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Historia de Susana

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Susana y los viejos por Artemisia Gentileschi.

La Historia de Susana( /sˈzænə/ soo-ZAN; en hebreo שׁוֹשַׁנָּה Shoshána Šōšannā), también llamada Susana y los ancianos, es una narración incluida en el Libro de Daniel (como capítulo 13) y es un breve texto independiente asociado al Libro de Daniel. Es un caso similar a la Historia de Bel y el Dragón en el mismo libro. Forma parte de la versión griega de la Biblia conocida como Septuaginta, cuyo origen se remonta al siglo III a. C., aunque algunas partes pueden ser posteriores. Aparece, además, en otra versión griega denominada de Teodoción, editada en el siglo II de la Era Cristiana; en ambas forma parte del Libro de Daniel. El mismo criterio ha sido seguido por las tradiciones cristianas tempranas, como las ortodoxas, orientales y la católica Incluido en los Apócrifos por los protestantes, los anabaptistas, los luteranos, los anglicanos y los metodistas si bien lo consideran no canónico, lo estiman muy útil para fines edificantes.[1][2][3]

Desde las investigaciones de Henry Barclay Swete y Alfred Rahlfs, todos los estudiosos de los escritos bíblicos han destacado que se trata de dos cuerpos de texto completamente independientes entre sí, así como del Libro de Daniel.[4]

El nombre de Susana procede del hebreo שׁוֹשַׁנָּה, Šōšanna, y se refiere a la flor de azucena o bien del lirio blanco, un símbolo ancestral de pureza y castidad. Ha sido representada numerosas veces en el arte desde los albores de la cristiandad, el testimonio más antiguo se encuentra en capilla griega de la catacumbas de Priscila de Roma, del siglo III d. C.[5]

El texto no está incluido en el judío Tanaj y no se menciona en la literatura judía temprana,[6] aunque parece haber formado parte de la Septuaginta original del siglo II a. C.,[7] y fue revisado por Teodoción, un redactor judío helenístico del texto de la Septuaginta (c. 150 d. C.).

Canonicidad

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La canonicidad de las Historias de Susana y de Bel y el Dragón ha sido debatida porque estos escritos no han sido incluidos en el Tanaj judío, así como tampoco en el llamado Texto Masorético, y los judíos actuales, aun cuando ven en ellas relatos que revisten valores y enseñanzas de carácter moral, no las han acogido como textos sagrados.

Entre los padres de la iglesia, y los apologistas cristianos de los primeros Siglos, Orígenes[8] defendió la canonicidad de la Historia de Susana, y esta fue citada como Escritura por Ireneo de Lyon,[9] Hipólito de Roma[10] Cipriano de Cartago[11] y Cirilo de Jerusalén.[12] Jerónimo de Estridón incluyó las Historias de Susana y de Bel y el Dragón al final de su propia versión al latín del Libro de Daniel, mas colocó ante ellos una breve nota advirtiendo que ellas no habían sido encontradas en versiones hebreas, y que él las transcribía siguiendo la Versión de Teodoción.

Las distintas iglesias de Oriente, que incluyen las iglesias cristianas ortodoxas, cópticas y siríacas, así como la Iglesia católica en Occidente, avalan ambos textos al reconocerlos como parte integrante del Canon de sus Biblias, y los han acogido entre los documentos deuterocanónicos. Algunas tradiciones los asocian de lleno al Libro de Daniel, como si se tratase de otros dos capítulos de dicho documento, aun cuando los llaman por nombres muy distintos, de acuerdo con las distintas tradiciones.

Los grupos protestantes,[13] y otros grupos cristianos con ideas diferentes de los antes citados,[14] rechazan estos textos, así como los otros deuterocanónicos, que ellos desconocen, y que han llamado apócrifos.

La Comunión anglicana, e iglesias afiliadas a la misma, tales como la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia Episcopal —mismas que representan posturas intermedias entre el catolicismo y otros protestantismos—, por su parte, en el Artículo VI de su Declaración de 39 Artículos, describen estos textos como libros "que la iglesia debe leer como ejemplo de vida e instrucción conductual, más que no deben ser utilizados para establecer doctrina alguna", y los han publicado en los apéndices de algunas de sus Biblias; la cual es una práctica asumida por ciertas importantes versiones y ediciones protestantes.

Manuscritos

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 La casta Susana, J.B. Flaugier, 1800
La casta Susana, J.B. Flaugier, 1800

La versión del Libro de Daniel ha sido encontrada en pocos manuscritos de la Septuanginta: el Codex Chisianus 88,[15] el Codex Syro-Hexaplaris Ambrosianus[16] y el Papyrus 967[17] (de comienzos del siglo III). Los manuscritos muestran un orden diferente. El Papyrus 967, por ejemplo, organiza todo el Libro de Daniel con un orden diferente al que leemos actualmente: 1-4, 7-8,5-6, 9-12, y, en seguida, la Historia de Bel y el Dragón, y, al final de esta, la Historia de Susana.[18]

En su propia versión de la Biblia, Teodoción colocó la Historia de Susana al comienzo del Libro de Daniel. Y, al final de la misma, agregó una nota en la que dice, de manera textual: "Y Daniel se hizo grande delante del pueblo desde el día aquel." Con la inserción tardía de esta anotación, Teodoción proponía que el texto de la Historia de Susana sirviese de apertura al resto de los textos del Libro de Daniel. La posición que ocupa la Historia de Susana en el Libro de Daniel en las Biblias católicas actuales, como Capítulo 13, es la que le asignó Orígenes en su edición políglota de los escritos bíblicos, o sea, en las Hexaplas. Numerosas versiones modernas de los tres o cuatro textos o pasajes deuterocanónicos comúnmente asociados al Libro de Daniel, han sido transcritas a partir de la versión tardía de Teodoción.

Contenido

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Susana, una bella mujer, esposa de Joaquín, un rico e influyente judío en el Exilio babilónico, es vista y deseada por dos ancianos que habían sido nombrados jueces entre los judíos en el exilio en Babilonia. Los dos viejos se ponen de acuerdo para sorprender a solas a Susana y así abusar de ella.

Susana se estaba bañando en privado (tras haber despachado a sus sirvientas) en su jardín cerrado y amurallado. Dos ancianos, que se habían despedido previamente, se encuentran de nuevo cuando la espían mientras se baña. Los dos hombres se dan cuenta de que ambos desean a Susana. Cuando ella regresa a su casa, la abordan y le exigen que mantenga relaciones sexuales con ellos. Cuando ella se niega, la arrestan, alegando que la razón por la que despidió a sus sirvientas era para estar sola mientras mantenía relaciones sexuales con un joven bajo un árbol.

Ella se niega a ser chantajeada y es arrestada y está a punto de ser ejecutada por adulterio cuando el joven Daniel interrumpe el proceso, gritando que los ancianos deben ser interrogados para evitar la muerte de una inocente.

Tras ser separados, los dos hombres son interrogados en detalle sobre lo que vieron y se contradicen entre sí sobre el árbol bajo el que supuestamente Susana se reunió con su amante. En el texto griego, los nombres de los árboles citados por los ancianos forman juegos de palabras con las frases pronunciadas por Daniel. El primero dice que estaban bajo un árbol de lentisco (ὑπο σχίνον, hypo schinon), y Daniel dice que un ángel está listo para cortarlo (σχίσει, schisei) en dos. El segundo dice que estaban bajo un roble de hoja perenne (ὑπο πρίνον, hypo prinon), y Daniel dice que un ángel está listo para serrarlo (πρίσαι, prisai) en dos.

La gran diferencia de tamaño entre un lentisco y un roble hace que la mentira de los ancianos resulte evidente para todos los observadores. Los falsos acusadores son condenados a muerte y la virtud triunfa.

En su versión tardía de este documento, el judío Teodoción agrega unos detalles que indican que Susana se estaba preparando a recibir un baño con aceites y esencias aromáticas en el justo momento de ser interceptada por los dos viejos. Los detalles del "baño de Susana", que enuncia Teodoción en su versión tardía, causaron gran impacto a través de los siglos en la mentalidad de múltiples artistas, músicos y escritores del mundo occidental, que siguieron de cerca la saga del relato de acuerdo con la versión de Teodoción.

El texto en griego Antiguo del Libro de Daniel asentado en la Biblia Griega o de los LXX, bastante más temprano, sin embargo, no dice que Susana fuera a tomar un baño en ese instante. Y dice, simplemente, que, un día en que Susana pasea por el vergel[19] de su marido, los viles viejecillos la sorprenden, y entonces la presionan, e intentan convencerla de que se les entregue sexualmente. Susana los enfrenta, y les responde:

«Sé que, si hiciere esto, muerte es para mí; y que, si no lo hago, no escaparé de vuestras manos. Más bello, sin embargo, para mí, caer en vuestras manos, no habiendo hecho esto, que pecar ante el rostro del SEÑOR...» —Historia de Susana [Daniel 13], Versos 22-23.

Los dos ancianos jueces, al verse rechazados, acusan a Susana de adulterio, y esta es llevada a juicio, donde los dos ancianos testifican falsamente en su contra haberla visto retozando con algún jovenzuelo en cierto paraje del vergel de su esposo. En su Versión tardía, Teodoción intenta conferir al relato elementos dramáticos, y dice que Susana, levantando sus ojos al cielo, lloraba a grandes voces al clamar la intervención divina. Por contraposición casi perfecta, el texto original de los LXX, siempre más reservado, más libre de detalles excesivos, dice sencillamente que Susana, inclinada, lloraba en su interior mientras clamaba la intervención divina.

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Susana y los viejos, Guercino.

Y, ante la importancia y la "credibilidad" de sus acusadores, Susana es condenada a morir apedreada. Mas, cuando es llevada por la congregación para ser lapidada, el profeta Daniel, que por aquel entonces, es solo un tierno niño, aprendiz de las artes de la consejería, con miras a ejercerla al servicio del rey Nabucodonosor, detiene el cortejo del pueblo que lleva a Susana hacia el sitio de su lapidación, reprende a la gente por estar actuando sin conocimiento pleno de la causa, y pide separar a los dos viejecillos para interrogarlos con inteligencia.

(Esta sencilla idea representa en sí misma un considerable aporte y adelanto temprano en materia de averiguaciones y procedimientos tendientes a aclarar y deslindar acciones y participaciones de las partes que han sido involucradas en litigios, o en hechos delictivos.)

Y, tal como sucede en los procesos en los que se implementa dicho procedimiento, los dos falsos testigos incurren en tremenda inconsistencia o contradicción en sus declaraciones cuando el jovencito les pregunta bajo qué árbol vieron a Susana recostada con su supuesto amante. Uno de ellos dice: "Debajo de un lentisco", y el otro dice: "Debajo de una encina". Ante la evidencia del falso testimonio de los jueces, la bella y noble dama es exonerada de todos los cargos que habían sido afincados en su contra, y los dos viejecillos mueren ejecutados en lugar de Susana.

La enseñanza moral de esta historia se centra en la elección de Susana de respetar a Dios antes que acomodarse al influjo de los malos por temor a perder todos sus privilegios como una dama noble, rica y acomodada. Y busca contrastar, por otra parte, la conducta perversa y corrupta de dos ancianos jueces prestigiosos, con la sabiduría e inteligencia, candor e ingenuidad de un tierno jovencito, hacer un gran elogio a las virtudes de los más jóvenes, e ilustrar la idea de que Dios socorre a los justos que prefieren sufrir a manos de los malos antes que ofenderlo a él.

Fecha e historia textual

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Parte del texto de la Septuaginta de la historia de Susana conservado en el Papiro 967 (siglo III).

El texto griego se conserva en dos versiones. La versión recibida se debe a Teodoción; esta ha sustituido a la versión original de la Septuaginta, que solo se conserva en la traducción siríaca, en el Papiro 967 (siglo III d. C.) y, excepcionalmente, en un único manuscrito medieval, conocido como Códice Chisianus 88. Algunos han citado los juegos de palabras griegos en los textos como prueba de que el texto nunca existió en hebreo o arameo,[20] pero otros investigadores han sugerido pares de palabras para árboles y cortar que suenan lo suficientemente similares como para suponer que podrían haber sido utilizadas en un original.[21] La Anchor Bible utiliza «tejo» y «hew», y «clavo» y «cleave», para conseguir este efecto en inglés.

Sexto Julio Africano no consideraba que la historia fuera canónica. Jerónimo (347-420), al traducir la Vulgata, trató esta sección como una fábula no canónica.[22] En su introducción, indicó que Susana era una adición apócrifa porque no estaba presente en el texto hebreo de Daniel. Orígenes aceptó la historia como parte de los «libros divinos» y censuró a los «presbíteros malvados» que no reconocían su autenticidad (“'Hom Lev 1.3.”'), señalando que la historia se leía comúnmente en la Iglesia primitiva (“'Carta a Africano”'); y afirmó que los dos ancianos que habían acusado a Susana eran los falsos profetas Acab ben Kolaiah y Sedequías ben Masseiah, que «cometieron adulterio con las mujeres de sus vecinos» y fueron ejecutados por el rey Nabucodonosor II (Jeremías 29:21-23); También señaló la ausencia de la historia en el texto hebreo, observando (en «Epistola ad Africanum») que había sido «ocultada» de alguna manera por los judíos. La afirmación de Orígenes recuerda la acusación de Justino Mártir de que los escribas judíos «eliminaron» ciertos versículos de sus Escrituras (Dialogue with Trypho: C.71-3). Aunque se omitió en las Escrituras judías, se reconoce que la historia de Susana formaba parte de la tradición judía en el período del Segundo Templo.[23]

Lengua original

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Los manuscritos griegos de la Historia de Susana son la fuente de las traducciones a otros idiomas. Los expertos discuten si el griego fue el idioma original, o si los manuscritos griegos, tanto de los "LXX", como de Teodoción, son traducciones del hebreo o del arameo. Canton ha estimado que este documento pudo ser escrito en la primera parte del siglo I a. C.[24]

En favor del origen griego, se argumenta por ejemplo, que el uso de parónimos griegos para construir un juego de palabras entre él árbol que escoge cada falso testigo y la sentencia que pronuncia Daniel para cada uno: el primero responde que fue bajo un σχινον, "skhinón", el cual es traducido como acacia o lentisco, y Daniel le responde que un ángel "σχισει σε μεσον", "skhiséi se meson", "te partirá a la mitad"; el segundo responde que fue bajo un "πρινον", "prinón", el cual es traducido como roble o encina, y Daniel le responde que un ángel "πρισαι σε μεσον", "prisái se meson", "te tronzará a la mitad".[25]

Sin embargo es posible que una traducción se esfuerce en mantener figuras literarias encontradas en un original, tal como en este caso hace la traducción inglesa de The Anchor Bible contrasta "yew" (tejo) con "hew" (tajar) y "clove" (clavero) y "cleave" (quebrar). Algunos estudiosos sugieren que los juegos de parónimos habrían sido un aporte del traductor al griego.

En favor de un original hebreo, se ha argumentado la presencia de la Historia de Susana en la versión griega del judío Teodoción, que hizo una traducción docta del Libro de Daniel desde el hebreo. Algunos estudiosos ya han considerado la posibilidad que los fragmentos 4Q551 de Qumrán, hayan correspondido al texto hebreo de Susana,[26] aunque otros consdieran que podría tratarse de fragmentos de Jueces.[27]

Historicidad

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Los Versos 1-5 dan algunos detalles sobre el contexto histórico, social y cultural de este relato; entre ellos, la riqueza e importancia de Joaquín entre los desterrados, y el hecho de que dos malos ancianos, acerca de los cuales hubiera dicho Dios algunas cosas, hubieran sido electos como jueces "durante ese año".

Estos cinco Versículos no existen en el texto de la Biblia LXX. Teodoción los agrega en su Versión tardía (hacia el siglo II) recurriendo a los textos del Libro de Jeremías. En efecto, el Versículo 4 relata que, a la casa que Joaquín poseía en Babilonia, solían acudir de forma cotidiana numerosos judíos, por tratarse del "más distinguido de todos"[28] los judíos. Esto representa una clara —aun cuando discreta—, forma de decir que el Joaquín de esta historia no es ninguno otro sino el rey Joaquín hijo de Joacim, último rey judío, que había sido llevado cautivo hacia el Exilio Babilónico por Nabucodonosor II de Babilonia, hacia el 606 a. C., durante el mes tercero de su breve reinado.

No se hace referencia de lleno a su realeza porque el pueblo judío evitaba referirse a cualquier hecho tocante a su teocracia en cualquier contexto ajeno a la comunidad judía avecindada en la llamada Tierra Santa (Cf. Salmos 137:5), así como también, de alguna forma, sucesos cualesquiera tocantes a la historia de la nación judía acontecidos fuera de dicha Tierra Santa. Confróntese, al respecto, la gran laguna histórica existente entre la conclusión del Libro [1 y 2 ]de las Crónicas, y el mucho más temprano reinicio del relato de la historia judía, tal como se presenta al inicio del Libro de Esdras[ y Nehemías], y que se identifica, con toda propiedad, en el breve resumen relatado en 2 Crónicas 36:20-21; donde se sintetiza, en solo dos Versículos, todo lo acontecido a la nación judía durante los 70 años que durara el Exilio Babilónico.

Por cuanto se refiere a aquella otra expresión que reza textualmente que acerca de los viejos «había dicho SEÑOR que había salido maldad de Babilonia, de los ancianos jueces que parecían gobernar al pueblo», ciertos escrituristas han hecho observaciones referentes al hecho de que esta expresión no es la cita textual de ningún otro texto bíblico conocido. Mas, cuando se examina de forma cuidadosa, salta a la vista el hecho de que, en realidad, se trata de una forma irónica y sarcástica de referirse al texto en que el profeta Jeremías coloca unas palabras similares en boca de Yahveh: «[...] vosotros habéis dicho: "Yahveh ha suscitádonos profetas en Babilonia"» (Jeremías 29:15). Un poco más abajo, Jeremías denuncia a dos pseudoprofetas amantes de acostarse con esposas de sus conciudadanos exiliados (Jeremías 29:21-23).

Acerca de estos hechos, el célebre erudito judío ruso americano Isaac Asimov, en su Guía de la Biblia, declara lo siguiente: «Los "ancianos", o viejecillos, probaron ser malvados, y la tradición judía los identificó, por ello, con dos profetas denunciados como falsos por Jeremías. Pero como Susana es generalmente considerada una obra de ficción, una identificación tal necesita no ser tomada seriamente.»[29]

Esta postura escéptica hacia todo posible, presunto o presumible carácter histórico de este documento, sin embargo, refleja la postura parcialmente sesgada de un hombre de ciencia de orígenes judíos; quien, consecuentemente, solía ver al Tanaj, y no a la Septuaginta, como la norma básica del Canon de los libros tenidos por sagrados entre los israelitas. Refleja, así mismo, el muy profundo impacto que ciertos cristianismos de líneas protestantes llegaron a causar en la mentalidad del pueblo americano —la nación adoptiva del Dr. Asimov a su exilio de Rusia— durante su paso, del Siglo XVII al Siglo XX.

Es justo enfatizar, por otra parte, que, fuera de las series de criterios con bases en los cuales los judíos excluyeron del canon del Tanaj, sistemáticamente, todos los documentos Deuterocanónicos, no hay argumentos sólidos para desestimar o cuestionar, de manera tajante, el valor o el carácter histórico y moral de dichos documentos.

Aun cuando queda claro que, a nivel exegético, ha sido ciertamente muy laxa y muy escasa la labor realizada por exégetas bíblicos de todos los contextos; ya que, en pleno siglo XXI, a más de 20 Siglos de la Era Cristiana, aún no se ha estudiado, de forma concienzuda y ordenada, profunda y detallada, y no comprometida con alguna postura confesional concreta, hechos muy importantes relativos a varios de estos documentos (los Deuterocanónicos).

Posibles reminiscencias mitológicas

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Susana se paseaba por los campos, como algunas deidades femeninas de la fertilidad del Mundo Antiguo. Aquí, la diosa Flora, como quedó representada en un muro de Pompeya hace unos dos mil años.

No menos sugestiva y fascinante, sin embargo, se antoja la moción de ver en esta historia claras reminiscencias de mitos orientales de diosas o deidades femeninas de la fertilidad, y la fecundidad y exuberancia del reino vegetal: el nombre de Susana es la forma semítica del nombre de una flor, concretamente la azucena, o flor de lirio blanco; por otra parte, la alusión al paraíso, jardín, vergel, pomario o huerto del marido, y la presencia en este de árboles de nueces, tales como la encina y el lentisco, parece una muy clara referencia al cultivo de los huertos, los campos, y los árboles frutales.

Desde esta perspectiva, Susana guarda algunos sumamente importantes aspectos en común con Ceres o Deméter, una deidad agrícola, patrona y protectora del cultivo de campos de gramíneas, espigas o cereales, así como también de la sacralidad, respeto y observancia de las leyes, así como también del matrimonio, los cuales son conceptos que este documento vincula a la figura de Susana de múltiples maneras directas e indirectas.

De la misma manera, Susana guarda rasgos en común con Flora o Cloris, señora de las flores, como la referencia, claramente floral, del nombre de ambas damas, la eterna juventud de la deidad pagana, y la extrema lozanía y delicadeza de la joven Susana. Flora era la esposa del viento favorable, y Susana gozaba del favor de ser la esposa de un rey de los judíos. La diosa Flora era un símbolo ancestral de la renovación del ciclo de la vida, al cual, en cierta forma, se refiere la Historia de Susana al contrastar la gracia, pureza e inocencia de los niños con la degradación y degeneración moral de ancianos pervertidos.

Y, muy especialmente, Susana guarda rasgos en común con alguna deidad oriental asociada a la diosa romana Pomona, señora de los frutos, las bayas y las nueces, (tales como el pistache y la bellota, las nueces de la encina y el lentisco), casada con Orduño, el señor de los huertos, (¿tal vez representado por Joaquín, con su vasta extensión de tierras repobladas de vida vegetal?). Pomona era una diosa eternamente joven, (como joven Susana), y que era asediada en el campo por los viejos y feos guardianes de la fauna silvestre: los faunos y los sátiros, (¿tal vez representados por los dos viejecillos que fungían como jueces del pueblo?). Y, como dato extra, algunas tradiciones acusan a Pomona de haberle sido infiel a su marido, al haber sostenido amoríos con Pico, una deidad profética romana, (de forma sospechosamente paralela a las imputaciones de adulterio sufridas por Susana).

Aparte de estos hechos, todas estas deidades femeninas paganas eran representadas como bellas señoras que solían recorrer los campos y cultivos, recogiendo, a su paso, en su regazo, espigas de gramíneas o cereales (Ceres), flores y capullos (Flora), o frutos de muy amplias variedades, incluyendo las bayas, las drupas y las nueces (Pomona). La Historia de Susana, por su parte, nos dice que Susana tenía como hábito salir a recorrer el vergel del marido al caer de la tarde (Verso 7).

Ideas preliminares

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Todos estos detalles cobran gran importancia desde una perspectiva antropológica, pues hacen que la Historia de Susana parezca la fusión o sincretismo de varios de estos mitos en un solo relato, cuya protagonista, para el caso, Susana, representaría un papel parecido a nuestra concepción moderna occidental de la denominada Madre Naturaleza.

Aun cuando este hecho pudiere hoy parecer algo muy incorrecto desde una perspectiva religiosa cristiana, la acción de colocar a dioses y deidades paganas en el papel de víctimas que necesitan ser salvadas por un poder mayor, fue, entre los judíos y otros pueblos antiguos, un hecho muy frecuente que tuvo el objetivo, bastante bien logrado en su momento, de demostrar que incluso las deidades paganas se hallaban a merced unas de otras, y que necesitaban todas ellas recurrir al arbitrio, poder y protección de un solo ser supremo, como este documento nos dice que Susana habría recurrido en este caso a SEÑOR, el Dios que veneraban las tribus israelitas (Versos 42-44).

Si bien, es oportuno señalar que asumir sin reservas como un hecho el carácter mitológico de este documento, resulta sumamente anticipado, en vista de la falta de estudios detallados al respecto, y debido a que, aparte de los escritos bíblicos, se ignora los detalles de los hechos históricos vividos por las comunidades judías en el exilio.

En tanto los exégetas se animan a intentar dilucidar posibles relaciones contextuales de este interesante documento con hechos mitológicos, o bien, historiográficos, subyacentes al mismo, la Historia de Susana podría representar, por una parte, el relato de hechos que eran muy frecuentes y habituales entre las sociedades y contextos geográficos e históricos de todo el Mundo Antiguo; y, por otra, un clarísimo ejemplo de la penetración de sincretismos de tipo religioso en los contextos bíblicos, y en la mentalidad del pueblo de Israel, el pueblo que, de acuerdo con la historia, se diera a la tarea de redactar la Biblia.

Comentarios

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De la Iglesia católica

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Se presenta el contexto en el que se desarrolla el drama: la vida de una familia judía acomodada y piadosa en el exilio. Susana aparece como símbolo de Israel, mientras que la maldad se encarna en quienes se presentan como guías del pueblo. Los dos ancianos aluden a falsos profetas acusados de adulterio, mencionados en Jr 29,21-23. Se subraya que es la lujuria la que los lleva a perder el juicio.

Juan Crisóstomo, en una obra suya donde se comenta este pasaje señala:

Si ningún sentido se deteriora y corrompe, el alma se mantiene limpia y sin mancha. Pero si ocurre que se deja que la vista permanezca sin control y vague mirando alrededor (…), la ola furiosa del deseo entra por los ojos hasta lo más profundo del corazón, y enseguida, arrastrada por el huracán de las pasiones, se hunde en el pecado después de haber naufragado en la templanza.[30]

La tensión narrativa alcanza su clímax con la condena de Susana. Ante la disyuntiva de conservar la vida mediante el pecado o morir fiel, inocente y leal a su esposo, elige la segunda opción. Susana se presenta así como ejemplo para el pueblo en medio de las pruebas. Incapaz de probar su inocencia ante los hombres, la confía a Dios, conocedor de lo oculto, y aguarda en Él (v. 42).

¡Cuántas veces la insidia de los envidiosos o de los intrigantes coloca, a muchas criaturas limpias, en la misma situación! Se les ofrece esta alternativa: ofender al Señor o ver denigrada su honra. La única solución noble y digna es, al mismo tiempo, extremadamente dolorosa, y han de resolver: prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar contra el Señor (Dn 12,23).[31]

Ante Dios no hay nada oculto «Él es todo ojo y nada de lo que se hace en el mundo se le esconde»[32] En este caso, la justicia divina se manifiesta al suscitar en Daniel el espíritu de profecía, denominado aquí espíritu santo, y su figura juvenil contrasta con la de los ancianos. Daniel reprende al pueblo por su aceptación acrítica del juicio y provoca la reapertura del proceso, exigiendo una investigación honesta, libre del peso de la autoridad aparente de los jueces. El método que emplea para esclarecer los hechos es sencillo y de carácter popular. Susana, reconocida por todos como mujer virtuosa y esposa fiel, queda reivindicada y se convierte en símbolo de la fidelidad de Israel a su Dios. Si a lo largo del libro Daniel goza del favor de los reyes extranjeros, aquí se subraya que también es reconocido por su propio pueblo, lo que refuerza la credibilidad de las revelaciones transmitidas por medio de él.[33]

Representaciones en el arte

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La historia está representada en el Cristal de Lotario, un cristal de roca grabado fabricado en la región de Lotaringia, en el noroeste de Europa, a mediados del siglo IX, y que se encuentra en el Museo Británico. [34]

La historia se pintó con frecuencia a partir de 1470 aproximadamente. Susana es el tema de pinturas de muchos artistas, entre los que se incluyen (pero no se limitan a) Lorenzo Lotto (Susana y los viejos, 1517), Guido Reni, Rubens, Van Dyck (Susana y los viejos), Tintoretto, Rembrandt, Tiepolo y Artemisia Gentileschi (Susanna and the Elders, 1610). Algunas interpretaciones, especialmente en el periodo barroco, enfatizan el drama, mientras que otras se centran en el desnudo; una versión del siglo XIX de Francesco Hayez (National Gallery, Londres) no muestra a ningún anciano. [35] El pintor uruguayo Juan Manuel Blanes también pintó dos versiones de la historia, entre las que destaca una en la que los dos voyeurs no aparecen y Susana mira a su derecha con expresión preocupada.

En 1681, Alessandro Stradella compuso un oratorio en dos partes, La Susanna, para Francesco II, duque de Módena, basado en la historia. En 1749, George Frideric Handel compuso un oratorio en inglés titulado «Susanna».

Susanna (y no Peter Quince) es el tema del poema de 1915 Peter Quince at the Clavier de Wallace Stevens, que ha sido musicado por el compositor estadounidense Dominick Argento y por el canadiense Gerald Berg.

El artista estadounidense Thomas Hart Benton (1889-1975) pintó una Susanna moderna en 1938 para el Museo de Young de San Francisco. A diferencia de las imágenes escultóricas del arte clásico, incluyó conscientemente el vello púbico. La fábula se ambienta durante la Gran Depresión, y Benton se incluyó a sí mismo como uno de los voyeurs.

El escritor belga Marnix Gijsen toma prestados elementos de la historia en su primera novela, “'Het boek van Joachim van Babylon”', de 1947.

Pablo Picasso también representó el tema a mediados del siglo XX, retratando a Susana de forma muy similar a como retrata a sus otros desnudos recostados menos abstractos. Los ancianos aparecen representados como cuadros colgados en la pared detrás de ella. El cuadro, pintado en 1955, forma parte de la colección permanente del Museo Picasso Málaga.

La ópera estadounidense Susannah, de Carlisle Floyd, ambientada en el sur de Estados Unidos del siglo XX, también se inspira en esta historia, con la adición de un predicador itinerante que seduce a Susana. [36]

Shakespeare hace referencia a este episodio bíblico en la escena del juicio de El mercader de Venecia, donde Shylock elogia a Porcia como «una segunda Daniel» por sus acertados juicios, un cumplido que luego repite Graciano cuando ella falla en contra de Shylock. (Cabe señalar que esta historia no forma parte del Libro de Daniel hebreo, pero sí está incluida en la Septuaginta, lo que significa que Shylock probablemente la conozca). Se supone que Shakespeare bautizó a su hija mayor con el nombre del personaje bíblico.

La historia también se repite en Las mil y una noches con el título «La mujer devota y los dos ancianos malvados». [37]

Varios pintores han representado a Susana bañándose:

En la música, la Historia de Susana ha inspirado:

Susana ya ha sido, así mismo, un tema recurrido de la literatura popular, citado y asentado, por ejemplo, en el poema Daniel, escrito en 1331 por un autor anónimo. En 1577 se estrenó el drama Susanna de Nicodemus Frischlin. La tragedia de Paul Rebhun Ein Geistlich Spiel von der Gotfürchtigen und keuschen Frauen Susannen se imprimió en 1536. El poeta lírico bohemio, Hugo Salus, publicó Susana en el baño, en 1901.

Véase también

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Notas

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  1. Geisler, Norman L.; MacKenzie, Ralph E. (1995). Roman Catholics and Evangelicals: Acuerdos y diferencias (en inglés). Baker Publishing Group. p. 171. ISBN 978-0-8010-3875-4. «Los luteranos y anglicanos lo utilizaban solo para cuestiones éticas y devocionales, pero no lo consideraban autoritario en cuestiones de fe.»
  2. Dyck, Cornelius J.; Martin, Dennis D. (1955). La enciclopedia menonita: A-C (en inglés). Mennonite Brethren Publishing House. p. 136. ISBN 978-0-8361-1119-4.
  3. Kirwan, Peter (16 de abril de 2015). Shakespeare y la idea de los apócrifos: negociando los límites del canon dramático (en inglés). Cambridge University Press. p. 207. ISBN 978-1-316-30053-4.
  4. DE JERUSALÉN, Escuela Bíblica; Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer; Bilbao, España, 1975; Pág. 1297; nota al subtítulo "Bel y el dragón", correspondiente al Capítulo 14 del Libro de Daniel.
  5. Izquierdo, C. (23 de enero de 2018). «Friedrich W. J. SCHELLING, Filosofía de la Revelación, I: Introducción, EUNSA, Pamplona 1998, 183 pp., 14 x 21, ISSN 1137-2176.». Scripta Theologica 31 (2): 586-587. ISSN 2254-6227. doi:10.15581/006.31.16046. Consultado el 7 de junio de 2024.
  6. letter=S «Jewishencyclopedia.com». Jewishencyclopedia.com. Consultado el 25 de agosto de 2013.
  7. New American Bible (Revised Edition), nota al pie «a».
  8. Origen, To Africanus 5 (ante A.D. 254), in ANF,IV:387.
  9. Irenaeus, Against Heresies (A.D. 180): ANF,I:497.
  10. Hippolytus Commentary on Daniel (A.D. 204); ANF,V:191,194
  11. Cyprian, Testimonies 20 (ante A.D. 258); ANF,V:540
  12. Cyril of Jerusalem, Catechetical Lectures (A.D. 350); NPNF2,VII:123.
  13. La expresión protestantes incluye a las iglesias protestantes históricas, angloepiscopalianas, evangélicas, sabáticas bautistas y adventistas, pentecostales, neopentecostales, etc.
  14. Citamos, como ejemplos, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (comúnmente llamada la Iglesia “de Mormón”, o la Iglesia “Mormona”), o la Federación de Familias por la Paz y la Unificación Mundial (comúnmente llamada la Iglesia de la Unificación, o la Iglesia “de Moon”), o el grupo religioso La Familia (comúnmente llamado los “Niños de Dios”), así como la Sociedad Bíblica y Tratadística de la Torre Vigía (comúnmente llamada “Testigos de Jehová”).
  15. Vaticanus gr. R VII 45, Sigel 88
  16. Tella, Paulus von (1874) Ed. Ceriani, Mailand
  17. Geißen, A. (1968) Daniel 5-12; Susanna, Bel et Draco; Esther: Der Septuaginta-Text des Buches Daniel, Kap. 5-12, zusammen mit Susanna, Bel et Draco, sowie Esther Kap. 1,1a-2,15 nach dem Kölner Teil des Papyrus 967 (PTA 5), Bonn.
  18. Cousin, Hugues (1992) "Daniel"; La Biblia Griega. Los Setenta. Estella: Verbo Divino, p.p. 105-107.
  19. Expresión imprecisa. El texto griego emplea, de forma primigenia, la expresión παραδεισος, paradeísos; que, en un sentido propio, significa comarca, lugar que se distingue en derredor. La Vulgata latina transcribe pomárium, es decir, un huerto de árboles frutales. Versiones castellanas se refieren, de manera indistinta, a un huerto o un jardín. Sin embargo, a partir de los hechos expuestos en la parte final del nudo del relato —a saber, la presencia de encinas y lentiscos, y el hecho de que se tratase de un espacio tan denso y tan extenso que dentro de sus límites pudiese hacerse cosas sin ser vistos por otros—, se infiere que se trata de una vasta extensión de bosques mediterráneos, mediana o densamente repoblados de árboles y arbustos de gran diversidad en su apariencia, su tipo y su estatura; la cual, probablemente, haya tenido acceso o colindancia a las márgenes del Éufrates. En su versión tardía, Teodoción sugiere tratarse de un lugar que puede ser cerrado o clausurado por medio de puertas. Pero esta referencia contradice la idea, noción o percepción que se tratase de un área muy extensa y espaciosa, en donde las personas, solas o acompañadas, pudiesen substraerse de la visión de otros. La alusión a las puertas que cierran el jardín no se encuentra presente en el texto griego antiguo, que es mucho más temprano y primigenio.
  20. Eerdmans Commentary on the Bible. Dunn, James D. G., 1939–, Rogerson, J. W. (John William), 1935–. Grand Rapids, MI: W.B. Eerdmans. 2003. pp. 805. ISBN 9780802837110. OCLC 53059839.
  21. Ball, Rev. Charles James (1888). pg=PA324 La Santa Biblia, según la versión autorizada (A. D. 1611), con un comentario explicativo y crítico y una revisión de la traducción: Apócrifos, volumen 2. Londres: John Murray, Albemarle Street. p. 324. ISBN 9781276924047. Consultado el 11 de enero de 2020.
  22. Comité de la Verdad Católica de los Caballeros de Colón (1908). La Enciclopedia Católica: Una obra de referencia internacional sobre la Constitución, la Doctrina, la Disciplina y la Historia de la Iglesia Católica. Encyclopedia Press. p. 626. «Aunque las partes deutero-canónicas de Daniel parecen contener anacronismos, no deben tratarse —como hizo San Jerónimo— como meras fábulas».
  23. Simkovich, Malka (2016). «El cuento de Susana: Una historia sobre Daniel - TheTorah.com». www.thetorah.com. Consultado el 5 de abril de 2022. «Las historias de la Biblia hebrea sobre Daniel conservadas en Daniel 1-6 son solo una parte de los relatos que circulaban sobre Daniel en la época del Segundo Templo. Algunas de estas historias se incluyeron finalmente en los apócrifos, nombre utilizado para referirse a los libros de la Septuaginta, la traducción griega de la Biblia, que no se incluyeron en el texto masorético. Una de estas historias sobre Daniel es el libro de Susana, que aparece en dos versiones ligeramente diferentes: la versión griega antigua, la primera traducción griega de la Biblia hebrea, y la versión de Teodoción, quien produjo una traducción griega ligeramente diferente de la Biblia hebrea en el siglo II d. C. En la versión de Teodoción, Susana servía como introducción al libro de Daniel.».
  24. Canton, Dan W. (2003) "Dating the Story of Susanna: a proposal; Journal for the Study of Judaism 34(2):121-140."
  25. El texto de la Biblia Septuaginta, siempre menos pulido, primario y primigenio que esta recensión de Teodoción, siempre más sistemática, graciosa, elegante y ordenada, relata que Daniel le dice al primero que el ángel de SEÑOR "σχισει σου την ψυχην", "skhiséi sou ten psukhén", "partirá de ti el alma"; y al segundo le dice que el ángel de SEÑOR "την ρομφαιαν εστηκεν εχων [...] ινα καταπριση σε", "ten romphaían esteken exón [...] ina kataprisé se", "a la espada permanece teniente [...] para destrozarte".
  26. Milik, Józef Tadeusz (1981) "Daniel et Susanne à Qumrân?"; Dore, P.; M. Grelot et M. Carrez (eds.) De la Torah au Messie: 337-359. Desclée, Paris.
  27. Nickelsburg, George W. E. (1997) "4Q551: A Vorlage to Susanna or a Text Related to Judges 19?" Journal of Jewish Studies 48(2): 349-351.
  28. Expresión imprecisa. La Versión Teodoción acuña la voz griega ενδοξοτερον παντων, que puede traducirse como el más glorioso, honrado, honorable, notable, connotado o distinguido de todos.
  29. ASIMOV, Isaac; Asimov's Guide To The Bible, Volume One, The Old Testament; Page 620; Random House, USA, 1967-1981.
  30. Juan Crisóstomo; De Susanna, col. 591
  31. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 68
  32. Hipólito de Roma, Commentarium in Danielem; n.º 1, vers 33.
  33. Sagrada Biblia. Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. comentarios a la Sagrada Biblia; pag 2822-76
  34. British Museum. «Cristal de Lotario». Colección en línea. Consultado el 23 de junio de 2016.
  35. Nationalgallery.org.uk (ed.). «Susanna at her Bath, 1850, Francesco Hayez». Consultado el 25 de agosto de 2013.
  36. Eyer, Ronald (Winter 1956–1957). «Carlisle Floyd's “'Susannah”'». Tempo 42 (42): 7-11. JSTOR 942914. S2CID 144987051.
  37. La mujer devota y los dos ancianos malvados

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