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sábado, 12 de mayo de 2018

El Tradicionalismo español del siglo XIX (I)

En varias entradas extractaremos parte del prólogo del escritor grancanario Vicente Marrero Suárez a la selección de textos que él mismo hizo en "El Tradicionalismo español del siglo XIX", para la colección de Textos de Doctrina Política de Publicaciones Españolas. Dicho prólogo constituye una  síntesis bastante certera sobre la génesis y desarrollo del carlismo, con conclusiones que llegan hasta el siglo XX.
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1. Las dos corrientes del siglo XIX: la liberal y la carlista.

Dos grandes corrientes actúan con toda claridad desde los comienzos del siglo XIX en la Historia de España: la liberal y, frente a ésta, lo que se ha llamado primero realismo y más tarde carlismo y tradicionalismo. En toda Europa, aunque el problema no se plantea de un modo tan radical como en España, sucede otro tanto. Tan es así, que historiadores de la talla de Leopoldo Van Ranke y Schnabel ven en la lucha entre monarquía y democracia el nervio central del siglo XIX. Democracia se entiende tal como fue acuñada en la baja Ilustración.
En España estas dos grandes corrientes suelen considerarse como una pugna entre absolutismo y liberalismo, como una lucha entre nuevos sistemas y viejo régimen, lo que fácilmente puede conducir al error. En y en otro bandos la mayoría de los diputados estaban de acuerdo en que debía hacerse una reforma, distinguiendo entre sí en el modo de proponerla.
Así, por un lado, se fue formando el bando liberal, y por el otro, primero, los realistas, con sus posiciones y manifiestos; después, en 1833, Don Carlos declarando la guerra, hasta que llegamos al año 1868, fecha memorable para el sector carlista, al engrosarse con grandes figuras del campo moderado, al mismo tiempo que toma más cuerpo la doctrina y gran pujanza en todo el país. Desde entonces se perfilaron las líneas y directrices que se han mantenido hasta el presente.

2. Realismo, carlismo, tradicionalismo.

La palabra realismo en las fuentes históricas, como dice Suárez Verdaguer, se emplea para designar a la corriente ideológica que desde las Cortes de Cádiz de 1812 hasta la guerra de los agraviados, en 1827, combate el liberalismo en todos los terrenos. La palabra carlismo se usa para ratificar las mismas ideas y los mismos nombres desde el momento en que Don Carlos se constituye en cabeza de esas ideas. La palabra tradicionalismo en muy tardía, y aparece en la segunda mitad del siglo, alcanzando vigencia en los años anteriores a la Revolución de 1868. A partir de esta fecha, los españoles comenzaron a alarmarse ante el auge de la revolución y el presentimiento de la quiebra de la monarquía de Isabel II.
Estas tres palabras, habitualmente se utilizan para designar el mismo hecho, significando confusamente, en el ánimo de la gente, lo mismo. La denominación de realismo cayó en desuso a partir de 1833. (...)
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3, La dinastía y las ideas.

Por encima de un sistema, lo que caracteriza en España al campo carlista, si se le compara con otras tendencias tradicionales, fue su sometimiento leal a una dinastía que se consideró legítima desde su principio, que no claudicó, pese a sus muchas dificultades, en el ostracismo y que combatió sañuda y doctrinalmente todo lo que tuviera sabor liberal. Este es el secreto de la suprema madurez política de los carlistas frente a toda otra clase de tradicionalismo: el tener una dinastía que les unía ante las masas. El carlismo representa en el siglo pasado español [se refiere al siglo XIX, nota del transcriptor] a la ortodoxia monárquica, que reúne a los hombres en masas compactas y activas, y a la más estricta ortodoxia católica. Por el contrario, la monarquía liberal parlamentaria, aunque intente cubrírsele con salmodias religiosas, representa un principio, que hunde sus raíces en la honda intranquilidad social que conoció el mundo desde que el protestantismo hizo su erupción en la historia del espíritu de Occidente. María Cristina, como es sabido, se encontró con el dilema de conservar el régimen tradicional, reconociendo a Don Carlos, o de conservar la corona a cambio a cambio de reconocer el sistema liberal. (...)
La monarquía liberal, como la carlista, comenzaba en el trono, pero si la primera terminaba en la puerta del Palacio, la segunda llegaba al interior de los hogares españoles. La dinastía liberal no tenía pueblo; a lo largo de los siglos XIX y XX salió solitaria varias veces de España. El pueblo, en cambio, fue fiel a la dinastía carlista, batiéndose siempre que fue necesario por sus reyes y emigrando con ellos en grandes núcleos.


jueves, 12 de abril de 2018

Presentación de "Una resistencia olvidada" en Castellón

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Víctor Javier Ibáñez ha presentado dentro del ciclo de tertulias literarias de la Librería ARGOT ( Calle San Vicente, 16- Castellón de la Plana), el libro "Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo" este jueves 19 de abril a las 19 horas.

Las tres tesis principales del libro son: cómo carlismo y nacionalismo han estado radicalmente enfrentados; cómo la mayoría de los civiles asesinados por los etarras fueron tradicionalistas; cómo sólo se puede explicar el dominio nacionalista en Vizcaya y Guipúzcoa por el gran éxodo de vascongados por culpa de la amenaza terrorista, y cómo entre los primeros trasterrados estaban destacadas familias carlistas. En definitiva un importante libro que desmiente de raíz la falacia, que sigue repitiéndose hoy en día hasta la saciedad, de una connivencia entre los nacionalismos y el carlismo, cuando en realidad hay una oposición frontal de posicionamientos y su enfrentamiento ha llegado hasta el asesinato más vil por parte del separatismo anti-vasco de ETA. La primera resistencia al separatismo de ETA, no partió de los planteamientos "constitucionalistas" sino de lo más profundo de la Tradición vasca y española. El libro lo documenta para dar a conocer esta, interesadamente, olvidada resistencia.

En la presentación hubo un recuerdo para las víctimas del terrorismo etarra en Castellón, como Clément Perret, empresario francés de 45 años, asesinado el 16 de agosto de 1985, un pied noir ex militante de la OAS defensor de la Argelia francesa. Entre los asistentes cabe destacar la presencia de Vicente Porcar, histórico militante carlista de Castellón, condenado por el TOP franquista a seis meses de cárcel en 1970, por pintadas legitimistas y la escritora de temas castellonenses Lledó Climent.
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El libro, ya presentado en Madrid, Palencia, Santander, Barcelona, Alicante, Valencia, Albacete, Cádiz, Córdoba, Sevilla, Granada, Bilbao, Pamplona, y Castellón y próximamente en otras capitales de las Españas, está a punto de agotar su primera edición.
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El libro puede conseguirse en Castellón en la propia Librería Argot o solicitarse desde cualquier lugar a: info@edicionesauzolan.net o en el facebook de Ediciones Auzolan, PULSAR AQUÍ

domingo, 8 de abril de 2018

La Monarquía Hispánica, más allá de un “Imperio” y de la Imperiofobia

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La Monarquía Hispánica, más allá de un “Imperio”

Publicado en octubre de 2016 su primera edición el libro Imperiofobia y leyenda negra de María Elvira Roca Barea, por la editorial Siruela, llega en 2018 a las dieciocho ediciones, alcanzado la consideración de fenómeno editorial. El libro  comentado consta de 481 páginas y su tema es la Leyenda Negra anti-española, término usado por primera en España como carácter de denuncia, por la escritora carlista Emilia Pardo Bazán, tal como recoge el libro. El libro contiene dos tesis fundamentales.

Una primera es la afirmación de que la Leyenda Negra fue un invento propagandístico de los enemigos del Imperio español, mera obra de propaganda de guerra. Una monumental mentira histórica, falsa en todo su contenido. Así de clara y contundente se manifiesta la académica malagueña. Repasa las guerras de religión, la inquisición, la conquista de América... aportando los suficientes datos para demostrar, fuera de toda duda, su afirmación. La Leyenda Negra existió, lo demuestra, es una falsedad, lo demuestra, y sigue operativa, lo demuestra. No es producto de una manía conspiratoria de cierta derecha que imagina contubernios y conjuras anti-españolas.

En segundo lugar se presenta una aproximación al concepto de Imperiofobia como fenómeno de envidia ligado a los grandes Imperios, y que habría generado las Leyendas Negras de estos. Estudiando los casos de Roma, Rusia y Estados Unidos, pretende analizar con más profundidad y mejor perspectiva el Imperio Español. Es aquí donde encontramos ciertos desenfoques y equívocos, que es conveniente señalar.

Empezaremos por matizar que la denominación Imperio Español es un puro convencionalismo, pues jamás existió el título legal de Imperio en las Españas americanas, por más que las analogías  con la Roma imperial y el confusionismo histórico al coincidir en Carlos I de Castilla y Aragón el título de Emperador hayan extendido esta convención. En puridad España fue una Monarquía misionera en la forma y en el fondo fue absolutamente distinta de las iniciativas imperialistas de índole netamente mercantil alumbradas fuera del catolicismo, en el mundo pagano y especialmente por el protestantismo y el liberalismo. Así no es dable trazar una secuencia entre la obra de España en América con los ejemplos propuestos, a excepción, en parte, de la Roma imperial, como civilizadora y sublimadora de pueblos.

La autora establece la tesis de que las causas que dan lugar a este fenómeno son en el fondo comunes; un odio y una envidia de naciones dominadas, básicamente oligarquías locales, sometidas a un poder nacional extranjero centro del Imperio. La raíz sería, por tanto, preferentemente de tipo nacionalista, una especie de racismo hacia arriba, hacia el dominante. Las causas del odio a España serían comunes a los odios a otros imperios, especialmente a Estados Unidos. La tesis no hace los necesarios distingos entre críticas verdaderas o falsas, y las necesarias precisiones sobre los principios rectores de cada imperio y su verdadera significación. Simplemente se limita a trazar un mínimo común denominador en torno a una discutible categoría de Imperio. Ciertamente que la Leyenda Negra creó una verdadera hispanofobia que se convirtió en el eje central del nacionalismo luterano y de otras tendencias centrífugas que se manifestaron en los Países Bajos e Inglaterra. Odio a lo español, traducido en propaganda y mentira. Pero, tenemos que añadir que no fue únicamente odio nacional, sino que conlleva un fuerte componente específico de odio ideológico.

La Leyenda Negra es asumida íntegramente por el liberalismo español del siglo XIX y posteriormente por  parte de la izquierda (ejemplos de honestidad intelectual fueron Claudio Sánchez Albornoz e incluso desde la Historia del Derecho Gregorio Peces-Barba, conceptuando las Leyes de Indias como “el primer código de derechos fundamentales”) y por todo el progresismo, siendo una de las causas de la generación del artificial  “problema de España”. En los ilustrados españoles es la aversión de lo católico lo que hace problemático lo español, al carecer de causas explicativas de envidia y odio nacional hacia el dominador extranjero. Más que de hispanofobia, tendríamos que hablar, por tanto, de catolicofobia, aunque ambos conceptos se mezclen y hasta puedan confundirse. Ese odio ideológico demuestra cuánto hay de anti-catolicismo en la Leyenda Negra, más allá del componente puramente nacional.
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María Elvira Roca Barea

Se puede comprender en cierto modo la perspectiva de la autora, a la que aludimos, por un fragmento de la Introducción del libro. María Elvira Roca reconoce no conocer bien el catolicismo (incluso sus claras discrepancias), lo que por un lado explica su acento en la hispanofobia y no en la catolicofobia en la tesis del libro, además de resultar paradójico porque el Imperio español defendido en el mismo, era movido precisamente por esa moral católica que la autora critica. Limitación de enfoque en la autora, que afecta la conceptualización profunda del caso español y los odios que generó, muy distintos a los de otros Imperios:


“El primero tiene que ver con el tema de este libro, que está irremediablemente vinculado a creencias e ideologías. Y sé que la primera tentación de muchos lectores será saber desde qué punto de vista ideológico está escrito, para así determinar si le merece confianza o si vale la pena leerlo. No veo inconveniente en facilitar este escrutinio. No tengo vínculo de ninguna clase con la Iglesia católica. Pertenezco a una familia de masones y republicanos y no he recibido una educación religiosa formal. Auscultándome para ofrecer al lector una radiografía lo más precisa posible, me he dado cuenta de que la persona de religión con quien más trato he tenido ha sido el reverendo Cummins de la parroquia baptista de Harvard St. (Cambridge, MA), un hombre bueno y un cristiano ejemplar. No comparto con el catolicismo muchos principios morales. Las Bienaventuranzas me parecen un programa ético más bien lamentable y poner la otra mejilla es pura y simplemente inmoral, porque nada excita más la maldad que una víctima que se deja victimizar. Defenderse es más que un derecho: es un deber. Dos principios católico-romanos me resultan admirables y los comparto sin titubeo, a saber: que todos los seres humanos son hijos de Dios, si lo hubiera, y que están dotados de libre albedrío. Es extraordinario que la Iglesia católica jamás haya coqueteado con esa idea aberrante, madre de tantos demonios, entre ellos el racismo científico, que es la predestinación”.


Es necesario puntualizar las afirmaciones contenidas en este fragmento, porque afectan al hilo conductor argumental de la tesis del libro. La base de la moral católica está en el Decálogo que revela positivamente la propia Ley Natural. El Decálogo es profundizado en el cristianismo en el Espíritu de la Ley, que se manifiesta por Jesucristo en las Bienaventuranzas. Camino de perfección espiritual. Son además una promesa de Dios, escatológica, que manifiesta la certeza de una aspiración del ser humano, el anhelo de Justicia. El reclamo de los inocentes y los justos de todos los tiempos, a los que Dios da la seguridad del cumplimiento perfecto de la Justicia en el Reino de Dios. En la recopilación de todas las cosas en Cristo que cumple ese anhelo del hombre, de que el Bien, la Verdad, y la Justicia tendrán la última palabra en la vida humana, más allá de las contingencias y avatares temporales. La promesa de Dios, contenida en las Bienaventuranzas, es igualmente el reverso de todas las utopías justicieras que se manifiestan en las ideologías revolucionarias, que como religiones sustitutorias secularizadas intentan inmanentizar ese anhelo humano a la justicia, trayendo el reino de Dios a la Tierra, vieja herejía de signo joaquinista, revivida por los milenarismos ideológicos modernos de origen protestante, que sólo han traído violencia y caos. Que las Bienaventuranzas no son fuente de resignación y pasividad ante la realidad del mundo lo demuestra que fue el catolicismo quien engendró y vivifico la obra civilizadora de la Monarquía Hispánica, que no era sino una Cristiandad menor, una vez fracturada la mayor por el protestantismo, realizando en lo posible dentro de la realidad limitada y contingente del hombre y de su naturaleza caída, una obra magna al servicio de la Justicia. Obra de la moral católica imperante en el orbe español. Los propios hechos narrados en el libro, bastarían para desmontar esa crítica a lo “lamentable” de la moral católica.

A renglón seguido la autora hace referencia a la sentencia escriturística de la “otra mejilla”. Tampoco aquí parece comprender el principio católico. El catolicismo enseña siguiendo a Santo Tomás, que la “Gracia no destruye la naturaleza”, es más, la presupone. Este axioma es básico en toda la filosofía católica, por dicha razón y una vez más el catolicismo asume el Derecho natural, que incluye lógicamente el derecho a la legítima defensa, y el combate contra el mal. La frase debe ser interpretada como la necesidad en el hombre de la virtud de la templanza y la mesura. El hombre debe ser pacífico, ni vengativo, ni violento. Otra dialéctica aparece, sin embargo cuando lo ofendido no es uno mismo, sino realidades que están por encima del hombre: el hogar, la familia, la patria, la religión; allí aparece Jesucristo echando violentamente a los mercaderes del templo con un látigo. La realidad de Las Españas aúreas, movidas por la moral católica, en defensa férrea de la Verdad, el Bien y la Justicia, vuelven a desmentir la afirmación de la autora, que más parece fijarse en una enseñanza de un cristianismo modernista filo-protestante, que en la auténtica Tradición Católica de siglos.

Termina María Elvira Roca afirmando que hay dos principios católicos que si admira. Y ciertamente la Iglesia salvó la libertad humana y su dignidad en las aulas de Trento frente a la predestinación luterana, como recuerda Ramiro de Maeztu en su Defensa de la Hispanidad, y la España católica defendió esas verdades con sus Tercios en los campos de Flandes, defendiendo no a un Imperio español, mera unidad política, sino a una Monarquía Misionera Católica, portadora de la Verdad y la Justicia. Defensa con la mano derecha, con la mano de la pluma y la espada.

En este sentido nos vuelve a parecer reduccionista conceptualizar la revuelta luterana por su significación nacionalista, sin incluir sus consecuencias económicas y políticas (capitalismo y liberalismo) derivadas de su error religioso. Fue el error religioso (herejía) el que llevó a un error político (liberalismo) y a un error económico (capitalismo), en fatal y lógica correlación. La autora no entra en la complejidad del tema, careciendo de una mirada, ya no teológica, sino filosófica sobre los hechos históricos. Al final pareciera que el Imperio de Carlos V fuera un anticipo de la actual Unión Europea, y que todo se redujera a un enfrentamiento entre una concepción unitaria política liderada por España y el nacionalismo. 
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La carga ideológica de la autora (sus alabanzas a EEUU, y a la Unión Europea nos dan bastantes pistas interpretativas) pesa mucho en la tesis del libro, que será del gusto de los “patriotas seculares” del nacionalismo español que se extasían con las pobre visión épica alatristeniana, donde se presenta una suerte de nihilismo heroico vacío del patriotismo español, fruto del deficiente conocimiento de lo que fue nuestra realidad histórica, donde lo católico no es un mero adjetivo sino el verdadero sustantivo.

Pese a esas confusiones nos parece un material interesante. Celebramos que desde los más diversos orígenes se abra paso la denuncia de la oscura leyenda antiespañola, que tuvo entre sus mejores develadores del siglo XX al protestante estadounidense Philip Powell, fundamentalmente a través de su libro The Tree of Hate: Propaganda and Prejudices Affecting Relations with the Hispanic World y al francés Jean Dumont, cuya obra fue publicada en español gracias en gran parte a la difusión por el carlismo y al mecenazgo de la Fundación Elías de Tejada. Precisamente los materiales propuestos en el notable libro al que hacemos referencia merecen ser acotados con la ya clásica definición de Elías de Tejada para entender la Historia de la Monarquía Hispánica de forma cabal:


“(…) las Españas fueron una Monarquía federativa y misionera, varia y católica, formada por un manojo de pueblos dotados de peculiaridades de toda especie, raciales, lingüísticas, políticas, jurídicas y culturales, pero, eso sí, todos unidos por dos lazos indestructibles: la fe en el mismo Dios y la fidelidad al mismo Rey. Tan cierto es esto que dos hechos aparecen con luminosidad cegadora a cualquier estudioso de nuestros años magnos: primero, la monarquía era tan varia que hasta en los títulos variaba, pues que no había Rey de España, sino rey de Castilla o de Nápoles, duque de Milán o del Brabante, señor de Vizcaya o de Kandi, marqués del Finale o de Oristán, conde de Barcelona o del Franco-Condado; segundo, cada una de estas arquitecturas políticas de las Españas supusieron la autonomía institucional y la libertad, autonomía y libertad perdidas por dichos pueblos desde Cerdeña al Artois o desde Flandes a Sicilia, cuando la fuerza de las armas --y quede claro que jamás la voluntad de los pueblos españolísimos siempre-- las hicieron salir de la confederación de las Españas”.

Francisco Elías de Tejada. El Franco-Condado Hispánico. Ediciones Jurra, Sevilla 1975. Capítulo I Puntos de Partida. 1. Presupuestos doctrinales.

jueves, 1 de febrero de 2018

Tecnología, libertad y conciencia. Una mirada tradicionalista a Black Mirror

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Tecnología, libertad y conciencia. Una mirada tradicionalista a Black Mirror.

La editorial de la Universitat Oberta de Catalunya nos propone unas sugestivas reflexiones sobre los abismos de la tecnología a través de una serie de textos coordinados por Jorge Martínez-Lucena y Javier Barraycoa. Una colaboración entre ambos doctores por cierta ya fecunda, en la estela del también muy recomendable ensayo El zombi y el totalitarismo. De Hannah Arendt a la teoría de los imaginarios publicado en el número 2 de Imagonautas, revista interdisciplinar sobre imaginarios sociales. El hilo de las mismas lo constituye la serie Black Mirror, clara metáfora de la tecnología digital, las redes sociales y el mundo híper-conectado en el que vivimos. La serie plantea un conjunto de situaciones de ciencia-ficción aparentemente distópicas, pero que resultan extraña y alarmantemente familiares. Cada capítulo hace tomar conciencia de determinadas amenazas a la naturaleza humana.

Desde unos enfoques analíticos plurales que van desde la estética a la antropología, pasando por la sociología, se interpela al sentido último y profundo de la mediatización de lo humano y los límites de su libertad.

En una entrevista para el suplemento Play Series Javier Barraycoa señala que lo más inquietante de la serie es «que no pretende decirle al espectador qué está bien o que está mal, simplemente ofrece las posibilidades que da la tecnología y no plantea una alternativa para elegir. Hay varios capítulos en los que el protagonista parece que tiene una opción moral a elegir sobre los efectos de la tecnología, pero haga lo que haga se vuelve contra él». Aparte de este «determinismo tecnológico» que anula la libertad humana, citas otros grandes temas que se plantean en la serie: «el fin de la privacidad, la búsqueda insaciable de una felicidad que la tecnología nunca podrá proporcionar, la espectacularización de la realidad como control de la misma por ciertos poderes o el control social».

Al final, todo se resume en un trasfondo común: «Lo que se pone en juego es un juicio sobre qué constituye la persona y su dignidad, si podemos ser plenamente personas y relacionarnos con otros o si la tecnología nos desposeerá de esa cualidad para convertirnos en engranajes del sistema». Para terminar, Barraycoa confiesa cuál es su capítulo preferido y por qué: «Sin lugar a dudas, The National Anthem, el primer capítulo de la primera temporada. En el primer capítulo ya se ponen en juego todos los elementos que seguirán latentes en toda la serie. Paradójicamente es el más real pues la tecnología con la que se arma todo el argumento es la que tenemos diariamente a nuestro alcance. Si ves el primero, indefectiblemente ya te has enganchado».

A continuación extractamos una parte de la ponencia El imaginario social del control mediático y tecnológico: la distópica Black Mirror del profesor Barraycoa a las Actas – IV Congreso Internacional Latina de Comunicación Social donde adelanta parte de las ideas que desarrolla en este trabajo colectivo.
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El control tecnológico y mediático

El poder actualmente no genera grandes directrices de propaganda explícita como hacían los regímenes totalitarios antaño, sino que crea “estados de conciencia”, al decir de Manel Castells. La creación de estos “estados de conciencia” son inducidos y no explicitados. El poder ha desarrollado lo que se denomina la capacidad de invisibilizarse. Este fenómeno sólo lo podemos entender completamente por comparación con las viejas estrategias del poder. Al analizar el antiguo arte del poder, aparece la figura del gigantismo: la construcción de grandes representaciones de los monarcas, tiranos y gobernantes. La estatuas gigantes permitían que todo el mundo lo viese y así el poder se hiciera omnipresente. En la actualidad el poder asume otra lógica ya prefigurada en el famoso panóptico de Bentham. Este artefacto, diseñado para cárceles y fábricas, permitía que el controlador viese pero no fuera visto. Una derivación posmoderna del panóptico es el programa televisivo del Gran Hermano, al que en la serie de Black Mirror se hace un guiño. Todos nos convertimos en cómplices del poder al participar en la función observadora del mismo. En la medida que aceptamos estos juegos, el poder queda legitimado para observarnos también. Este proceso ya fue augurado y teorizado por Guy Debord en La sociedad del espectáculo. El filósofo francés planteaba el espectáculo como un concepto clave para entender cómo evolucionaría el capitalismo, pasando de ser un mero sistema productivo a ser un sistema de control a través de la creación de imágenes espectacularizadas de la realidad. La sociedad, profetizaba, se iría espectacularizando hasta que no distinguiéramos la ficción de la realidad. Con otras palabras, se iba a ir crear de ella una imagen falsa pero indestructible. Si atendemos al origen etimológico, descubrimos que la palabra espectáculo viene de espejo (speculum–reflejo).
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El término speculum tiene un claro ascendente indoeuropeo que ha dado origen a palabras relacionadas con la visión como cinemascope, periscopio o, incluso, espectro (fantasma). El espectáculo –mediático, propio de cultura de masas y fomentado por el poder político- es una representación (falsa) de la realidad. Debord anunciaba que el capitalismo triunfaría sobre el comunismo, al ser capaz de crear una representación simbólica de la realidad mucho más potente. Mientras que la religión de Occidente y las ideologías atribuían un papel fundamental a la historia, en cuanto que desarrollo del destino humano, ahora ya no es así. Se ha producido una verdadera revolución en la mentalidad de los individuos pues han quedado devorados por el afán de espectacularización y de vivir el “presente” y en el “presente”. Creando una imagen falsa de sí mismos y de su existencia, los ciudadanos, en su inmensa mayoría, ya no se sienten partícipes de la historia de su comunidad. Su única proyección vital y existencial se limita a vivir espectacularmente su escaso tiempo de ocio, sea el del fin de semana o el de sus vacaciones anuales. La existencia se transforma en un simulacro, como ya previó Baudrillard, de tal forma que en nosotros ya se desarrolla el hábito mental de aceptar las propuestas de imágenes, como una realidad adecuada a nuestros esquemas mentales. La sorpresa de la espectacularización, sustituye a la especulación racional.

sábado, 27 de enero de 2018

¿Qué hacer? (I): La situación actual

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Bases para una salida de la crisis

La actual coyuntura reúne todos los elementos de un cambio de época, conjunto de hechos en que culminan acontecimientos muy anteriores y factores, a su vez, de profundos trastornos. Sin ser exhaustivo, se pueden mencionar los importantes fenómenos demográficos y migratorios, la expansión mundial del Islam, los efectos de políticas educativas suicidas que llevan a la ruptura de las herencias culturales, el desmantelamiento brutal del Estado de bienestar en beneficio de una desregularización liberal y del mercado universal (globalización) con sus graves consecuencias sociales, el desmembramiento de los Estados nacionales y la aparición de organizaciones complejas de poder, la lucha abierta mundialmente organizada contra la moral natural, el anticristianismo y el ateísmo militante.

En cuanto a la situación interna de la Iglesia, no escapa a nadie que presenta muchos contrastes y, humanamente hablando, muchas debilidades. En tales condiciones, no es posible seguir razonando como si el mundo no hubiera zozobrado en una crisis importante, y menos aún como si el optimismo  conciliar no hubiese sido juzgado por la historia como un error de previsión cargado de consecuencias. Se nos llama ahora, pues, a un nuevo razonamiento, un profundo cambio de perspectiva intelectual y espiritual.

Este enfoque, incluso si se ha evitado durante mucho tiempo, es impensable descartarlo indefinidamente, o reducirlo a la búsqueda de contemporizaciones, ya que los plazos presionan de manera cada vez más evidente.

Por ello, al final de un status quaestionis que nos hemos esforzado en limitar a lo esencial, proponemos un preámbulo intelectual y moral, y luego el examen de algunas hipótesis prácticas. Debe entenderse que se trata de la elaboración de una base alrededor de la cual se debería poder emprender después de una reflexión colectiva, reflexión que, por nuestra parte- este libro lo demuestra- hemos tratado de iniciar desde hace varios años.

Iglesia y política. Cambiar de paradigma. Dirigido por Bernard Dumont, Miguel Ayuso y Danilo Castellano

miércoles, 24 de enero de 2018

La España vacía, el carlismo y sus confusiones

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La España vacía, el carlismo y sus confusiones

En abril de 2016 vio la luz la primera edición de La España vacía, del periodista Sergio del Molino, que este 2018 ha conocido su undécima edición llegando a más de 50.000 lectores, cifra nada desdeñable en el actual panorama cultural.

Con narrativa ágil y buen dominio de la geografía y la historia el autor va enhebrando artículos con pretensión ensayística, la cual se ve truncada en ocasiones por un exceso de carga autobiográfica, anecdótica y retórica. Sin embargo ha sabido poner la atención sobre un tema capital: la actual desolación de amplias zonas rurales de España, su muerte social y demográfica. Su gran éxito comercial es sin duda fruto de un hecho que el autor ha sabido sagazmente identificar y que repite a lo largo del libro: “la España vacía vive en la España llena”. Es decir, muchos españoles han visto en sus artículos un eco de sus orígenes o remotos recuerdos de una geografía sentimental que dejaron atrás. Muchas ideas sobre este abandono están bien apuntadas, como en lo tocante al nefasto impacto de la desamortización, aunque en otros casos se abusa de demasiados lugares comunes, sin redondear las tesis. Se propone un precario equilibrio dialéctico sobre la tradición de aquellos lugares, concediendo por igual sabiduría como ignorancia, felicidad como tragedia a la vida rural.

La aceleración del abandono y destrucción del campo español tiene uno de sus orígenes en la política de los gobiernos liberales del siglo XIX, cuando se implantó el centralismo burocrático de la burguesía plutocrática; la política de comunicaciones con las vías radiales, las desamortizaciones de los bienes comunales (el procomún), y el sistema tributario, con una mentalidad poco encubierta de aislar y asfixiar las comunidades rurales que entendían en su prejuicio ideológico eran custodio de atavismos seculares que  se oponían al nuevo mito moderno del progreso. Proceso de masificación, proletarización, individualización y ruptura de los lazos naturales, vínculos, arraigos a la tierra, a la propiedad real, a las tradiciones y al sentido comunitario y popular.

Nos interesa particularmente lo escrito en el capítulo VII, Manos blancas no ofenden. En el mismo se esbozo un acercamiento tipológico y costumbrista a Navarra, lo que le sirve para glosar una visión del Carlismo contextualizado en la temática general del libro.

El carlismo fue montaraz en un sentido no figurado. Fue la argamasa y el podio que dio autoestima a una España que se sentía morir por unas ciudades babilónicas y bárbaras, fue la venganza de una España que empezaba a vaciarse contra una España que empezaba a llenarse, y me parece significativo que una de las personas que pusieron a calentar el horno carlista fuera un fugitivo del arado[1], alguien resentido y que probablemente deseaba la muerte de aquellos presuntuosos burgueses y condes que se burlaban de su acento y sus manos ásperas.[2]

El desarrollo de esta tesis incurre no obstante en un cierto determinismo de sentido contrario al que el mismo autor advierte al referirse a las presuntas leyes de la Historia que enunciara Hegel. Dándole la vuelta al argumento hegeliano de que las fuerzas de la historia son tan poderosas que se manifiestan al margen de las personas que accidentalmente las sufren y viven el autor pretende que esos mismos hechos históricos no hubiesen sido posible sin el concurso del mundo rural. Lo que sin dejar de ser cierto es un enfoque parcial y reduccionista. Fueron las clases campesinas las más damnificadas por los golpes de Estado del liberalismo, sin duda. Pero seguramente en el momento germinal del movimiento carlista, que es donde sitúa la narración aludida, no fueron las más determinantes a la hora de los alzamientos carlistas, pues hasta años después los liberales no tuvieron la fuerza suficiente para imponer sus cambios revolucionarios: el pago de tributos en moneda en lugar de en especie y sobre todo la criminal desamortización. Hechos que los analistas más doctos podían intuir, pero que no servían para justificar un movimiento armado determinado en una exclusiva clase social o territorio. Una visión parcial que alimenta cierto mito romántico y que en virtud de su falta de consistencia puede determinar una lectura muy superficial del carlismo que llegue hasta alimentar la fantasía del carlismo como antecedente del nacionalismo, tesis a la que el propio autor del libro se apunta en alguna entrevista.
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El carlismo es el movimiento interclasista por excelencia, seguramente de toda la historia política reciente. Fruto de la concepción armónica (que no ideal ni perfecta) y orgánica de las jerarquías tradicionales en el Antiguo Régimen. Pese a sus disfuncionalidades mostró ser un modelo mucho más integrado que el del liberalismo. Por eso no se puede realizar una lectura simple y lineal del carlismo como “ricos contra pobres” o “campo contra ciudad”. Particularmente en los albores de la Primera Guerra Carlista. Desde el funcionario de Correos que da el primer grito de “¡Viva Carlos V!” hasta el sostenimiento de la Causa por importantes militares de carrera, ejemplo paradigmático el General Zumalacárregui, el carlismo se extiende tanto entre gentes instruidas como a trabajadores manuales y pequeños artesanos, en el proceso álgido de la industrialización, el carlismo era multitudinario entre núcleos obreros como entre la propia patronal, todos hacían armas en defensa de una concepción trascendental y sacral de la comunidad política, en una realidad vivida que constituía una auténtica civilización frente a las pretensiones revolucionarias, que no dejaban de sentirse también en la España rural. Y si esas pretensiones eran minoritarias en el campo igualmente lo eran en la ciudad. En última instancia el enfrentamiento a un ejército regular de forzados con el concurso de otros cuatro ejércitos extranjeros y quizás el exceso de piedad de Don Carlos al no querer entrar a sangre y fuego en Madrid es lo que explica el triunfo de las armas liberales, más que los determinismos de orden rural o territorial.

Pese a ello no deja de ser sugestivo una aproximación al carlismo desde el enfoque campesino, siempre que se haga de forma ponderada y sin perder la magnitud del todo. En este sentido el propio autor reconoce que el carlismo no era ni mucho menos un mundo iletrado e incluso, para desmentir la visión excesivamente rural del mismo alude al Marqués de Cerralbo, uno de los aristócratas más finos de Madrid, De este escollo pasamos a una aproximación al carlismo en su vertiente romántica, con el ejemplo de Ciro Bayo, a cuyo espíritu aventurero achaca su alistamiento con los carlistas porque eran valientes, insobornables, nobles y viriles. Dicha arquetipificación la combina con el elemento de melancolía colectiva y con una cierta moral de derrota que hace que el carlismo pase a la posteridad con un halo de purismo ante la degeneración del mundo moderno, y particularmente de la ciudad. Ese diagnóstico incluso ha generado un cierto conformismo autorreferencial en ocasiones en el interior del propio carlismo, pero representa una nueva confusión reduccionista de un fenómeno de perfiles mucho más extensos.

En definitiva el aludido contexto de la obra no puede evitar demasiadas simplificaciones, con lo que el carlismo casi quedaría reducido a un mero recurso retórico, pese a la, en general, aceptable documentación que el autor maneja en torno a fechas, personajes y espacios. Quizás eso sea lo más destacable, que no se cometan errores de bulto en una obra generalista cuando se habla de carlismo, por más que las conclusiones y aproximaciones del autor resulten parciales.



[1] Se refiere a Calomarde.
[2] Sergio del Molino, La España vacía, Pág. 201, 10ª Edición.

jueves, 23 de noviembre de 2017

"Una resistencia olvidada" en Bilbao, 27 de noviembre

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PRESENTACIÓN DE "UNA RESISTENCIA OLVIDADA"

DÍA:          LUNES, 27 DE NOVIEMBRE
HORA:     19:30 HORAS (siete y media de la tarde)
LUGAR:   LIBRERÍA CÁMARA C/ Eskalduna nº 6 BILBAO

Víctimas y verdugos: ¿equidistancia ante los etarras?

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En el digital La Tribuna del País Vasco, Fernando José Vaquero Oroquieta entrevista a Víctor Javier Ibáñez, autor de "Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo" (Auzolan 2017)

El libro puede solicitarse desde cualquier lugar a: info@edicionesauzolan.net o en el facebook de Ediciones Auzolan Pulsar Aquí

sábado, 11 de noviembre de 2017

Valencia: Presentación de "Una resistencia olvidada" el 2 de diciembre

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El Círculo Carlista Abanderado de la Tradición, Ntra Sra De Los Desamparados y Valentia Forum tienen el gusto de invitar el próximo sábado 2 de diciembre a las 18h en el Casino de la Agricultura de Valencia (C/ Comedias, nº 12) a la presentación del libro de Víctor Javier Ibáñez:  “Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo” de Ediciones Auzolan.

Su autor Víctor Javier Ibáñez, junto a otros, serán los encargados de presentar esta magnífica obra que relata la vida amarga de muchos vascuences perseguidos y/o asesinados por la banda terrorista nacionalista ETA.

Defender la autenticidad española ha provocado el terror en muchas familias que, desamparadas por el estado, los gobernantes y los horrorosos acontecimientos, han tenido que salir a flote como buenamente han podido.

Para todos ellos, el autor les brinda este pequeño homenaje con la intención de que toda esa valentía, jamás caiga en el olvido. 

El libro puede solicitarse desde cualquier lugar a: info@edicionesauzolan.net o en el facebook de Ediciones Auzolan, PULSAR AQUÍ
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Ediciones Auzolan en Granada, Córdoba y Sevilla

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Ediciones AUZOLAN, invitada por el Club de Tertulia Secondo Venerdi -foro de opinión de referencia en la capital del Reino de Granada-, presentó en la Casa de Melilla de Granada la obra "Una resistencia olvidada" el miércoles 8 de noviembre
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En la imagen podemos ver al autor de la misma, acompañado por Rodrigo Bueno, izq., y Alejandro Aguilar a su derecha, presidente del Club de Tertulia Secondo Venerdi .
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 Tertulia-Presentación
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Carlistas del Círculo Tradicionalista General Calderón de Granada, con el autor Víctor Javier Ibáñez y su esposa Teresa.
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 PRESENTACIÓN EN CÓRDOBA
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El Real Círculo de la Amistad de la ciudad de Córdoba, acogió el pasado 9 de noviembre la presentación del libro Una resistencia olvidada (Ediciones Auzolan), en el que el autor, Víctor Javier Ibáñez, ahonda en la víctimas del terrorismo de filiación tradicionalista, que han quedado relegados en el recuerdo de todos los asesinados por la banda terrorista ETA.
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 La sala preparada para el acto se llenó por completo 
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Gran mayoría de jóvenes entre los asistentes
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El autor Víctor Javier Ibáñez Mancebo firma ejemplares entre los asistentes
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 PRESENTACIÓN EN SEVILLA
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En la Sala Cultural La Revuelta, en la capital hispalense, organizada por la Asociación Fernando Tercero y el Círculo Carlista Virgen de los Reyes.
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martes, 31 de octubre de 2017

"Una resistencia olvidada": Presentación en Córdoba y Sevilla

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Presentación en Córdoba: Jueves 9 de noviembre a las 20:30 horas en el  Real Círculo de la Amistad (C/ Alfonso XIII nº14)

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Presentación en Sevilla: Viernes 10 de noviembre a las 20 Horas en la Sala Cultural la Revuelta (C/ Siete Revueltas nº33)

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Última presentación en Alicante

Presentación de "Una resistencia olvidada" en la Villa Universitaria de la Universitat d'Alacant (San Vicente del Raspeig). El autor fue presentado por el abogado Gonzalo Mendiguren, alicantino de orígenes vascos. Ante un foro de estudiantes y profesores universitarios la intervención fue completada por las experiencias de un vecino de Alicante, servidor del orden público en San Sebastián desde 1976 a 1993, y de una insigne familia de carlistas vizcaínos trasterrados en Alicante.

El servidor del orden público, buen amigo de los carlistas de Biar, manifestó como pese a haber asistido a más de doscientos entierros de compañeros, militares y civiles (incluso vivió la demoniaca campaña etarra de "ataudes blancos" contra los hijos de los agentes del orden), habiendo presenciado muchos de esos crímenes y haber sufrido varios intentos de asesinato los nacionalistas jamás pudieron hacerle que odiara. Pidió el destino voluntario siendo uno de los primeros de su promoción, sus hijos nacieron en Guipúzcoa, aprendió vascuence y siempre que tiene ocasión no deja de volver a visitar el que fue su hogar. Conoció buena parte de los casos citados en el libro y certificó por su experiencia como una significativa parte del pueblo vasco, la más aferrada a sus tradiciones y al modo de ser multisecular, se encontraba totalmente al margen de la ideología nacionalista, sea en su vertiente burguesa o de extrema izquierda.

La familia carlista señaló, al hilo de una pregunta de uno de los asistentes sobre la novela "Patria" de Fernando Aramburu, como lo expresado en la misma es sólo una pequeña aproximación al infierno social que el nacionalismo, con la complicidad de las fuerzas de izquierda y liberales, implantó a partir de los años setenta del pasado siglo, siendo los carlistas las primeras víctimas de esa estrategia. En clave actual tuvieron palabras de firme reproche a los gobiernos de Rajoy por su política sobre el terrorismo, calcada de Zapatero, y su oposición, pese a los informes a favor del Centro de Estudios Constitucionales y del Consejo de Estado a que los trasterrados vascos puedan votar en la tierra que se vieron forzados a abandonar. Paradójicamente los nietos de emigrados vascos en Hispanoamérica que llevan dos generaciones naciendo fuera del solar de sus abuelos sí pueden hacerlo, fundamentalmente debido al control absolutamente clientelista que el PNV hace de las asociaciones de descendientes vascos fuera de España.

Los asistentes dieron una calurosa ovación a ambos intervinientes.

Una jornada cargada de emociones que acabó con tono festivo invitados por los carlistas sanvicenteros a la barraca de la Comparsa Navarros de las fiestas de Moros y Cristianos de la villa.

Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo


jueves, 13 de julio de 2017

Presentación de "Una resistencia olvidada" en Barcelona y Albacete


Entrevista a Víctor Javier Ibáñez, para el portal digital Las Voces del Pueblo, a raíz de la presentación de su libro en Barcelona e intervención en el acto.
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Presentación de "Una resistencia olvidada" en el IV Congreso de Catalanidad hispánica de la Asociación Somatemps, en el Hotel Catalonia de Barcelona
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 Víctor Javier Ibáñez disertó sobre "La destrucción de la identidad vasca: El caso de la Transición"
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 En el centro de Barcelona, en pleno Barrio Gótico, se puede adquirir "Una resistencia olvidada" en la Librería Balmes, Calle Duran i Bas, 11
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El libro puede conseguirse, también, en la página habilitada por Ediciones Auzolan en Facebook PULSAR AQUÍ o en el correo info@edicionesauzolan.net
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Coloquio organizado por la A.C. ASPA y el C.C. Marqués de Villores en el Ateneo Albacetense con el título "Terrorismo etarra ¿fin o transformación?", que sirvió para presentar el libro "Una resistencia olvidada" en la ciudad de Albacete
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 El Ateneo se llenó de un numeroso público para asistir a la presentación
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Intervinieron el profesor de filosofía del IES de Quintanar del Rey David Avendaño, Carmen Ímaz, periodista y filóloga, profesora de la UNED y de la Universidad de Alcalá de Henares y el autor Víctor Javier Ibánez.
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Entrevista en Radio Albacete, con motivo de la presentación del libro