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Primera publicaci�n:
Este art�culo se public� en ingl�s, con el titulo "The Rate of Profit
and the World Today", en la revista International
Socialism, n�mero 115 (2007).
Primera edici�n en castellano: En revista La
Hiedra, n�mero 1, febrero de 2008. Luego apareci� como anexo al art�culo
principal en: Chris Harman, La nueva crisis del capitalismo �Qu� decimos
los socialistas? En lucha: Espa�a, abril de 2009.
Edici�n digital castellano: La nueva crisis del
capitalismo, http://www.enlucha.org/site/?q=node/16401.
Esta edici�n: Marzo 2012, por cortesia de En
lucha.
La �tendencia a la ca�da de la tasa de ganancia� es uno de los elementos m�s debatidos del legado de Karl Marx. �l lo consideraba una de las contribuciones m�s importantes para el an�lisis del sistema capitalista, defini�ndola, en los primeros borradores para El Capital (los Grundrisse), �sin duda la ley m�s importante de la econom�a pol�tica�2. Pero estuvo sometido a cr�ticas desde el mismo momento en que el argumento apareci� impreso por primera vez en la publicaci�n del tercer volumen de El Capital en 1894.
Las primeras cr�ticas, en la d�cada de 1890, vinieron de adversarios del marxismo, como el fil�sofo liberal italiano Benedetto Croce y el economista neocl�sico alem�n Eugen von B�hm-Bawerk. Pero desde entonces, fueron aceptadas por varios marxistas, desde Paul Sweezy en los 40 hasta G�rard Dum�nil y Robert Brenner en la actualidad.
El razonamiento de Marx fue y es importante. La teor�a de Marx concluye que existe un fallo fundamental e incorregible en el capitalismo. La tasa de ganancia es la clave por la cual los capitalistas pueden llevar adelante su objetivo de acumulaci�n. Pero cuanto m�s se desarrolla la acumulaci�n, es m�s dificultoso para los capitalistas obtener tasas de ganancia para continuar el proceso de acumulaci�n: �la tasa de ganancia, siendo la meta de la producci�n capitalista�, su ca�da aparece como una amenaza para el proceso de producci�n capitalista�3.
Esto �pone de relieve el car�cter hist�rico, transitorio, del modo de producci�n capitalista� y el modo en que �en un determinado nivel entra en conflicto con las posibilidades de continuar su desarrollo�4. Mostraba as� que �la verdadera barrera para la producci�n capitalista es el mismo capital�5.
La l�nea b�sica del argumento de Marx era suficientemente simple. Cada capitalista puede, individualmente, incrementar su propia competitividad aumentando la productividad de sus trabajadores. La forma de hacer esto es utilizar m�s �medios de producci�n� �herramientas, maquinaria, etc.� por cada trabajador. Se produce un aumento de la proporci�n de extensi�n f�sica de los medios de producci�n para una cantidad de trabajo empleada, proporci�n que Marx denomin� la �composici�n t�cnica del capital�.
Pero un crecimiento en el volumen de los medios de producci�n tambi�n implica un aumento de la inversi�n necesaria para adquirirlos. Esto tambi�n aumentar� m�s r�pido que la inversi�n en fuerza de trabajo. Para usar los t�rminos de Marx, el �capital constante� crece m�s r�pido que el �capital variable�. El crecimiento de esta proporci�n, que �l denomina la �composici�n org�nica del capital�6, es el corolario l�gico de la acumulaci�n de capital.
Sin embargo, la �nica fuente de valor del sistema como totalidad es el trabajo. Si la inversi�n crece m�s r�pido que la fuerza de trabajo, tambi�n debe crecer m�s r�pido que el valor creado por los trabajadores, que es de donde surge la ganancia. En resumen, la inversi�n de capital crece m�s r�pidamente que la fuente de la ganancia. Como consecuencia, existir� una presi�n a la baja de la proporci�n de ganancia por capital invertido: la tasa de ganancia.
Cada capitalista debe pujar por una mayor productividad para aventajar a sus competidores. Pero lo que parece beneficioso para el capitalista individual es desastroso para la clase capitalista en conjunto. Cada vez que la productividad aumenta, cae el monto promedio de trabajo requerido en el conjunto de la econom�a para la producci�n de un bien (lo que Marx llam� el �trabajo socialmente necesario�), y es esto lo que las personas estar�n dispuestas a pagar por esa mercanc�a. As�, hoy podemos ver una ca�da continua en el precio de bienes como computadoras o reproductores de DVD producidos en industrias donde las nuevas tecnolog�as est�n provocando incrementos m�s r�pidos de la productividad.
Tres objeciones se han levantado una y otra vez contra Marx.
La primera es que no necesariamente la nueva inversi�n tender� a ser m�s �capital intensiva� y no �trabajo intensivo�. Si hay trabajo disponible sin aprovechar en el sistema, no parece haber raz�n para que los capitalistas inviertan en m�quinas m�s que en trabajo. Hay una respuesta te�rica a este argumento. Los capitalistas se ven obligados a buscar innovaciones en tecnolog�a para mantenerse en ventaja con sus rivales. Algunas de esas innovaciones pueden conseguirse usando t�cnicas que no sean capital intensivo. Pero existir�n otras que requerir�n m�s medios de producci�n, y el capitalista exitoso ser� aquel cuyas inversiones provean acceso a ambos tipos de innovaci�n.
Tambi�n hay una respuesta emp�rica. La inversi�n, en t�rminos materiales, ha aumentado en realidad m�s r�pido que la fuerza de trabajo. Por lo tanto, el capital neto por persona empleada en EEUU, por ejemplo, creci� entre 2 y 3 por ciento al a�o desde 1948 hasta 19737. En China, mucha de la inversi�n actual es �capital intensivo�, con la fuerza de trabajo empleada creciendo s�lo alrededor de 1% al a�o, a pesar de la vasta disponibilidad de trabajo rural.
La segunda objeci�n al argumento de Marx es que la mayor productividad reduce el coste de proporcionar obreros con el mismo est�ndar de vida (�el valor de su fuerza de trabajo�). Los capitalistas pueden, as�, mantener su tasa de ganancia apropi�ndose de una porci�n mayor del valor creado. A esta objeci�n es f�cil responder. Incluso Marx reconoci� que los aumentos en la productividad que reducen la proporci�n de la jornada de trabajo requerida por los trabajadores para cubrir su costo de vida, pod�an generar una �contratendencia� a esta ley. Los capitalistas pod�an, as�, apropiarse de una cuota m�s grande del trabajo de sus obreros como ganancias (una mayor �tasa de explotaci�n�) sin que necesariamente disminuyeran los salarios reales. Pero hab�a un l�mite a cu�nto pod�a operar esta contratendencia. Si los asalariados trabajaran cuatro horas diarias para cubrir los costos de mantenerse vivos, eso podr�a reducirse de una hora a tres horas por d�a. Pero no podr�a reducirse en cinco horas (a menos una hora por d�a). En contraste, no hay l�mite a la transformaci�n del trabajo pret�rito en mayor acumulaci�n de medios de producci�n. El aumento de la explotaci�n, incrementando la ganancia que fluye hacia el capital, aumentaba el potencial para la acumulaci�n futura. Otra forma de exponerlo es ver lo que sucede con una hipot�tica �tasa m�xima de explotaci�n�, con la que los trabajadores no reciben ninguna retribuci�n por su trabajo. Se puede mostrar que eventualmente ni siquiera esto es suficiente para impedir la ca�da en la relaci�n entre ganancia e inversi�n.
La �ltima objeci�n es el �teorema de Okishio�. El cambio exclusivamente en la t�cnica, se afirma, no puede producir una ca�da en la tasa de ganancia, dado que los capitalistas s�lo introducir�n una nueva t�cnica si aumentan sus ganancias. Pero un aumento en las ganancias de un capitalista debe aumentar el promedio de ganancias para toda la clase capitalista. O como plante� Ian Steedman: �Las fuerzas de la competencia conducir�n a aquella selecci�n de m�todos productivos, industria por industria, que generen la mayor uniformidad posible en la tasa de ganancia de toda la econom�a�8. La conclusi�n a que conduce esta afirmaci�n es que lo �nico que puede reducir las tasas de ganancia son los aumentos en los salarios reales, o la intensificaci�n de la competencia internacional.
Lo que se pierde en varias formulaciones de este argumento es el reconocimiento de que el primer capitalista que adopte una t�cnica tiene una ventaja competitiva sobre el resto de los colegas capitalistas, que le permite obtener ganancias extraordinarias, pero �stas desaparecen una vez que la t�cnica nueva se generaliza. Lo que el capitalista obtiene en t�rminos monetarios cuando vende sus mercanc�as depende del monto promedio de trabajo socialmente necesario que contienen las mismas. Si introduce una t�cnica nueva, m�s productiva, mientras que ning�n otro capitalista lo hace, �ste estar� produciendo bienes que tienen la misma suma de trabajo socialmente necesario que antes, pero con menos gasto de trabajo real, concreto. Sus ganancias crecen9. Pero una vez que todos los capitalistas que fabrican esa misma mercanc�a introducen estas nuevas t�cnicas, el valor de los bienes cae hasta que corresponda al monto promedio de trabajo necesario para producirlas utilizando las nuevas t�cnicas10.
Okishio y sus seguidores usan el contra-argumento de que cualquier subida en la productividad como resultado de utilizar m�s medios de producci�n ocasionar� una ca�da en su precio de producci�n, reduciendo as� los precios en toda la econom�a y, por ende, el costo de pagar por esos medios de producci�n. Este abaratamiento de la inversi�n, afirman, aumentar� la tasa de ganancia. A primera vista, el razonamiento parece convincente, y las ecuaciones simult�neas utilizadas en la presentaci�n matem�tica del teorema han convencido a mucho economistas marxistas. Es, sin embargo, falsa. Descansa en una secuencia de pasos l�gicos que no se pueden dar en el mundo real. La inversi�n en un proceso de producci�n ocurre en un punto determinado en el tiempo. El abaratamiento de inversiones subsiguientes como resultado de t�cnicas de producci�n mejoradas ocurre en un punto posterior. Los dos sucesos no son simult�neos11. Es un error tonto aplicar ecuaciones simult�neas a procesos que ocurren en el transcurso del tiempo.
Hay un viejo dicho: �No se puede construir la casa de hoy con los ladrillos de ma�ana.� El hecho de que el aumento de la productividad reducir� el costo de adquirir la m�quina dentro de un a�o no reduce el monto que el capitalista debe gastar para comprarla hoy.
La inversi�n capitalista implica utilizar el mismo capital constante fijo (maquinaria y equipos) durante varios ciclos de producci�n. El hecho de que la inversi�n emprendida costar�a menos despu�s de la segunda, tercera o cuarta ronda de producci�n no altera el costo de realizarla antes de la primera ronda. La disminuci�n en el valor del capital ya invertido, ciertamente, no hace la vida m�s f�cil a los capitalistas. Para sobrevivir en el negocio deben recuperar, con ganancias, el costo total de sus inversiones pasadas y, si el avance tecnol�gico signific� que esas inversiones valen ahora, digamos, la mitad de su valor original, la compensaci�n por esa suma debe salir de sus ganancias brutas. Lo que ganan por un lado lo pierden por el otro, ya que la �depreciaci�n� del capital, por el hecho de que las cosas queda obsoletas, les causa tanto dolor de cabeza como una ca�da directa en la tasa de ganancias.
Las implicaciones del argumento de Marx son de largo alcance. El mismo �xito del capitalismo en acumular conduce a problemas en la acumulaci�n subsiguiente. La crisis es la conclusi�n inevitable, en tanto los capitalistas, en sectores clave de la econom�a, ya no tienen una tasa de ganancia suficiente para cubrir sus inversiones. Y a mayor escala de la acumulaci�n pret�rita, mayor ser� la crisis.
La crisis, sin embargo, no es el fin del sistema. Parad�jicamente, puede abrirle nuevas perspectivas. Conduciendo a algunos capitalistas a la ruina, puede permitir una recuperaci�n de las ganancias de otros capitalistas: los medios de producci�n pueden comprarse a precios de remate; el valor de las materias primas, caer; y el desempleo, obligar a los trabajadores a aceptar bajos salarios. La producci�n vuelve a ser rentable, y se reinicia la acumulaci�n. Ha habido una larga disputa entre los economistas que aceptan la ley de Marx, respecto a estas implicaciones. Algunos argumentaron que la tasa de ganancia tender� a caer a largo plazo, d�cada tras d�cada. No s�lo habr� altas y bajas con cada ciclo de boom y crisis, tambi�n habr� una tendencia a la baja a largo plazo, haciendo cada boom m�s corto y cada ca�da m�s profunda. Otros marxistas, en cambio, argumentaron que la reestructuraci�n puede restablecer la tasa de ganancia a su nivel previo hasta que el aumento de la inversi�n la haga disminuir nuevamente. De acuerdo con este punto de vista, hay un movimiento c�clico de la tasa de ganancia atravesado por agudas crisis de reestructuraci�n, no una declinaci�n inevitable a largo plazo. Entonces la ley de Marx deber�a llamarse �la ley de la tendencia de la tasa de ganancia a caer y sus contratendencias�12.
Ha habido per�odos en la historia del sistema en que las crisis liquidaban capital no rentable en una escala suficiente para detener una declinaci�n de largo plazo en las tasas de ganancia. Hubo, por ejemplo, una ca�da en las tasas de ganancia en las primeras etapas de la revoluci�n industrial, desde las alt�simas tasas de los pioneros de la industria del algod�n en la d�cadas de 1770 y 1780 a tasas mucho m�s bajas para la primera d�cada del siglo XIX13. Esto condujo a Adam Smith y David Ricardo a ver la ca�da en las tasas de ganancia como inevitable (con Smith cargando la responsabilidad en la competencia y Ricardo en los cada vez menores rendimientos de la producci�n agr�cola). Pero, entonces, las tasas de ganancia parecen haberse recuperado substancialmente. Robert C. Allen afirma que en 1840 duplican los niveles del a�o 180014. Sus n�meros (de ser precisos) son compatibles con el argumento de que �la reestructuraci�n restablece las tasas de ganancia�, ya que hubo tres crisis econ�micas entre 1810 y 1840, con 3.300 firmas arruinadas s�lo en 182615.
Si las crisis siempre pueden contrarrestar la ca�da de las tasas de ganancia de este modo, Marx estaba equivocado en ver que esta ley conjurar�a el golpe mortal al capitalismo, ya que el sistema sobrevivi� a crisis recurrentes en los �ltimos 180 a�os.
Pero aquellos que se apoyan en este argumento presuponen que la reestructuraci�n siempre puede ocurrir de tal modo que da�e a algunos capitalistas y no a otros. Michael Kidron present� un desaf�o muy importante a esta opini�n en los 70. Su objeci�n se basaba en la comprensi�n de que el desarrollo del capitalismo no es s�lo c�clico, sino que implica tambi�n transformaciones en el tiempo: envejece16.
El proceso por el que algunos capitalistas crecen a expensas de otros (lo que Marx llama la �concentraci�n y centralizaci�n� del capital) conduce, eventualmente, a que unos pocos capitalistas jueguen un rol predominante en ciertas partes del sistema. Su actividad queda entrelazada con los de aquellos capitales, grandes y peque�os, que la rodean. Si capitales de gran envergadura caen en la ruina, se perturba la operaci�n de los dem�s, destruyendo sus mercados y eliminando su acceso a materias primas y componentes. Esto puede arrastrar a la bancarrota a firmas previamente rentables, junto con las no rentables en un colapso que se retroalimente y plantee el riesgo de crear �agujeros negros� en el coraz�n del sistema.
Esto comenz� a suceder en la gran crisis de los a�os de entreguerras. La quiebra de algunas firmas, lejos de conducir al fin de la crisis, unos a�os despu�s produjeron un impacto mayor. Como consecuencia, los capitales de todo el mundo se dirigieron a los Estados en busca de protecci�n. M�s all� de sus diferencias pol�ticas, �ste es el punto com�n entre el New Deal en EEUU, el per�odo nazi en Alemania, los reg�menes populistas que emergieron en Am�rica Latina o la aceptaci�n definitiva de la intervenci�n estatal de corte keynesiano (como la ortodoxia econ�mica en la Gran Breta�a de los tiempos de guerra). Tal interdependencia entre los estados y los grandes capitales fue la norma de todo el sistema durante las tres primeras d�cadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, una organizaci�n que fue alternativamente llamada �capitalismo de estado� (mi t�rmino preferido), �capitalismo organizado� o �fordismo�17.
La intervenci�n del Estado siempre ha sido un arma de doble filo. Evitaba que los primeros s�ntomas de la crisis se desarrollaran en un colapso absoluto. Pero tambi�n obstru�a la capacidad de algunos capitalistas de restablecer sus tasas de ganancias a costa de otros. �ste no era un gran problema en las primeras d�cadas despu�s de 1945, dado que el impacto combinado de la crisis de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial ya hab�a causado una destrucci�n masiva de viejo capital (seg�n algunas estimaciones, un tercio del total). La acumulaci�n pudo, as�, recomenzar con tasas de ganancia m�s altas que en el per�odo preguerra, y �stas se mantuvieron o cayeron lentamente18. El capitalismo pudo disfrutar de lo denominado, muchas veces, su ��poca de oro�19.
Pero cuando las ganancias comenzaron a caer desde la d�cada del 60 en adelante, el sistema se encontr� atrapado entre el peligro de los �agujeros negros� o la imposibilidad de una reestructuraci�n suficiente para restablecer esas tasas. El sistema no pod�a costear los riesgos de una reestructuraci�n dejando que las crisis le hicieran mella. Los estados intervinieron para evitar la amenaza de grandes quiebras. Pero, al hacerlo, impidieron que la reestructuraci�n fuera suficiente para superar las presiones que hab�an causado la amenaza de bancarrotas. El sistema, como lo plante� Kidron en un art�culo de esta revista, estaba escler�tico20.
Como escrib� en esta revista21 en 1982:
La intervenci�n estatal para mitigar la crisis s�lo puede prolongarla indefinidamente. Esto no significa que la econom�a mundial est� destinada simplemente a declinar. Una tendencia global a la declinaci�n puede estar acompa�ada de ligeros booms, con peque�os, a la vez que temporales, aumentos del empleo. Sin embargo, cada mini boom s�lo agrava los problemas del sistema en conjunto, y acaba en un estancamiento m�s extendido, con efectos destructivos extremos para ciertas zonas del sistema.
Yo sosten�a que �dos o tres pa�ses avanzados� que sufrieran quiebras generalizadas podr�an dar al sistema �la oportunidad para una nueva ronda de acumulaci�n�, pero que, al mismo tiempo, los que controlan las otras partes del sistema har�n todo lo posible por evitar tal bancarrota, no sea que lleve a la ca�da de otras econom�as y bancos, conduciendo a un �colapso gradual de otros capitales�. Mi conclusi�n era que �la presente fase de crisis es probable que se prolongue hasta que se resuelva, ya sea precipitando a gran parte del mundo a la barbarie o por una serie de revoluciones obreras�22.
�Qu� dice el registro emp�rico de las tasas de ganancia de los �ltimos 30 a�os respecto a estos argumentos? �Cu�les son las implicaciones para la actualidad?
Ha habido varios intentos de calcular las tendencias a largo plazo de las tasas de ganancia. Los resultados no siempre son compatibles unos con otros, ya que hay distintas formas de medir la inversi�n en capital fijo, y la informaci�n de ganancias que brindan las compa��as y gobiernos est�n sujetas a enormes distorsiones (las empresas, generalmente, hacen todo lo posible para subdeclarar sus ganancias: a los gobiernos, por razones impositivas; y a los trabajadores, para justificar bajos salarios; tambi�n, usualmente, sobreestiman sus ganancias en los informes a los accionistas, para impulsar la subida en la cotizaci�n de sus acciones y su capacidad de cr�dito). De todos modos, Fred Moseley, Thomas Michl, Anwar Shaikh y Ertugrul Ahmet Tonak, G�rard Dum�nil y Dominique L�vy, Ufuk Tutan y Al Campbell, Robert Brenner, Edwin N. Wolff y Piruz Alemi junto a Duncan K. Foley23 han invariablemente, seguido los pasos de Joseph Gillman y Shane Mage, quienes llevaron adelante estudios emp�ricos de la evoluci�n de las tasas de ganancia en la d�cada de 1960.
Aparece un cierto patr�n, que puede verse en el gr�fico confeccionado por Dum�nil y L�vy24 (gr�fico 1) para todo el sector privado en EEUU y por Brenner25 (gr�fico 2) para el sector de manufacturas en EEUU, Alemania y Jap�n.
Hay un acuerdo general de que las tasas de ganancia cayeron desde finales de los 60 hasta comienzos de los 80. Tambi�n hay acuerdo en que las tasas se recuperaron parcialmente a finales de los 80, pero con interrupciones al final de los 80 y al final de los 90. Tambi�n hay bastante acuerdo de que la ca�da, desde mediados de los 70 hasta comienzos de los 80, no fue producto de salarios en aumento, dado que �ste es el per�odo en que los salarios reales en EEUU comenzaron a caer, lo que s�lo se revirti� parcialmente a finales de los 90. Michl26, Moseley, Shaikh y Tonak, y Wolff27, todos concluyen que la proporci�n creciente entre capital y trabajo es un elemento de peso en la reducci�n de las tasas de ganancia. Esta conclusi�n es una refutaci�n emp�rica a la posici�n de Okishio. Las inversiones �capital intensivo� realizadas por capitalistas que buscan aumentar su competitividad individual y su rentabilidad, tuvieron el efecto de provocar la ca�da de la rentabilidad del conjunto de la econom�a. As�, las bases de la teor�a de Marx se confirmaron.
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Gr�fico 1: Tasas de ganancia de EEUU contando (-) y descontando (--) el impacto de los v�nculos financieros
Gr�fico 2: Tasas de ganancia netas del sector manufacturero en EEUU, Alemania y Jap�n
(*) La tasa de beneficio para Alemania se refiere a Alemania Occidental 1950-1990 y a Alemania 1991-2000. |
Las tasas de ganancia se recuperaron, aproximadamente, desde 1982 en adelante, pero s�lo alcanzaron el nivel medio de la ca�da ocurrida previamente. Seg�n Wolff, la tasa de ganancia cay� 5,4% desde 1966 a 79 y luego �rebot� 3,6% desde 1979 a 97; Fred Moseley calcula que �se recuper�s�lo alrededor del 40% de la ca�da previa�28; Dum�nil y L�vy estiman que �la tasa de ganancia en 1997� era �todav�a s�lo la mitad de su valor en 1948, y entre 60 y 75 por ciento de su valor promedio para la d�cada 1956-65�29.
�Por qu� se recuperaron las tasas de ganancia? Un factor importante fue el aumento de la tasa de explotaci�n del conjunto de la econom�a, como se ve en la porci�n creciente que va a �capital�, opuesta a �trabajo�, en el producto nacional: Moseley mostr� un aumento en la �tasa de plusval�a de 1,71 en 1975 a 2,22 en 1987�30.
Hubo, sin embargo, un freno en el crecimiento de la tasa de inversi�n por trabajador (la �composici�n org�nica de capital�), por lo menos hasta la mitad de los 90. Tuvo lugar un cambio importante en el funcionamiento del sistema, desde aproximadamente la d�cada de 1980 en adelante. Las crisis comenzaron a implicar quiebras generalizadas, por primera vez, desde los a�os de entreguerras:
Durante el per�odo desde la Segunda Guerra Mundial hasta los 70, las quiebras no eran un t�pico relevante en las noticias. Con la excepci�n de los ferrocarriles, no hubo fracasos empresariales importantes en EEUU. Durante los 70 s�lo hubo dos quiebras corporativas de importancia, Penn Central Transportation Corporation en 1970 y W T Grant Company en 1975.
Pero:
Durante los 80 y comienzos de los 90 se sucedieron las quiebras. Muchas compa��as conocidas se declararon en quiebra� Incluidas LTV, Eastern Airlines, Texaco, Continental Airlines, Allied Stores, Federated Department Stores, Greyhound, R H Macy y Pan Am� Maxwell Communication y Olympia & York.31
La misma historia se repiti� en mayor escala durante la crisis de 2001-2002. Por ejemplo, el colapso de Enron fue, como escribe Joseph Stiglitz, �la mayor quiebra corporativa de todos los tiempos, hasta que lleg� WorldCom�.32
Esto no fue solo un fen�meno norteamericano. Fue caracter�stico de la Gran Breta�a de comienzos de los 90, como mostraron las quiebras de Maxwell Empire y de Olympia & Cork. Y aunque Gran Breta�a evit� la recesi�n total en 2001-2002, dos grandes compa��as, Marconi/GEC y Rover, cayeron, as� como tambi�n la cotizaci�n de las nuevas compa��as puntocom y de alta tecnolog�a. El mismo fen�meno estaba comenzando a verse en Europa continental, con el a�adido, en el caso de Alemania, de que la mayor�a de las grandes empresas de Alemania del este fueron a la quiebra o fueron vendidas a precios de ganga a compa��as de Alemania Occidental.33 Y luego en Asia con la crisis de 1997-1998. A esto se agrega el desmoronamiento de estados enteros (notablemente la URSS, con un producto bruto que era un tercio o hasta la mitad del de EE.UU). La mayor�a de la izquierda mantuvo la confusa creencia de que �stos eran estados �socialistas�. Esto impidi� que muchos analistas comprendieran que estos estados colapsaron porque la tasa de ganancia ya no era lo suficientemente alta para cubrir sus costos de equipamiento para la competencia internacional.34 Tambi�n impidi� que analizaran el impacto que la desaparici�n de estas grandes sumas de capital ten�a en el sistema mundial.35
Lo que ocurri� en estas d�cadas fue un proceso de recurrentes �reestructuraciones mediante crisis� a escala internacional. Sin embargo, s�lo fue un regreso limitado al viejo mecanismo de sacar del medio capital no rentable para el beneficio de los sobrevivientes. Todav�a hab�a muchos casos en los que el estado interven�a para apoyar a muchas firmas o para presionar a los bancos a que lo hagan. Esto ocurri� en los EEUU con la cercana quiebra de Chrysler en 1979-8036, con la crisis de S&Ls (efectivamente, la compa��a constructora norteamericana) a finales de los 80 y el colapso del gigante especulador de derivados Long Term Capital Management, en 199837. En cada ocasi�n, el temor a la inestabilidad econ�mica, pol�tica y social evit� que la crisis barriera del sistema los capitales no rentables. Orlando Capita Leiva cuenta c�mo en los Estados Unidos �el estado impuls� �la reestructuraci�n. En 1970 la inversi�n p�blica era solo 10 % de la inversi�n privada. Aument� a 24% en 1990 y desde entonces mantuvo niveles que casi doblan los de 1970�.38
El uso oficial de la ret�rica neoliberal no excluye la continuidad de importantes aspectos de Capitalismo de Estado en la actual pol�tica gubernamental. Esto vale no s�lo para EEUU. Gobiernos tan variados como los de los pa�ses escandinavos y Jap�n se apresuraron a apoyar a los bancos cuyo colapso podr�a da�ar a todo el sistema financiero nacional (incluso si esto implica, como �ltimo recurso, la nacionalizaci�n)39. El gobierno de Alemania lanz� miles de millones a la zona este del pa�s recientemente unificado, luego de que las compa��as comprobaran que sus filiales reci�n adquiridas no pod�an ser rentables sin esta inyecci�n de fondos. Y las instituciones financieras internacionales han reaccionado a las sucesivas crisis de deuda con planes que protegen de la ca�da a los grandes bancos occidentales, soportando incluso las quejas ocasionales de, por ejemplo, el �The Economist�, que remarcaba que esta ayuda impide que el capitalismo mundial reciba la �nica medicina que puede restaurar su vigor pleno.
Moseley, Shaikh y Tonak, y Simon Mohun han notado otro aspecto del desarrollo reciente del capitalismo (subrayado por Kidron all� por los 70). Nos referimos al crecimiento de la porci�n �no productiva� de la econom�a.
El pensamiento dominante neocl�sico considera todas las actividades econ�micas que implican comprar y vender como �productivas�. Esto se sigue de su enfoque limitado en el modo en que las transacciones ocurren en los mercados. Marx, como Adam Smith y David Ricardo antes de �l, ten�an una preocupaci�n m�s profunda: descubrir la din�mica del crecimiento capitalista. Por lo tanto, Marx desarroll� a�n m�s la distinci�n que aparece en Smith entre trabajo �productivo� e �improductivo�. Para Marx, el trabajo productivo era el que creaba plusval�a mediante la expansi�n de la producci�n. Trabajo improductivo era aquel que, en lugar de expandir la producci�n, solamente distribu�a, protegiendo o gastando lo ya producido: por ejemplo, el trabajo de los sirvientes, polic�as, soldados o personal de ventas.
La distinci�n de Marx no era entre producci�n material y �servicios�. Algunas acciones categorizadas como �servicios� contribuyen al bienestar real. Mover cosas desde su lugar de producci�n hasta el lugar de consumo, como hacen algunos obreros del transporte, es, por consiguiente, productivo. Actuar en una pel�cula es productivo, en la medida en que produzca una ganancia a un capitalista, d�ndole al p�blico entretenimiento y, por lo tanto, mejorando sus condiciones de vida. En contraste, actuar en un comercial, cuya �nica funci�n es vender algo ya producido, no es productivo.
La categorizaci�n de Marx debe afinarse para dar cuenta del capitalismo actual, en el que rubros como servicios de educaci�n y salud son mucho m�s importantes que cuando �l escrib�a. La mayor�a de los marxistas de hoy aceptar�a que los aspectos de la ense�anza que aumentan la capacidad de la gente para producir cosas (en oposici�n a la disciplina con los ni�os) son, al menos indirectamente, productivos. Kidron fue m�s lejos y sostuvo que lo que era productivo era aquello que serv�a a la mayor acumulaci�n de capital. La producci�n de medios de producci�n hac�a esto, y tambi�n la producci�n de bienes que manten�an a los trabajadores y sus familias lo suficientemente saludables para ser explotados (por ejemplo, bienes que repon�an su �energ�a para trabajar�). Pero la producci�n que s�lo prove�a lujos a la clase capitalista y sus dependientes no deber�a considerarse como productiva, ni tampoco la destinada a armamentos.40
El trabajo improductivo tiene una importancia central en el capitalismo actual, m�s all� de la definici�n que le demos. Fred Moseley estima que los trabajadores del comercio en los EEUU crecieron de 8,9 millones a 21 millones entre 1950 y 1980, y los de las finanzas aumentaron de 1,9 millones a 5,2 millones, mientras que la fuerza de trabajo productiva s�lo aument� de 28 millones a 40,3 millones41. Shaikh y Tonak calculan que la porci�n del trabajo productivo en el trabajo total en EEUU cay� desde el 57% al 36% entre 1948 y 198942. Simon Mohun ha calculado que la proporci�n de salarios y remuneraciones �improductivos� en relaci�n al �valor material agregado�, en los EEUU, creci� del 35% en 1964 a m�s del 50% en 200043. Kidron calcul� que, usando su definici�n amplia, �tres quintos del trabajo realmente desarrollado en los 70 fue un desperdicio desde el punto de vista del capital�44.
Moseley, Shaikh y Tonak, y Kidron en sus �ltimos escritos45 no ten�an duda. El peso de proveer trabajo improductivo lleva a un consumo innecesario de plusval�a y de tasa de ganancia46. Moseley, a la vez que Shaikh y Tonak, calcularon la tasa de ganancia en los sectores �productivos� (la �tasa de ganancia marxiana�), y luego compararon sus resultados con aquellos provistos por la econom�a, por las corporaciones y por el Instituto Nacional de Administradores de Pensiones del gobierno de EEUU (NIPA en ingl�s)47. Shaikh y Tonak calculan que, entre 1948 y 1989, �la tasa de ganancia marxiana cae casi un 33%� el promedio de las ganancias basadas en el NIPA cayeron a�n m�s r�pido, m�s de un 48%, y el de las corporaciones fue la de mayor ca�da de todas, m�s de un 57%. Estas declinaciones m�s r�pidas pueden explicarse por el aumento relativo en la proporci�n entre actividades improductivas y productivas�48. Moseley concluye que �en la econom�a norteamericana desde la posguerra hasta fines de los 70, la tasa de ganancia convencional cay� a�n m�s r�pido que la tasa marxiana: un 40% frente a un 15-20%. �l sostuvo que, en los 90, el aumento en el nivel del trabajo improductivo fue la causa central que impidi� una recuperaci�n plena de la tasa de ganancia.
�Por qu� los gastos improductivos crecieron tanto, incluso al costo de ahogar lo que de otra forma habr�an sido tasas de ganancia m�s saludables? En esto tienen que ver distintos factores, pero cada uno es en s� mismo una reacci�n a las bajas tasas de ganancia (y los intentos de las empresas y gobiernos de mantener a raya las amenazas de crisis).
Los capitales destinan mayores recursos en sus intentos de defender y expandir mercados en formas improductivas.
Se suceden olas tras olas de inversiones especulativas, dado que los capitalistas buscan ganancias f�ciles apostando en los mercados de dinero: aventuras financieras, fondos de inversi�n (hedge funds), etc.
Se extiende la hierrocracia de los sectores generacionales y de mando, en un esfuerzo para ejercer mayor presi�n sobre los subordinados, un aspecto com�n en los sectores p�blico y privado en la actualidad.
Los costos del capitalismo tratando de mantener cierta paz social aumentan: en gastos de seguridad y en conceder m�nimos beneficios a aquellos que no le resulta productivo emplear.
Los Estados recurren a aventuras militares como una forma de descargar los problemas que enfrentan sus capitalistas.
Hay un c�rculo vicioso. Las reacciones de las firmas individuales y los Estados a las tasas de ganancia decrecientes tienen el efecto de reducir los recursos disponibles para la acumulaci�n productiva49.
Pero el efecto de los gastos improductivos no se limita a bajar la tasa de ganancia. Tambi�n puede reducir la presi�n a la subida en la composici�n org�nica del capital. �sta fue la perspectiva tomada por Michael Kidron para explicar el impacto �positivo� de los fuertes gastos en armamento en las d�cadas de posguerra. �l opinaba que el consumo de lujo de la clase dominante y sus dependientes generaba un efecto ben�fico para el funcionamiento del sistema, al menos durante un tiempo.
El trabajo �desperdiciado�, argumentaba, no puede aumentar la presi�n de la acumulaci�n por ser a�n m�s capital intensivo. El valor que, de otra forma, aumentar�a la proporci�n entre medios de producci�n y trabajo, es chupado fuera del sistema. La acumulaci�n es m�s lenta, pero puede continuar a un paso sostenido, como en la f�bula de la liebre y la tortuga. Las tasas de ganancia son m�s bajas por el gasto improductivo, pero no se enfrentan a ca�das bruscas y profundas por la r�pida aceleraci�n de la proporci�n capital-trabajo.
Esta exposici�n parece encajar con el per�odo de la inmediata posguerra. Los gastos en armamento (rondando el 13% del producto nacional norteamericano y, con gastos indirectos, tal vez un 15%) eran una importante apropiaci�n de plusval�a que no continuaba la acumulaci�n. Era un gasto del que la clase dominante norteamericana tambi�n esperaba ganar, en el que se apoyaba su hegemon�a global (tanto confrontando a la URSS como aglutinando a las clases capitalistas europeas con los EEUU) y que garantizaba un mercado a sectores productivos importantes de la econom�a de los EEUU. En este sentido, los capitalistas pod�an considerar los armamentos, como su propio consumo de lujo, como una ventaja (muy distinto, en este sentido, a los gastos �improductivos� en mejorar las condiciones de los pobres). Y si reduc�a la tasa de acumulaci�n, esto no era catastr�fico, dado que la reestructuraci�n del capital mediante crisis y guerras ya hab�a empujado la acumulaci�n a un nivel m�s alto que el conocido en los 30. Localmente, todas las firmas ten�an el mismo handicap y, por lo tanto, ninguna sal�a perdiendo frente a otras en la competencia por mercados. Internacionalmente, en los primeros a�os de posguerra, otros pa�ses involucrados en una fuerte competencia econ�mica con EEUU (como la vieja Gran Breta�a imperial y Francia) fueron obstaculizados por sus propios gastos en armamento relativamente altos.
Estos asuntos hoy son muy diferentes. Desde comienzos de los 60, la reemergencia de importantes competidores internacionales gener� fuerte presi�n a los EEUU para reducir el porcentaje de la producci�n dirigida a gastos militares. El est�mulo a los gastos militares, a mediados de los 60, durante la guerra de Vietnam y, en los 80, durante la �segunda Guerra fr�a� s�lo permiti� un respiro de corto plazo a la econom�a norteamericana antes de revelar sus grandes problemas. El incremento de George Bush en el gasto militar de 3,9% a 4,7% del producto bruto norteamericano (equivalente a un tercio de la inversi�n privada aproximadamente), ha exacerbado el creciente gasto p�blico y el d�ficit comercial.
El efecto de todas estas formas de �gasto� es mucho menos beneficioso para el capitalismo en conjunto que un siglo atr�s. Es posible que a�n disminuyan las presiones sobre la tasa de ganancia proveniente de la composici�n org�nica del capital (que ciertamente no crece tan r�pido como lo har�a si toda la plusval�a se destinara a la acumulaci�n). Pero el precio que pagan los pa�ses capitalistas desarrollados a cambio es una lenta acumulaci�n productiva y un bajo crecimiento a largo plazo de las tasas de ganancia. As�, se comprometen los repetidos intentos �neoliberales� de los capitalistas y los Estados de aumentar las tasas de ganancia recortando lo que les pagan a los trabajadores ocupados, los jubilados, los desocupados y pensionistas; el restablecimiento de criterios mercantiles para reducir los gastos en educaci�n y salud; la insistencia en que el tercer mundo pague su libra de carne en pr�stamos; y la aventura norteamericana en tratar de hacerse con el control de la segunda mayor fuente de la materia prima m�s importante del mundo.
Es incorrecto describir la situaci�n como de crisis permanente50 (m�s bien es de crisis econ�micas recurrentes). Las recuperaciones econ�micas de los 80 (especialmente en Jap�n) y los 90 (en EEUU) fueron m�s que mini booms. Bajos niveles de rentabilidad no impiden a los capitalistas imaginar que puede haber ganancias milagrosas en el futuro y succionar plusval�a de todo el mundo para inyectarla en proyectos dirigidos a obtenerlas. Muchas de estas apuestas puramente especulativas en esferas improductivas, como en el caso de las burbujas inmobiliarias, los mercados de productos, las cotizaciones de acciones y, as�, sucesivamente. Pero los capitalistas pueden tambi�n fantasear sobre las ganancias que podr�an realizar volcando recursos en sectores potencialmente productivos y, as�, crear r�pidos booms que duren varios a�os. La inversi�n en EEUU se duplic� entre 1991 y 199951. Cuando la burbuja estall�, se descubri� que se hab�a desarrollado una gran masa de inversiones en cosas reales (como redes de telecomunicaciones de fibra �ptica que nunca ser�an rentables), mientras que el �Financial Times� escrib�a sobre la �hoguera de los $1000 billones de riqueza�.52
Hubo un per�odo en que se produjo una leve recuperaci�n real en la tasa de ganancias. Pero esto no alej� la �exhuberancia irracional� de esperar ganancias especulativas donde no existen. Virtualmente, cada gran compa��a infl� sus ganancias deliberadamente para obtener ganancias especulativas, con ganancias declaradas 50% m�s altas que las reales.53
Hay muchos signos de que en EEUU (y probablemente en Gran Breta�a) podr�amos estar entrando ahora en una fase similar. La inversi�n en EEUU, despu�s de caer en la �ltima recesi�n, est� ahora nuevamente en los niveles de fines de los 9054. Pero la recuperaci�n en EEUU se ha basado en grandes d�ficits fiscales, en la cobertura de la balanza de pagos con el ingreso de pr�stamos del extranjero y el cr�dito tomado por los consumidores para cubrir su costo de vida mientras la porci�n del producto bruto norteamericano que se llevan los asalariados ha ca�do del 49% al 46�55. �ste es el antecedente del renovado inter�s en las operaciones especulativas tales como los fondos de inversi�n, mercados de derivados, la burbuja inmobiliaria y, ahora, el endeudamiento masivo para encarar fusiones entre grandes corporaciones (que recuerda el tema de �las invasiones b�rbaras� de los bonos basura y las grandes adquisiciones de empresas de finales de los 80). Contra estos antecedentes, las ganancias empresarias seguir�n subiendo hasta perder contacto con la realidad y las cosas parecer�n ir bien hasta que finalmente se descubra que van mal. Y, como dicen, cuando EEUU se resfr�a, Gran Breta�a coge la gripe.
Por el momento las tasas de ganancia en Gran Breta�a parecen ser altas. De acuerdo a un c�lculo alcanzaron 15,5% para todo el sector privado no financiero en el �ltimo trimestre de 2006 (el nivel m�s alto desde 1969). Con el Nuevo Laborismo, la porci�n de las ganancias en el producto bruto total alcanz� un r�cord de cerca del 27%56. Pero los niveles de ganancia promedio mejoraron con los altos niveles de ganancia en el Mar del Norte, con el gas y petr�leo. Y el c�lculo de las ganancias realizadas por las firmas brit�nicas no es lo mismo que las ganancias realizadas en Gran Breta�a, dada la alta dependencia de las grandes firmas de sus actividades en el extranjero (m�s que en cualquier otro pa�s capitalista avanzado). En el �sector servicios�, la rentabilidad es alta. De todos modos, la rentabilidad en el disminuido pero todav�a importante sector industrial ha ca�do de alrededor del 15% en 1998 a alrededor del 10% en la actualidad. Como en EEUU, hay muchos entusiastas del capitalismo que temen que los buenos tiempos est�n por terminar como lo hicieron eventualmente en los 70, los 80 y los 90.
Hay incluso dudas respecto a la parte del mundo en que est�n ocurriendo gigantescas inversiones productivas (China). Algunos analistas ven este pa�s como la salvaci�n del sistema de conjunto. El capital Chino ha logrado aspirar m�s plusval�a en nuevas inversiones (m�s del 40% del producto nacional) que EEUU, Europa o incluso Jap�n. Ha logrado explotar m�s a sus trabajadores y no tiene frenos como los niveles de gasto improductivos que caracterizan a los pa�ses desarrollados (aunque el actual boom inmobiliario se caracteriza por una proliferaci�n de rascacielos, hoteles y tiendas). Todo esto le ha permitido competir con los pa�ses desarrollados como mercado de exportaci�n para muchos productos. Pero sus altos niveles de inversi�n ya est�n impactando en la rentabilidad. Un intento reciente de aplicar categor�as marxistas en la econom�a china arroj� el resultado de que sus tasas de ganancia han ca�do del 40% en 1984 al 32% en 2002, mientras que la composici�n org�nica del capital se ha incrementado en un 50%.57 Hay algunos observadores occidentales que est�n convencidos de que la rentabilidad de algunas grandes corporaciones es muy baja, pero es ocultada por la presi�n sobre los bancos estatales para mantener su expansi�n.58
La especulaci�n sobre qu� pasar� a continuaci�n es sencilla, pero carece de sentido. Los contornos generales del rumbo del sistema son descifrables, pero los innumerables factores individuales que determinan c�mo se traducir� esto en la realidad en los pr�ximos meses o incluso a�os, no. Lo que importa es reconocer que el sistema s�lo ha logrado sobrevivir (e incluso, espasm�dicamente, crecer bastante r�pido en las �ltimas tres d�cadas) debido a sus crisis recurrentes, la presi�n sobre las condiciones laborales y las grandes sumas de capital potencialmente invertible desviadas al gasto improductivo. No ha logrado regresar a una �edad de oro� y no lo lograr� en el futuro. Puede que el capitalismo no est� en crisis permanente, pero est� en una fase de crisis repetidas de las que no puede escapar y �stas, necesariamente, ser�n pol�ticas y sociales, adem�s de econ�micas.
Notas
1. La Hiedra, n�mero 1, febrero de 2008.
2. Marx, 1973, p. 748.
3. Marx, 1962, pp. 236-237.
4. Marx, 1962, p. 237.
5. Marx, 1962, p. 245.
6. La composici�n org�nica del capital fue representada algebraicamente por
Marx mediante la f�rmula c/v, donde c = capital constante, y v = capital
variable.
7. Clarke, 1979, p. 427. V�ase tambi�n el comentario de M N Bailey, p.
433-436. Para ver un gr�fico que muestre el aumento a largo plazo de la
proporci�n capital/trabajo, Dum�nil y L�vy, 1993, p. 274.
8. Steedman, 1985, p. 64; comp�rese tambi�n pp. 128-129.
9. Para ver el razonamiento de Marx junto a un ejemplo num�rico, v�ase Marx,
1965, pp. 316-317.
10. He desarrollado este razonamiento, con un ejemplo num�rico elaborado por m�,
en Harman, 1984, pp. 29-30.
11. Este punto fue desarrollado por Robin Murray en respuesta al intento de
Andrew Glyn de usar un �modelo con ma�z� para desmentir la ca�da de las
tasas de ganancia (Muray, 1973), y fue tambi�n tomado por Ben Fine y Lawrence
Harris en Releyendo El Capital (Fine y Harris, 1979). Actualmente, est� en el
centro del razonamiento sugerido por el llamado �Temporal Single-System� de
Alan Freeman y Andrew Kliman. Ver, por ejemplo, Freeman y Carchedi, 1996, y
Kliman, 2007.
12. Fine y Harris, 1979, p. 64. El razonamiento tambi�n es aceptado por Andrew
Kliman. Ver Kliman, 2007, pp. 30-31.
13. Ver los gr�ficos en Harley, 2001.
14. Allen, 2005.
15. Flamant y Singer-K�rel, 1970, p. 18.
16. Por eso la descripci�n de Kidron del capitalismo actual es la de un
�capitalismo que envejece�, en vez del t�rmino �capitalismo tard�o�
popularizado por Ernest Mandel.
17. El �ltimo t�rmino es confuso, porque equipara los m�todos de producci�n
masiva (explotaci�n, gasto creciente de los consumidores e intervenci�n
estatal en la industria), como si alguien pudiera producir estos distintos
efectos; en vez de la l�gica de la concentraci�n y centralizaci�n del capital
en desarrollo. El t�rmino �pos-fordismo� es a�n m�s confuso, ya que los m�todos
de producci�n masiva se mantienen en varios sectores de la econom�a, y hay en
todos los sectores una compleja interacci�n entre estado y capital.
18. Diferentes medidas de la tasa de ganancia arrojan resultados ligeramente
distintos en estas d�cadas.
19. Mike Kidron describe este rol del gasto militar en sus dos libros, Kidron,
1970 a, y Kidron, 1974, punto de vista al que me adher� en Harman, 1984.
20. Kidron, 1970b, p1.
21. La revista Internacional Socialism Journal. N. del E.
22. Harman, 1982, p. 83.
23. Alemi and Foley, 1997.
24. Dum�nil y L�vy, 2005a, p. 11.
25. Brenner, 2006, p. 7.
26. Michl, 1988.
27. Wolff, 2003, pp. 479-499.
28. Moseley, 1997.
29. Dum�nil and L�vy, 2005 b
30. Moseley, 1991, p. 96.
31. Mastroianni, 2006, chapter 11.
32. Stiglitz, 2004.
33. Dale, 2004, p. 327.
34. Ver Harman, 1977, y Harman, 1990.
35. Incluso a m�, los repetidos comentarios de Ken Muller, me requirieron,
siquiera, a empezar a considerarlo.
36. �En una at�pica apelaci�n emocional a la C�mara de Representantes, Tip
O�Neill gener� murmullos en la sala cuando record� los d�as de la Gran
Depresi�n y alert� de que el fracaso en la salvaci�n de Chrysler dar�a como
resultado despidos de trabajadores tan masivos que desencadenar�an una nueva
depresi�n. Dijo: �No podremos recuperarnos durante los pr�ximos 10 a�os�.�
Time magazine, 31 diciembre 1989.
37. El mercado de derivados es aquel en el que se negocia con los precios
futuros de materias primas y acciones.
38. Leiva, 2007, p. 12.
39. V�ase OCDE, 1996.
40. V�ase el cap�tulo �Waste US: 1970� en Kidron, 1974. Tambi�n Harman,
1984.
41. Moseley, 1991, p. 126. Moseley subestima el volumen del trabajo productivo e
improductivo excluyendo el sector p�blico. Ver p. 35.
42. Sheikh and Tonak, 1994, p. 110.
43. Mohun, 2006, figure 6.
44. Kidron, 1974, p. 56.
45. Kidron, 2002, p. 87.
46. Sin embargo, Dum�nil y L�vy rechazan que los gastos improductivos deban
necesariamente bajar las tasas de ganancia. Sostiene que los gastos
improductivos pueden incentivar las tasas de ganancia mediante la supervisi�n
de gerencias de la productividad. Afirman que esto explica el aumento de la tasa
de ganancia ocurrido entre los 20 y finales de los 40. Su argumento es
doblemente incorrecto. Es evidente que la principal causa de ese aumento fue la
destrucci�n de capital debida a la crisis y la guerra. Y, por otra parte, la
mayor productividad no aumenta la tasa de ganancia, ya que su efecto, una vez
que se extiende al conjunto de la econom�a, lleva a la baja el tiempo
socialmente necesario para la producci�n del bien en cuya producci�n se
produjeron mejoras, y, por ende, cae el valor de cada unidad de producto. La
posici�n que sostienen se deriva de la inversi�n que hacen de la relaci�n (entre
la relaci�n que Marx establece entre valor y productividad), por la cual en
realidad abandona la teor�a del valor trabajo negando la posibilidad de que los
valores sean la base de los precios. Ver mi rese�a de �Capital Resurgent�,
Harman, 2005.
47. Moseley, 1991, p.104.
48. Shaikh y Tonak, 1994, p. 124.
49. Un fallo en el an�lisis de Moseley es que no ve esto, sino que busca otros
factores para explicar el nivel creciente del gasto.
50. Fue un error por mi parte usar esta formulaci�n en 1982, aunque creo que
perdonable, ya que enfrent�bamos la segunda recesi�n verdadera que mi generaci�n
experimentaba, y lo hac�amos s�lo cuatro a�os despu�s del final de la
primera.
51. Leiva, 2007, p. 11.
52. Financial Times, 5 de Septiembre de 2001.
53. The Economist, 23 de Junio de 2001
54. Leiva, 2007, p. 11.
55. Riley, 2007.
56. Todos los datos de las tasas de ganancia brit�nicas son de Barell y Kirkby,
2007.
57. O�Hara, 2006.
58. Para ver m�s sobre este asunto, Harman, 2006.