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miércoles, 1 de agosto de 2012

DIARIOS: Punk y bicicletas.

Seguimos con la sección de "Diarios de Fabricicleta" para seguir contando nuestras historias mínimas, nuestras historias que algún día Ricardo Darín morirá por hacer en el cine. La Fabricicleta se construye día a día, rayo a rayo, beso a beso. En ésta oportunidad, Francisco nos cuenta una nueva historia digna de un Kennedy muerto o un Fugazi total, nunca Pil.
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Cuando el punk y su filosofía del hazlo tu mismo se juntan con una bici rota
En el verano mi “La Pasionaria” sufre una rotura de cuadro. Allí quedo parada durante un tiempo dentro de un mar de “no se puede arreglar” o “si, se puede arreglar pero se te va volver a romper al rato” junto con mis ganas de pedalear.
Una rápida respuesta a esa situación fue la adquisición de una bici nueva y mucho más moderna que la maltrecha Pasionaria. Pero los días pasaban y “La Pasionaria” seguía ahí en casa, tirada, con sus ganas de volver andar.
Verla así, solo provocaba en mí numerosos interrogantes del tipo: ¿Qué hacer con ella? ¿Tirarla? ¿Regalarla? ¿Quemarla en una fogata vikinga? Etc. Hasta que se me ocurrió hacer de ella una bici libertaria y la idea me cerraba por todos lados: ¿Es posible armar una bici 100% libertaria? Del Punk: Hazlo tu mismo. Auto-gestión ¿Conocimientos? ¿Herramientas?No. Ir a la fabri.
Y así fue como empezó a gestionarse en mi cabeza la idea de armar una bici “nueva” utilizando la máxima cantidad de piezas posibles de la “vieja”. 

martes, 13 de diciembre de 2011

Una fabriexperiencia: Capítulo III

Querido diario:

Hoy, luego de 20 años sin andar en bicicleta a he vuelto a subirme en ella.........mi corcel violeta. ("la" es ahora "él")

Un niño rubio me ha ayudado a poner sus pezuñas a punto, a remendar su montura, y a aceitarle los frenos. Después de tantos años sin montar, tenía un poco de miedo, entonces "Rubio" me acompañó en semejante empresa, y ahí me tienen,

cabalgando por las calles, feliz, al galope, al trote...........

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Una fabriexperiencia: Capítulo II

Image¿Qué hacer cuando uno no sabe qué hacer?,
por Cristóbal G. Méndez (cgmendex@gmail.com)

Me pidieron que escribiera mi experiencia en la Fabricicleta para publicarlo en la web. Lo primero que recordé fue por qué me acerqué a la Asamblea de Villa Urquiza para conocer a este grupo autónomo que funcionaba compartiendo su interés por las bicicletas, y claramente la respuesta fue: “Necesito liberarme del yugo del transporte público que está cada vez más intransitable, tanto por la inoperabilidad del sistema como por la mala vibración de los vecinos de la gran ciudad”.

Estando en la Huerta de Saavedra, se acercó un chico en bicicleta con un cartelito que decía “Un auto menos”… Qué simpático, pensé. Comentó que estaba funcionando un Taller de Ciclomecánica en Villurca bajo el nombre Fabricicleta y que se juntaban a pedalear todos juntos bajo el nombre “La masa crítica”… Qué simpático, pensé.

Continué con mi rutina citadina, ir a trabajar, ir a cursar, hasta que se me presentó el problema: los pedales de la playera que me habían prestado estaban cada vez más pesados. La situación se agravó hasta que identifiqué que algo estaba roto de la rueda trasera. Bueno, tengo que ir al bicicletero del barrio! Le llevé la bici y me sentenció “Tenés la masa rota, esto te va salir 150 pesos”, tragué saliva.

La realidad económica me golpeó y la imposibilidad de trasladarme me hizo tener la necesidad de solucionar el problema por otro lado. Recordé el nombre “Fabricicleta” y luego de intentos fallidos con los días y horarios en los que funcionaba, me acerqué.

Entré por primera vez con la rueda en la mano, y me encontré con muchas bicicletas de lo más bonitas y coloridas, con sus respectivos canastitos verdes y cartelitos de unos autos menos. En ese pasillo se veía gente que iba y venía con herramientas en las manos engrasadas. Me saludaron antes de que pueda emitir palabra, como si fuera habitué. Un chico que había visto en la defensa del Río en Vicente López me ofreció un mate y mirando la rueda trasera dijo “ah, bueeno, tenés la masa hecha mierda!”. Le pregunté por lo que tenía que hacer y me dijo una respuesta muy clara, “cambiar la masa, comprate una shimano o una falcon que es más barata pero se la banca, y después de desarmar los rayos tenés que volver a colocarlos en la masa nueva”.

Un nuevo desafío se me presentaba: sacar los rayos. Comencé a hacerlo mientras observaba el lugar y los seres que lo habitaban, no hay nada mejor para conocer la dinámica de los espacios que sentarse en un costadito a sacarle los rayos a una rueda. Pasaban y me miraban, algunos se animban a comentar “en qué laburito te estás metiendo”, “es la primera vez que radias una llanta”, “no querés empezar por cambiar un pedalín?”, “querés un mate?”. Opté por el mate, y con los rayos en una mano y la masa destruída en la otra, comencé a deambular por el lugar... entrando al taller...parecía una sala de operaciones post apocalíptica, con pedazos reciclados de distintas partes de bicicletas, todo ordenado en cajas, herramientas en un tablero claro y muchas veces incompleto, se escuchaban comenetarios del tipo “en dónde me dijiste que tenía que poner esta pieza”, “alguien está usando la llave del 15?”, “quién está cambiando un horquilla?”… “querés un mate?”. Entre mates y manos engrasadas, me fui sintiendo más cómodo y me fui dando cuenta que estaban todos en la misma frecuencia, compartiendo conocimientos que se construían colectivamente, con la experiencia de otros, desde el respeto y con la paciencia que solamente el amor por las bicicletas les brindaba, con la conciencia de que el cambio se podía hacer desde el ejemplo de pedalear para transportarse, bajo el frío o la lluvia, pero siempre con una sonrisa en la cara, sintiendo la brisa de la libertad de poder ir de un punto al otro sin nada más que una bici.

Luego de comprar la masa nueva, mi paciencia no pudo con mi genio (por no poder ir el martes, esperar una semana para cambiar los rayos era demasiado), busqué por internet “cómo radiar una masa” y me adentré en la experiencia de la auto-escuela. Luego de varios intentos, pude armar la rueda y orgulloso, esperando hasta el sábado, fui a mostrarle a mis maestros la obra. Me preguntaron si la había armado yo solo, y les dije que fue con la ayuda de un gallego y un yanqui en internet.

Centrando la rueda, con mucha paciencia, se iban acercando personas que miraban la obra y me felicitaban o me recomendaban ajustar más de un lado que del otro. Escuché al lado a unos chicos que estaban viendo que tenían una rueda rota, me hacían acordar a alguien... les dije “Me parece que tenés la masa rota, fijate cómo está ahí, tendrías que desarmarla sacándole los rayos con esa herramienta y comprar un repuesto, luego volver a radiarla y centrarla”. En ese momento entendí la Fabricicleta, es un espacio en donde el conocimiento gira, y a través de la cinética se hace más fuerte y genera nuevas experiencias construidas colectivamente y sin dinero!

martes, 23 de agosto de 2011

Una fabriexperiencia: Capítulo I.

Publicamos a continuación la primer 'Fabriexperiencia' por Juan, el de las tortas caseras ricas entre otras alegrías.
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Mi experiencia en "La Fabribicicleta", por Juan

Al menos un lugar entre otros, una rendija en la ciudad social. Paren las orejas de conejos, y vean que existen personas voluntariosas, alegre comunidad, y que lo que uno escriba resuene como al escuchar una canción de esas que vibras (Camarón de la Isla), así de intenso o quien te guste, o que revientes. Acá hay sentimiento. Vale el tiempo de compartir y darse unas volteretas con los velocípedos, comúnmente llamados bicicletas. Entonces relato algo de mi experiencia de pasar por aquí.

Caí con una bici vieja, que la tenía tirada en un galpón en el campo como esas cosas que ya están desechadas, olvidadas carentes de movimiento, que a uno le cuesta imaginar que puede rehacer algo con ella. Algún músico dijo alguna vez que no hay que conformarse con lo sutil y grotesco de las cosas y así entre los vientos sonaba su saxofón. "¡A restaurarla!", me dije, y basta proponérselo en esta vida de haceres y quehaceres. Más de treinta años en el mismo lugar, sufriendo tutas las inclemencias del tiempo. Aun conservaba su estilo inglés: lo único que conservaba. Digo "bici" dado que se asemejaba a lo que uno comúnmente piensa que es una bicicleta (Libertad y tiempo) pero en realidad estaba destartalada. Le faltaban partes, pero lo más importante supongo fue que pensé en ella. Siempre pienso en ella, en su silueta. Como decía Leopoldo Marechal: "más linda que dos amaneceres juntos" (aunque se refería a una mujer).

Y bueno, a lo mejor podría servirle a alguien, alguien se enamoraría de ella, ya que ella, no estaba enamorada de mi. Su fin: reintegrarse al sopor de un cuerpo, y trasladarlo. Así que un sábado me la cargué al hombro lo que algún día sería una bici. En la taller encontré, “ese no sé que de estar abierto”, lo lindo y trabajoso de aprender. Les cuento que ni sabía lo que era un piñón o cómo funcionaba y hasta llegué a emparchar una cámara más de cuatro veces por no saber como hacerlo: ni el sentido común me acompañaba. Mate va mate viene fui encontrando la mayor parte de repuestos y partes originales que le faltaban, en diferentes rincones del taller de “lafabribicicleta”. Estaban allí dispuestos, más gente bien heterogénea, despojados, que dan si importar lo que reciben.

La cuestión interesante en esto es que hoy la cleta anda, me transporta así con los cabellos al viento, acá si en muchos sentidos. Tiene una belleza particular esa que hace al paso de los años y eso que aún se mantiene firme en óxido... claro que tengo que seguir reparando en ella.