.[3]

Castilla y León

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La combinación de flauta y tamboril ha tenido una implantación histórica destacada en diferentes zonas de Castilla y León. Jambrina Leal documenta especialmente su presencia en la franja occidental de la península, desde León hasta el norte de Cáceres, incluyendo territorios de Zamora y Salamanca.[2]

En Salamanca, el tamboril y la denominada tradicionalmente gaita o flauta de tres agujeros forman un conjunto estrechamente asociado a la figura del tamborilero. Los instrumentos tradicionales podían estar construidos con materiales orgánicos, con caja y aros de madera, parches de piel y sistemas de tensión mediante cuerdas.[5]

La tradición salmantina comprende diversos patrones y repertorios rítmicos, entre ellos pasacalles y fandangos, además de formas asociadas al charro y la charrada.[5]

En la ciudad de Burgos, el intérprete de flauta y tamboril ha recibido tradicionalmente el nombre de pitero. El conjunto aparece documentado en las fiestas de la ciudad y en el acompañamiento de gigantones y gigantillos. Las fuentes del Archivo Municipal de Burgos estudiadas por Alfredo Blanco del Val conservan referencias a tamborileros desde el siglo XVI, entre ellas documentación de las fiestas del Corpus de 1586.[4]

Blanco del Val señala que la combinación de flauta y tamboril, antiguamente extendida por otras provincias castellanas, perdió terreno frente a otros conjuntos instrumentales, aunque mantuvo continuidad en zonas de León, Zamora y Salamanca y en la ciudad de Burgos.[4]

Extremadura

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La flauta de tres agujeros y el tamboril poseen una importante tradición en Extremadura, especialmente en el norte de la provincia de Cáceres. Manuel García Matos dedicó una parte sustancial de su obra Lírica popular de la Alta Extremadura al repertorio instrumental de gaita y tamboril: de los 436 documentos musicales recopilados, 200 corresponden a melodías instrumentales relacionadas con esta formación.[6]

La figura del tamborilero continúa formando parte de distintas fiestas populares y religiosas del norte cacereño. La investigación etnomusicológica de Andrea Lorenzo Lancho estudia su función social, los mecanismos de aprendizaje y transmisión, la selección de repertorios y su participación en celebraciones de distintas localidades.[7]

La tradición extremeña incluye repertorios vinculados a alboradas, procesiones, bodas, danzas y bailes, así como otras celebraciones del calendario festivo y religioso.[6][7]

Elaboración

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La fabricación tradicional de un tamboril comienza con la preparación y corte de los tableros de madera destinados al cuerpo del instrumento. A continuación se realizan el encolado y moldeado del cilindro, los orificios necesarios para los sistemas de tensión y el montaje de los distintos elementos antes del tensado final de las membranas.[8]

El procedimiento concreto y los materiales empleados pueden variar según el tipo de tamboril y la tradición artesanal. Además del cuerpo de madera y las membranas, intervienen elementos como los aros, los sistemas de tensión, el bordón, el sistema de suspensión y la baqueta.[1][8]

Referencias

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  1. 1 2 3 4 5 6 «Tamboril». Tesauros del Patrimonio Cultural de España. Ministerio de Cultura. Consultado el 10 de septiembre de 2026.
  2. 1 2 3 4 5 Jambrina Leal, Alberto (1982). «La Gaita y el Tamboril en las comunidades rurales del antiguo Reino de León». Revista de Folklore (19): 12-23. Consultado el 10 de septiembre de 2026.
  3. 1 2 3 4 5 6 Aranburu Urtasun, Mikel (2012). «El txistu y el tamboril en Navarra». Cuadernos de Etnología y Etnografía Navarra (87): 5-69. Consultado el 10 de septiembre de 2026.
  4. 1 2 3 Blanco del Val, Alfredo (2016). «Presencia de la flauta y el tamboril en la ciudad de Burgos». Revista de Folklore (412). Consultado el 10 de septiembre de 2026.
  5. 1 2 Cid Cebrián, José Ramón (1984). «La vida y el habla en la gaita y el tamboril salmantino». Revista de Folklore (38). Consultado el 10 de septiembre de 2026.
  6. 1 2 García Matos, Manuel (1944). Lírica popular de la Alta Extremadura: folklore musical, coreográfico y costumbrista. Madrid: Unión Musical Española. Consultado el 10 de septiembre de 2026.
  7. 1 2 Lorenzo Lancho, Andrea (2021). «La figura del tamborilero en la tradición musical del norte de la provincia de Cáceres». Revista de Folklore (468). Consultado el 10 de septiembre de 2026.
  8. 1 2 «La elaboración de los tamboriles». Oficios tradicionales. Diputación Foral de Gipuzkoa. Consultado el 10 de septiembre de 2026.